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domingo, 1 de abril de 2018

Historia del dinero: de la "pre" a la "postmoneda".


Historia del dinero(1): de la “pre” a la “postmoneda”.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático (Junio 2019) 75(1285): 49-51; (Julio-Agosto 2019) 75(1286): 47-49 y (Septiembre 2019) 75(1287): 46-47.


Miguel Ibáñez Artica.

I.- La Premoneda.

Con respecto a la utilización del dinero, la humanidad ha pasado por tres etapas, primero con el empleo de diferentes elementos ornamentales, herramientas, armas, ganado o alimentos (trigo, cacao, sal...) como símbolos de valor (premoneda), en una segunda fase con la utilización de la moneda metálica convencional, y finalmente una etapa que se inicia a comienzos del XXI, en la que surge y se desarrolla la “criptomoneda” o moneda virtual (Figura 1).

La primera de estas fases abarca desde el Paleolítico inferior hasta hace aproximadamente tres mil años. Ya en el Paleolítico medio el hombre utilizó algunos objetos como elementos ornamentales (por ejemplo algunas conchas de moluscos), presumiblemente estos objetos constituían un símbolo de prestigio y poder personal, y eran depositados en las tumbas con sus propietarios al fallecer éstos(2). Los adornos personales de conchas marinas de las especies Nassarius gibbosulus y N. circumcinctus fueron utilizados en el norte y sur de África, así como en el cercano Oriente 35.000 años antes de que se desarrollaran en Europa los adornos personales(3).


Figura 1.- Premoneda (caurís chinos de hace cuatro milenios) y postmoneda del siglo XXI (“bitcoins”).

En Europa los objetos ornamentales más antiguos son dos dientes perforados hallados en la cueva de Bacho Kiro en Bulgaria con 43.000 años de antigüedad (Kozlowski, 2000), pero también se han encontrado conchas de moluscos perforadas para uso ornamental en Turquía y Líbano de la misma época (Kuhn et al., 2001). En este caso se trata de los gasterópodos Nassarius gibbosulus y Columbella rustica que dan un registro de 43.000 a 41.000 años de antigüedad. Precisamente esta última especie, muy frecuente en la zona litoral del Mediterráneo, aparece en yacimientos del Mesolítico y Neolítico inicial, en algunos casos en lugares muy alejados de la costa, lo que ha llevado a utilizar a este molusco como indicador de una posible red social que unía a las poblaciones del Valle del Ebro con el sur de los Pirineos en la Península Ibérica durante el Mesolítico (Figura 2). Posteriormente, las conchas de este animal fueron introducidas durante la Edad del Bronce (2.500-1.800 a.C.) en Europa central a través del valle del Ródano y han sido consideradas como “premonedas” (Briard, J., 2001: Les objets paléomonetaires de l’Europe Atlantique protohistorique, Revue Numismatique, 157, pp. 37-50).

Por el momento la interpretación premonetal de estos objetos, utilizados como amuletos o adornos desde finales del Paleolítico en Europa, no pasa de ser una hipótesis. Sin embargo los estudios sobre el uso de elementos similares en ciertas culturas “primitivas” parecen corroborar dicha función, aunque evidentemente no podemos cuantificar su importancia y trascendencia social. Desde el punto de vista antropológico, la moneda es un elemento simbólico muy similar al lenguaje, la escritura o el sistema metrológico de pesos y medidas, y salvo el lenguaje, los otros dos elementos comenzaron a desarrollarse a comienzos del Neolítico en la antigua Mesopotamia. Podemos considerar que en una primera y prolongada fase de la humanidad, algunos objetos se convirtieron en amuletos o talismanes, y pasaron a considerarse como “símbolos de valor” surgiendo así las primeras “premonedas”, en un contexto mágico-religioso. Hay que tener en cuenta que tanto para la “premoneda” como para la moneda y la “postmoneda”, el valor realmente no existe en los objetos, sino en las mentes de las personas que los valoran (Menger C., 1871. Grundsätze der Volkswirtschaftslehre Viena, 286 pp.).


Figura 2.- Selección de adornos/amuletos prehistóricos de dientes y conchas en Navarra; a: colgante con caninos atróficos de ciervo, cueva de Zatoya, Paleolítico (300.000-8.500 a.C.); b: conchas de Columbella rustica del Mediterráneo, cueva Aizpea, Arive, Epipaleolítico (8.500-4.500 a.C.); c: collar de Columbella rustica, San Babil, Lumbier, Neolitico (4.500-2.500 a.C.); d: collar de conchas de Dentalium, Charracadia, Cirauqui, Calcolítico (2.500-1.800 a.C.). Ejemplares expuestos en el Museo de Navarra.

