De los gustos ya se ha escrito todo lo que se tenía que escribir, yo no invento la pólvora cuando digo que todo se reduce a los gustos, y que son éstos los que nos definen, por dispares que sean, pues es de gustos y preferencias de lo que estamos hechos. En este apartado tan subjetivo y personal, hay trillones de combinaciones y una certeza absoluta: o amas los musicales, o los detestas. En esto no hay término medio, porque la indiferencia nunca es cantada.
"Stage Fright" es un musical, y un musical como los que se pueden ver en los teatros y no en el cine. Hace no mucho, hablábamos de
"All About Evil" como la exageración del teatro llevada al cine, hoy hablamos de "Stage Fright", como la musicalización de una obra de teatro que apuesta tanto por el terror, como por el sentido del humor más naive. Eso sí, algo hay que tener en cuenta desde el principio, si no eres de los que amas los musicales, no te acerques a una propuesta así.
Afortunadamente yo adoro los musicales. Me apasiona vivir las historias a través de los cánticos de los protagonistas, cuando comienzan la frase hablando y la terminan cantando, me pierdo en una ensoñación, porque la vida es música, el arte es música y la música debe traer la satisfacción.
Como imaginaréis, ansiaba ver "Stage Fright", ya que las productoras no suelen apostar por los musicales de género, así que esta película era una rara avis, que encima venía presentada con un plumaje de los más atractivo, ya que el cartel promocional me parecía grandioso. Pocas ocasiones hay para dejarnos llevar por la melodía y la sangre, pienso en
"The Rocky horror picture show",
"Repo! the genetic opera", "The Phantom of the Opera", "The Phantom of the paradise",
"La pequeña tienda de los horrores" y ya no soy capaz de pensar en nada más. ¿Dónde se posicionaría "Stage Fright"? ¿De parte de la cara más festiva de estos musicales, o en la parte más seria?.
La respuesta es que si no es necesario elegir, ¿por qué hacerlo? "Stage Fright" es la mezcla de los musicales más gamberros, destinados únicamente a divertir sin necesidad de involucrar al espectador en nada, ya que todo lo que ocurre se explicita en cada una de las letras de los temas musicales que se suceden unos detrás de otros, la necesidad de mostrar sangre y la parte más oscura del espectáculo.

El primer acto, o primera parte, ocurre depués de que el director de este musical, Jerome Sable, nos haya enseñado la patita hemoglobínica, al ejecutar con saña a la olvidada actriz Minnie Driver ("Sleepers"), en los primeros minutos de la película. A partir de esta fantástica muerte y tras mostrarnos que uno de los protagonistas es Meat Loaf, la parte festiva comienza y lo hace desde la perspectiva más juvenil, y como mandan los cánones del cine de terror: en un campamento de verano, eso sí, estamos en uno un tanto especial, ya que es para formar a los niños en el arte del musical. Desde aquí, y durante media película, hay que tener mucho aguante musical para tragar con las historias que se nos cantan, la ñoñería, los gags facilones y un interés mínimo por lo que se nos cuenta. Insisto, mucho te tienen que gustar los musicales, para no abandonar a la media hora de visionado.

En este aspecto, para mi, la primera parte de "Stage Fright" es lo más parecido que hay al musical de "Evil Dead" que ví cuando lo representaban en un teatro de mi cuidad. Mezcla de divertimento y decepción, pues estar viendo algo de terror en clave de humor facilón y musicado a veces se atraganta. Aún así, y siendo el mayor handicap de la película que nos adentra en un género complicado de digerir, cuando lo que se ha venido a ver es una trama más retorcida, "Stage Fright", tiene algo que te mantiene inmóvil en el sitio, supongo que es porque está cuidado y sabe a dónde quiere ir a parar, supongo que también por las ganas de ver algo interesante.

La trama es simple, Camilla Swanson, hija de la asesinada Kylie Swanson, quiere representar la misma obra que terminó con la vida de su madre, El fantasma de la Opera, y no duda en hacer lo que sea necesario para conseguirlo. El escenario es un campamento de verano, y los guiños a nuestras película de terror constantes:
"La Matanza de Tezas", "Hellraiser" y su Pinhead,
""Carrie",
"Pesadilla en Elm Street",
"Viernes 13"... algo que demuestra que la dirección que tiene que tomar "Stage Fright" para poder sobreponerse a la primera parte, es una carretera secundaria, perdida y tenebrosa.

Y la senda de la oscuridad es tomada en la segunda y definitiva parte de la película, cuando realmente empieza la película, cuando el asesino, debidamente enmascarado, hace acto de presencia de la forma más llamativa posible. Giro drástico y la cosa se pone seria, las canciones más familiares, dejan paso al heavy más agudo, los colores hacen lo propio con el negro y el rojo, y las belleza de las imágenes es teñida con sangre, que aunque no sea abundante, es lo suficientemente provocadora para hacerte replantear lo que estás viendo.

La trama deja de importar, si lo hizo en algún momento, para entregar todo el peso al villano, a sus actuaciones musicales y a la manera de resolver la situación del guionista (Jerome Sable, de nuevo). Da igual si imaginamos desde el inicio quién es el asesino, da igual si no te ha tenido en tensión, lo importante es la guitarra eléctrica, y cómo todos nos ponemos de parte de la maldad para que suenen los acordes metálicos y dejen de sonar las armónicas canciones entonadas perfectamente. Aquí no hay lugar para el miedo escénico y hay que dejarse la sangre en el escenario, algo literal y fundamental para una propuesta que empezó dando la nota y que termina de una forma de lo más entretenida.
"Stage Fright" es una propuesta modesta, que intenta devolver la voz de los antiguos y gloriosos musicales que se alejaban de la comercialidad, y que muchas veces se convertían en marcianadas. Lo cierto es que, en mayor o menor medida, y pese a su irregularidad, consigue que se nos meta la música en el cuerpo, y que aquellos que amamos estos musicales, terminemos por pasar un buen rato.