Los primeros elementos documentados utilizados como “moneda” en la Historia de la Humanidad son las conchas de cauri (Figura 1), un pequeño caracolillo marino del grupo de las “porcelanas”, utilizadas en China desde finales de la dinastía Xia, hacia el 2.200 a.C.(4). Desde esta lejana época hasta la actualidad, diferentes conchas de moluscos, han sido empleadas como moneda en prácticamente todos los rincones del Planeta (Figura 3).


Figura 3.- Distribución geográfica de la “premoneda”.

Este tipo de “monedas” puede encuadrarse en una familia más amplia, las “monedas sociales” utilizadas en regalos rituales. Son objetos cargados de valor simbólico, que suavizan las relaciones sociales entre diferentes poblaciones, convirtiendo la “hostilidad” en “hospitalidad” y la “competencia” en “cooperación”, cumpliendo un importante papel ecológico, dentro de las relaciones intra-específicas de la especie humana. Por ejemplo, una de las singularidades melanésicas de las reglas de equivalencia, es la inclusión de la violencia, la muerte y la guerra en el sistema global de intercambios ceremoniales, al mismo nivel que otras transacciones sociales como los matrimonios (dinero de la novia), ceremonias de iniciación o funerales, de forma que las “monedas de sangre” quedan completamente integradas en la “moneda social”.

La mayoría de las premonedas (tanto las melanesias elaboradas fundamentalmente con conchas de moluscos marinos, como las africanas mayoritariamente de hierro o bronce) pertenecen al grupo definido por Polanyi como “dinero de uso especial”, es decir son o han sido utilizadas en actividades concretas (matrimonios, pago de multas por homicidios o derramamiento de sangre, funerales...), aunque en algunos casos su empleo se extiende también a la esfera económica, como es el caso del “tambú” utilizado por el pueblo Tolai de Papúa-Nueva Guinea (Figura 4).


Figura 4.- Algunos elementos utilizados como moneda.
a: “Robo” de trigo (Navarra); b: “amole” de sal (Etiopía); c: manilla (Nigeria); d: “penique Kissi (Sierra Leona); e: “cruces de Katanga” (Congo); f: “losol” de hierro (África central); g: “barava” y “porobatuna” de concha tridacna (Islas Salomón); h: “talipún”, máscara sobre concha (Papúa-Nueva Guinea); i: “mamulí” (Indonesia); j: “mwali” (Papúa-Nueva Guinea); j: “wampum” (América del Norte).

Esta primera época, donde se utilizó exclusivamente la premoneda, no sabemos cuando empezó pero terminó con la invención de la “moneda” convencional, en una fecha que podemos estimar hacia finales del s. VII antes de nuestra Era en Asia Menor y antes (s. XII a.C.) en China, cuando se fabricaron imitaciones de conchas de cauri en bronce a finales de la dinastía Shang (1766-1122 a.C.). El reconocimiento de estos objetos metálicos como unidad de valor y medio de cambio –que los convirtió en verdaderas “monedas”-, vino facilitado por un largo proceso evolutivo de miles de años, que se inició cuando una serie de objetos (conchas, dientes, trozos de metal...) fueron considerados como elementos valiosos/mágicos/talismanes, dando lugar al nacimiento de las primeras “premonedas” rituales. No es casual que los nombres que los griegos dieron a las primitivas monedas, “óbolo” y “dracma”, sean los mismos que tenían las varillas de hierro utilizadas como asadores en los sacrificios rituales (óbolos) y un puñado de seis óbolos que se podían sujetar con una mano (dracma).

Según algunas fuentes griegas antiguas (Éforo de Cime, s. IV a.C.), fue Fidón, tirano de Argos, quien introdujo la moneda en la Grecia continental en el s. VII antes de nuestra Era, suprimiendo los anteriores objetos premonetarios utilizados hasta ese momento, que eran asadores o varillas de hierro denominadas óbolos. A finales del siglo diecinueve, en las excavaciones realizadas en el templo Hereo de Argos por el arqueólogo norteamericano Charles Waldstein (publicadas en 1902), se descubrió un conjunto de 180 asadores de hierro de 120 cm de longitud que fueron interpretados como los óbolos rituales originales, que dieron su nombre a las pequeñas monedas griegas de plata (Figura 5). Queda por dilucidar si los objetos valiosos lo eran por ser sagrados, o los sagrados lo eran por ser  valiosos (Parise N., 2003: El origen de la moneda. Signos premonetarios y formas arcaicas del intercambio. Ed. Bellaterra, Barcelona).
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Figura 5.- Conjunto de 180 asadores (óbolos), tal como fueron encontrados en la excavación del templo Hereo en Argos (Ch. Waldstein, 1902. The Argive Heraeum, vol. 1).


            El principal problema que plantea el estudio de la “premoneda” es la ingente cantidad de objetos que a lo largo de la historia de la Humanidad se han utilizado como monedas(5). En muchos casos su uso está limitado a períodos concretos de crisis, cuando ante la ausencia (o exceso por hiperinflación) de moneda, es sustituida por trigo o arroz, cigarrillos, licor, etc (6).  Aunque podríamos considerar estos elementos como monedas alternativas o premonedas en sentido amplio, no son lo mismo que aquellos objetos con forma y diseño específico, que habitalmente reciben un nombre que los identifica (talipún, liganda, tambú, mwali, soulava, tafuliae, mis, vula, etc...) y que son utilizados exclusivamente como “monedas sociales” o “económicas” (Figuras 3 y 5).


II.- La Moneda.

La aparición de la moneda metálica convencional en Asia Menor (s. VII a.C.) produjo un importante cambio social. Si bien al principio fue emitida por banqueros jonios en pequeñas piezas globulares de electro (aleación de oro y plata en proporciones variables), pronto la moneda metálica de oro y plata se extendió, adoptándose a comienzos del s. VII a.C. en Focea (primeras monedas europeas), y extendiéndose en el siglo siguiente como una mancha de aceite por los territorios griegos. Un siglo más tarde, hacia el 515 a.C.,  se introducía en Persia y era adoptada también por los fenicios. Una gran parte de las monedas de oro y plata emitidas durante el período clásico sirvieron para el pago de tropas y ejércitos de mercenarios, mientras que las más modestas acuñaciones de bronce, servían para satisfacer a escala local las necesidades de una población cada vez más urbanizada.

El fulminante éxito de la moneda metálica, que rápidamente fagocitó a otras formas premonetales(7), fue debido a que desde el principio sirvió al poder político establecido. Los reyes y tiranos de la época (ya fueran griegos o persas) consiguieron aumentar su poder al “capitalizarse” y disponer de un eficaz medio de pago (la moneda de oro y plata) bien aceptado por súbditos y tropas mercenarias. De hecho, y a diferencia de lo que en paralelo ocurrió durante el período clásico en China (Figura 6), la moneda occidental sirvió no solo al desarrollo económico, se convirtió también en un importante medio de propaganda política por parte de las autoridades emisoras(8).


Figura 6.- La heterogeneidad de la moneda occidental contrasta fuertemente con la homogeneidad de la moneda china, fabricada durante más de dos milenios con el mismo aspecto y con motivos muy parecidos.

Ya en tiempos medievales, el polifacético filósofo escolástico Nicolás de Oresme, señalaba en su obra escrita en 1360 “Traictie de la Première Invention des Monnoies”, que aunque el monarca tiene la potestad para acuñar moneda, no es propietario de la misma, ya que este elemento es concebido como el instrumento legal para el intercambio de riquezas naturales entre los hombres. Algo más explícito, el maestro Paulo Girardi, señalaba un poco antes (1340) en un informe dirigido al monarca Felipe III de Navarra, la necesidad de cuatro tipos de moneda: la moneda fuerte necesaria para los rentistas (moneda de oro), una moneda intermedia (en esa época el “grueso” de plata) para burgueses y mercaderes, y una moneda menuda (el dinero), necesaria para los que vivían del trabajo de su cuerpo. Girardi incluye incluso un cuarto tipo monetario, la moneda de necesidad acuñada en tiempos de guerra, con menor cantidad de metal noble, pero con la condición de que al final de la guerra, la moneda debe recuperar su calidad.

            En esencia estos son los tres tipos monetarios que han circulado en Occidente durante las Edades Antigua, Media,  Moderna y Contemporánea, y  aunque en un principio se fabricaron  monedas en metales nobles (oro, plata y electro), la incomodidad de usar monedas de tamaño muy reducido -como el hemitartemorion griego de tan solo cinco milímetros de diámetro y con un peso que no llegaba a la décima parte de un gramo-, que podían extraviarse con facilidad, fue la causa de que primero en Sicilia, y luego en la Magna Grecia, las monedas de valores más pequeños se acuñasen en bronce. Así por ejemplo una litra de plata, con un peso de poco más de medio gramo (Figura 7a), se transformó en una gran moneda de bronce de 30 gramos de peso (Figura 7b), mucho más manejable. Estos cambios fueron bien aceptados por la población, y pronto la moneda de bronce se incorporó a la vida cotidiana, siendo imprescindible en las poblaciones o campamentos militares para el pago cotidiano de productos o servicios de bajo valor.



Figura 7.-
a: Litra de plata, Siracusa, Sicilia, 466-405 a.C.; 11 mm./0,55 g.
b: Litra de bronce, Siracusa, Sicilia, 345-336 a.C.; 30 mm./30 g.

            También la moneda fuerte (de oro) sufrió transformaciones. La más importante ocurrió al crearse a mediados del s. XVI el “real de a ocho” español, una moneda de plata grande y pesada (con más de 27 gramos de peso), equivalente a medio escudo de oro de tan solo 1,69 gramos (Figura 8). Este tipo monetario inspirado en el Thaler alemán, se convirtió en una moneda universal que llegó a circular por todo el Planeta, llegando a ser una moneda de curso legal en los Estados Unidos hasta 1857.


Figura 8.- Moneda de ocho reales de plata de gran tamaño (a) y su equivalente en oro, una pequeña moneda de medio escudo (b).

Mientras en la Edad Media, la moneda de poco valor se acuñó en vellón bajo, con una proporción de plata inferior al 50%, en la Edad Moderna se fabricó en cobre o bronce, a veces con una pequeña proporción de plata. Ya en la Edad Moderna, Suiza fue pionera en la emisión de monedas con aleaciones de plata, cobre y níquel en 1850, y en 1881 utilizó por vez primera níquel en estado puro para monedas de poco valor (Figura 9c). La aleación conocida como cuproníquel ha sido muy utilizada hasta la actualidad, y está presente por ejemplo en las monedas de uno y dos euros, o en los Estados Unidos donde desde 1866 hasta el presente, las monedas de cinco centavos se han acuñado con una mezcla de cobre (75%) y níquel (25%). En un principio, se escogió este metal (níquel) ante la carencia de oro y plata producida por la guerra de secesión, pero tras la guerra civil, su éxito fue total, de forma que el término “nickel” se convirtió en sinónimo de “moneda de cinco centavos”.

            La eliminación de los metales preciosos en las monedas, convirtiéndolas en “monedas fiduciarias”, es decir cuyo valor está refrendado únicamente por el Estado emisor, y no por el valor intrínseco del metal contenido en ellas, es un fenómeno relativamente reciente (aunque con precedentes en la Edad Antigua(9)). Por ejemplo en España la última emisión de pesetas en plata es la de 1933, que fue sustituida en 1937 por latón, mientras en Estados Unidos la desaparición de la plata en las monedas de 10 y 25 céntimos de dólar en 1965 es mucho más reciente. En la fabricación de monedas de escaso valor se han utilizado ocasionalmente otros metales como el aluminio, utilizado por vez primera en 1907 en los protectorados de África oriental y Uganda (Figura 9d), el hierro e incluso el zinc o el plomo, unas veces en estado puro y otras en aleaciones.



Figura 9.- Primeras monedas acuñadas en cuproníquel, a: tetradracma de Agatocles de Bactria (190-180 a.C.); b: tetradracma de Eutidemo II (180-170 a.C.); c: primera moneda acuñada en 1881 con níquel puro; d: primera moneda acuñada en aluminio para África oriental y Uganda en 1907.

Como curiosidad, al emitirse los divisores del euro, se hicieron dos grupos, por un lado las monedas de cincuenta, veinte y diez céntimos, fabricadas en cobre amarillo (una aleación del 89% de cobre con un 5% de aluminio y zinc y un 1% de estaño, denominada “oro nórdico”), y un segundo grupo que integra las monedas de cinco, dos y un céntimo elaboradas en hierro (acero) recubierto de una fina capa de cobre rojizo. Mientras las primeras monedas conservan su color dorado, las de menor valor se van oscureciendo con el tiempo al oxidarse el cobre superficial, de forma que se transmite una característica medieval, que distinguía a las monedas de mayor valor (denominadas “blancas”), de las de valores más bajos (monedas “negras” o “prietas”) (Figura 10).


Figura 10.- Las monedas de céntimos euro “blancas” (de 50, 20 y 10 cts.) y “negras” (de 5, 2 y 1 ct.), y detalle del corte de una moneda de 5 céntimos.


III.- La Postmoneda.

            Hasta comienzos del siglo veinte, generalmente la moneda estaba respaldada por los metales preciosos (principalmente el oro), de forma que un banco o un estado podía emitir tantos billetes (que en realidad eran “vales” intercambiables por su valor en oro por el estado), como reservas almacenadas contara de dicho metal noble. A partir de 1971, los Estados Unidos abandonaron el patrón oro, y por lo tanto el valor del dólar pasó a sostenerse exclusivamente en la confianza otorgada por sus poseedores.

            En cualquier caso, el objeto que simboliza el valor, ya sea de oro, plata, cobre o papel, aunque sea fiduciario (esto es no tenga el valor del material con el que está elaborado, sino que su valor dependa del que le es asignado por la autoridad emisora), en realidad es tangible, es decir pueden reconocerse, verse y tocarse con las manos. Sin embargo esta situación comenzó a cambiar con la aparición de la tarjeta de crédito en 1958. A pesar de que ya se habían hecho varios intentos para introducir este nuevo sistema de pago, el problema parecía sin solución: como los consumidores en general rechazaban este sistema, los comerciantes también se negaban a aceptar las tarjetas utilizadas por poca gente. Para salir de este círculo vicioso, el Banco de América seleccionó la ciudad de Fresno en California, donde la mitad de la población utilizaba los servicios bancarios, y en septiembre de 1958 envió a cada uno de sus 60.000 habitantes una tarjeta de crédito. El éxito de la operación fue inmediato y rápidamente este novedoso medio de pago se propagó, primero en los Estados Unidos y después en todo el mundo(10).

            Actualmente (2018) hay países como Suecia donde solamente el 1% de las transacciones se realizan con billetes y monedas en efectivo, mientras esta cifra asciende a cerca del 7% en los Estados Unidos y en la Unión Europea. Algunas previsiones auguran la desaparición total del dinero en efectivo hacia el 2030, cuando finalmente será sustituido por las tarjetas de crédito y las aplicaciones de los móviles. Este será el inicio de la Era de la “postmoneda”, donde se introduce un nuevo elemento, la intangibilidad. La confianza en los objetos tangibles, fiduciarios o no, se transvasa hacia elementos intangibles (información) almacenados en circuitos o discos duros. Una segunda novedad es la aparición de un tipo monetario competidor del “oficial” o “legal”, el denominado “dinero virtual” (aunque en su mayoría la moneda oficial también lo es en sentido amplio), cuyo representante más conocido es el “bitcoin”.

En el año 2014 la Autoridad Bancaria Europea definía la “moneda virtual” como  una representación digital de valor, que no es emitido por un banco central o una autoridad pública, ni necesariamente conectada a un dinero fiduciario, pero es aceptado por personas naturales o jurídicas como medio de pago y puede ser transferido, almacenado o intercambiado electrónicamente (Figura 11).


Figura 11.- “Bitcoins” y tarjetas.

                La criptomoneda o moneda virtual más conocida es el “bitcoin” (BitcoinSign.svg), creado a comienzos del año 2009 por una persona o grupo de personas bajo el seudónimo de “Satoshi Nakamoto”. A diferencia de la moneda convencional, no está respaldada por ningún gobierno ni autoridad bancaria y es de carácter especulativo. A fecha de hoy sigue discutiéndose sobre su viabilidad a medio y largo plazo, pero lo cierto es que en el momento actual existen casi 17 millones de bitcoins en circulación con un valor total equivalente a 195.000 millones de dólares (una cifra equivalente o superior al PIB de países como Kuwait, Nueva Zelanda, Rumanía o la república Checa), lo que supone aproximadamente el 41% del total de las 1.527 criptomonedas diferentes que actualmente circulan en el Planeta. (https://coinmarketcap.com/)

            Se pueden coleccionar “premonedas”, se pueden coleccionar monedas, e incluso diferentes tarjetas de crédito y débito (dentro del campo de la “exonumia”), ¿pero cómo se podrían coleccionar criptomonedas?  Recientemente (2016) se ha comercializado un curioso tipo de “bitcoin”, bautizado como “Satori coin” (Figura 12c) que consiste en una ficha de plástico, cuyo aspecto recuerda el de una ficha de casino,  que lleva adherida una pegatina holográfica; al desprenderla, revela un código QR que da acceso a 0,001 bitcoins (Figura 12d), de esta forma la moneda virtual e invisible se convierte en seudo-tangible.


Figura 12.- Criptomonedas “seudo-tangibles”; a: Casascius; b: Denarium; c y d: Satori.

            En fechas anteriores ya se habían realizado experimentos parecidos, Mike Caldwell creó en el 2011 los primeros bictoins impresos en una ficha con el nombre de “casascius”, pero su distribución cesó en noviembre del 2013 por orden de la Red de Control de Delitos Financieros de Estados Unidos (Figura 12a). Otro Bitcoin físico es del “denarium” con sede en Finlandia (Figura 12b), en este caso la base es un disco de latón y en un papel protegido por un holograma figura una clave privada de 30 caracteres que da acceso a los bitcoins(11). 

            En sus orígenes la “premoneda” surgió como un elemento de estructuración social, eran objetos íntimamente ligados a la esfera espiritual y religiosa de los pueblos que la utilizaban. Incluso en algunos casos, como las monedas “ndap” de la isla Rossel en Papúa-Nueva Guinea, habían sido fabricadas por los mismos dioses, según recoge la tradición local(12), hasta en la época clásica la moneda llegó a tener un componente sagrado(13) (sacra moneta), que desapareció para convertirse en una poderosa herramienta al servicio primero de reyes y tiranos, y después del capitalismo.
  
            No está claro cuál será el futuro a medio o largo plazo de criptomonedas como el “bitcoin”, pero a pesar de los intentos de las autoridades monetarias por regularlas o hacerlas desaparecer, al haberse convertido en un elemento útil a determinados sectores, se extinguirá cuando también desaparezcan los “paraísos fiscales”, lo cual y habida cuenta de los intereses de algunos poderosos grupos opacos de la sociedad, es un hecho poco probable, al menos a corto o medio plazo. Pueden ocurrir, y el fácil prever que ocurra, que en algún momento explote la actual “burbuja” en este novedoso mercado especulativo de criptomonedas, y que queden fuertemente depreciadas, pero es difícil que desaparezcan totalmente por este motivo.

            Por otra parte, el sistema actual de almacenamiento y transferencia del dinero, basado fundamentalmente en la información contenida en discos duros de ordenadores, resulta especialmente vulnerable, tanto a fenómenos naturales (como posibles tormentas electromagnéticas generadas por explosiones de supernovas, colisiones de agujeros negros o tormentas solares de gran intensidad), como a causas de origen antrópico (virus informáticos).

Notas:

(1)  En la lengua española los conceptos de “moneda” y “dinero” en ocasiones se solapan. Por ejemplo la primera definición que da la RAE para el término dinero señala: “Moneda corriente” mientras que la segunda definición dada para moneda indica: “Dinero, caudal” (los términos “premoneda” y “postmoneda” no están recogidos en el diccionario de la RAE). Consideraremos el término “dinero” como más genérico (elementos utilizados como moneda en sentido amplio, p. ej. “dinero del mar” = conjunto de elementos utilizados como moneda elaborados a partir de animales de origen marino, como conchas, caparazones de tortugas marinas, dientes de delfines o cachalotes...), mientras que reservaremos la denominación de moneda o premoneda para aquellos elementos de uso monetario que presentan unas características específicas e inconfundibles y que reciben un nombre propio en la zona donde son utilizados.

(2)  Los hallazgos más antiguos de conchas utilizadas como adornos o amuletos se han encontrado en los yacimientos de las cuevas de Skhul y Oued Djebbana en Israel y Argelia, localidades que en esa época estaban situadas a 20 y 190 Km. respectivamente de la costa, se trata de conchas perforadas artificialmente del gasterópodo Nassarius gibbosulus con una antigüedad cercana a los 100.000 años. Algo más recientes los hallazgos de la Cueva Blombos (Sudáfrica) se remontan al 75.000 a.C., en pleno Paleolítico (Henschilwood, C. et al., 2004. Middle Stone Age Shell Beads from South Africa. Science 304(5669)), y permanentemente se va ampliando el registro de este tipo de materiales utilizados como adorno en África y en el cercano Oriente durante el Paleolítico medio.
 
(3) En 2018 se han datado unas conchas marinas perforadas de los lamelibranquios Acanthocardia tuberculataGlycymeris insubrica, halladas en la cueva de Los Aviones en Cartagena  y publicadas en 2010 (Zilhao et al.) con una antigüedad superior a los 115.000 años, utilizadas como ornamento por Neanderthales, mucho antes de que nuestra especie Homo sapiens llegara a la Península Ibérica.

(4) El primer objeto reconocido como moneda es el “bei” formado por una ristra de conchas de caurí unidas por un cordón, mencionado desde finales de la dinastía Shang (s. XII a.C.) y durante la dinastía Zhou (c. 1.121-771 a.C.). En las inscripciones que aparecen en huesos oraculares o caparazones de tortuga, así como en grabados de vasijas de bronce de la época Shang (ca. 1.700-1.100 a-C.) y Zhou (ca. 1.121-256 a.C.), se mencionan regularmente ''regalos de conchas'', ''acumulaciones de conchas en tesoros”, ''uso de conchas'' o ''recompensas en ristras de conchas”. La función de estos caurís no se limitó sólo a recompensar acciones meritorias, sino que se extendió como medida del valor y se utilizó para el pago de servicios. (Thierry, F., 2011. Origine e sviluppo del sistema monetario cinese tradizionales. Riv. Ital. di Numismatica e Scienze affini, 112, pp. 57-104).

(5) Aparte de los trabajos clásicos (Quiggin, A.H., 1949: A survey of Primitive Money. Methuen & Co. G.B.: 344 pp. + 32 lám.; Einzing, P. 1949: Primitive money in its ethnological, historical and economic aspects. Ed. Eyre & Spottiwoode. London: 517 pp.), otros más recientes (como: Opitz, Ch. J., 2000, An ethnographic study of the traditional money. First Impr. Print. Ocala Fl.: 411 pp.; Leonard, R.D., 2010, Curious Currency. Whitman Publ. Atlanta, 152 pp., y Opitz, Ch. 2011, Odd & Curious and Traditional Money. Ocala Fl.: 843 pp.), muestran la variedad y diversidad de objetos utilizados como monedas a lo largo de la Historia en todo el Planeta.

(6)  En el s. XIX muchos maestros y maestras de zonas rurales de Navarra recibían su sueldo en “robos de trigo” (Figura 4a), y en fechas mucho más recientes (septiembre de 1998), los 8.000 maestros de la República de Altái en Rusia recibieron como salario mensual 15 botellas de vodka cada uno (Leonard, 2010, p. 42).

(7)  La premoneda siguió existiendo, pero de forma cada vez más residual. Por ejemplo las mercancías (especialmente esclavos) adquiridas en África por los europeos desde el s. XV hasta bien avanzado el XIX, solían ser abonadas en “premoneda”, especialmente conchas de caurís (Monetaria moneta y M. annulus) y manillas de latón, ante el rechazo de los nativos a aceptar monedas de oro y plata. También en algunas zonas de América del Norte se utilizaron conchas de “wampum” y pieles como moneda hasta comienzos del s. XX (Figura 3).

(8) Existe incluso un emperador romano (probablemente un usurpador) llamado Silbinaco y que es conocido tan sólo por una moneda emitida a su nombre, y cuya existencia no ha quedado reflejada en ninguna otra fuente escrita.

(9) El caso más curioso de presencia del níquel en monedas antiguas se da en el reino de Bactria (actual norte de Afganistán, sur de UzbekistánTayikistán), donde los  reyes greco-bactrianos Pantaleón, Agatocles (190-180 a.C.) y Eutidemo II (180-170 a.C.), emitieron las primeras monedas de cupro-níquel, una tecnología de aleación solo conocida por China en esa época (Figuras 9a y b). El níquel utilizado probablemente provenía de las minas persas de arsénico y níquel.                                                                             

(10) En España la tarjeta de crédito se introdujo en 1971, tras producirse el año anterior una asociación entre el Banco de Bilbao y el Banco de América (Bank Americard), y años más tarde, en 1985 apareció por vez primera la tarjeta de débito en nuestro país.

(11) No hay que confundir estas criptomonedas con la infinidad de “medallitas” o tokens  acuñados, a veces con diseños muy artísticos, en los que se especifica el valor en “bitcoins”, pero sin que realmente la pieza contenga ningún valor en esa moneda.
           
(12) San Millán, M.D. & M. Ibáñez, 2012. Las “monedas-concha” de Oceanía. Numisma 62(256): pp. 147-206.

(13) La misma palabra “moneda” deriva de la diosa protectora Juno Moneta, junto a cuyo templo en el Capitolio romano, se acuñaban los denarios, de forma que muy pronto la palabra “moneta” pasó a tener el significado que damos hoy a la moneda




martes, 15 de julio de 2014

Monedas-concha.

Artículo publicado el año 2004 en la revista “Crónica Numismática”: Miguel Ibáñez (2004). Monedas-concha. Crónica Numismática 15 (156): 38-43.

Las primeras monedas.

          Son varias las definiciones que podemos encontrar para el término de “moneda”, y además de la que le asigna una estricta función económica, en culturas calificadas como “primitivas”, encontramos también otros tipos de “monedas” (en algunos casos aún vigentes en el siglo XXI), que presentan una función social más amplia que la simplemente económica (“monedas” para realizar obsequios, con reciprocidad como en el caso del Kula, o sin ella como en el Potlatch; para el pago de dotes matrimoniales –dinero o “riqueza” de la novia-; pago de multas y resarcimientos por ofensas, heridas o incluso muerte –dinero de sangre-, etc...). 

          El mito del “trueque” primitivo, como antecesor directo de la “moneda económica”, surgió en el s. XVIII (1). Esta simplista perspectiva, aceptada en la actualidad por la mayoría de los economistas y numismáticos, es la causa fundamental de cómo entendemos e interpretamos la moneda en la actualidad, dentro nuestro moderno y sofisticado sistema económico. Los antropólogos, sin embargo, poseen una visión mucho más amplia de la complejidad de funciones que presenta la “moneda primitiva”, denominada bajo diferentes formas (“moneda primitiva”, “tradicional”, “premoneda”, “paleomoneda”, etc...). Incluso la convencional moneda de intercambio o “moneda económica” (2), puede presentar diversos matices, de forma que no existe una clara separación entre ambas (entre la “moneda económica” y la “premoneda”) (3)

          Se conocen pequeños aros o anillos elaborados con conchas, cuya antigüedad se remonta al cuarto milenio antes de nuestra Era, y que por haberse encontrado en cantidades importantes en la antigua Mesopotamia (4), algunos autores suponen que podrían ser elementos utilizados como moneda (Figura 1). Tal vez estos anillos de concha sumerios hayan sido los primeros elementos con función monetaria en la Historia de la humanidad, pero las primeras “monedas” documentadas son las conchas de caurí (un pequeño caracolillo del grupo de las “porcelanas”) utilizadas en China desde finales de la dinastía Xia, hacia el 2.200 a.C.(5). Desde esta lejana época hasta la actualidad, diferentes conchas de moluscos, han sido empleadas como moneda en prácticamente todos los rincones del Planeta (6).
             

Figura 1.- Estos pequeños discos de concha sumerios con seis milenios de antigüedad, podrían ser las primeras “monedas” utilizadas por el Hombre, aunque las más antiguas documentadas son los cauries chinos de más de cuatro milenios de antigüedad.

Monedas-concha en América.

          Tanto en América del Sur como en Norteamérica, se han empleado numerosas especies de concha para la fabricación de moneda. En el Sur, los abalorios elaborados a partir de la ostra espinosa roja Spondylus princeps (Broderip, 1833), denominados “chaquira colorada” eran elementos tan valiosos como el oro y se utilizaban como moneda entre los incas (7) del Perú, quienes los recogían buceando en las cálidas aguas de la costa pacífica del Ecuador. En América del Norte encontramos unos abalorios muy similares, elaborados por los indios Chumash de California a partir de pequeños caracoles de la especie Olivella biplicata (Sowerby, 1825), denominados “poncos”, que fueron descritos por vez primera en 1792 por el explorador español José Longinos Martínez, quien señaló su utilización por los indios como unidad de peso y de valor (Figura 2). También en California encontramos abalorios fabricados con la concha “oreja de mar” (Haliotis rufescens, Swainson, 1822), la mayor especie de su género, que llega a medir hasta 30 cm. de longitud. Con piezas recortadas de este molusco, se fabricaba la moneda denominada “uhl-lo”, que tenía diferente valor según el tamaño y belleza de la concha (8). Los indios Yurok utilizaban como moneda, ristras de conchas del escafópodo Dentalium pretiosum (Sowerby, 1860), denominadas “allicotsik”, que literalmente significa “moneda india” en el lenguaje Yurok (9) (Figura 3).


Figura 2.- Fabricación de “wampum” por los indios Pueblo de Arizona.


Figura 3.- Mujer de la tribu Hupa (norte de California) con collares de dentalium.

          La moneda-concha más famosa y conocida en América del Norte, es indiscutiblemente el “wampum”, formado por pequeñas cuentas cilíndricas de color blanco o púrpura oscuro. En el primer caso se utilizaba para su fabricación la “columella” o eje central de las caracolas Buccinum undatum (Linnaeus, 1758), Busycon canaliculatum (L., 1758), B. carica (Gmelin, 1791) y Colus stimpsoni (Mörch, 1867); mientras las cuentas de color púrpura se obtenían de la zona más dura de la almeja Mercenaria mercenaria (Linnaeus, 1758) (10), todos estos moluscos son comunes en las costas atlánticas de Norteamérica. La palabra “wampum” deriva del término nativo “wampumpeage” que significa “ristra de cuentas de conchas blancas”, y estas ristras o collares servían como moneda en el comercio con las tribus indias, remontándose su uso a comienzos del s. XVI (11). El declive de la utilización de estas cuentas de concha como moneda se inició en 1869, cuando el colono de origen europeo James Campbell comenzó la producción industrial del “wampum” utilizando maquinaria, el abaratamiento conseguido, unido a la fabricación de grandes cantidades de wampum, trajo consigo una gran inflación. Por este motivo, tras cuatro siglos de vigencia, el comercio con cuentas de concha finalizó, y la factoría de Campbell tuvo que cerrar definitivamente el año 1905 (12).

Monedas-concha en Asia.

          La utilización en China de las pequeñas conchas de caurí (13) (Cypraea moneta, Linnaeus 1758; Cypraea annulus, L. 1758) como moneda, se remonta a más de tres milenios de antigüedad (Figura 4a). Estos caracolillos de la familia de las porcelanas se utilizaron como moneda al menos desde el 1.500 a.C. hasta el 221 a.C. en que fueron suprimidas (14). Durante este tiempo la necesidad de monedas fue tan grande que no pudo ser cubierta con las conchas recogidas en las zonas costeras, de forma que se fabricaron pequeños objetos con aspecto de caurí con los más diversos materiales: hueso (Fig. 4b), madera (Fig. 4f), cobre y bronce (Fig. 4g), plomo, arcilla, jade (Fig. 4e), e incluso con otras conchas recortadas (Fig. 4d) para darles una apariencia de caurís (15). Las imitaciones en bronce conocidas con el nombre de “cara de fantasma” (Fig. 4i), comenzaron a circular hacia los siglos VII-VI a.C., es decir son contemporáneas de las primeras “monedas” fabricadas en Asia Menor.



Figura 4.- Conchas de caurí chinas del segundo milenio antes de Cristo (a) y sus imitaciones en hueso (b), cuarcita (c), conchas recortadas (d), jade (e), madera (f), bronce (g), bronce sobredorado (h). Estas últimas derivaron en las monedas denominadas “cara de fantasma” o “moneda hormiga” (i).

          Estos pequeños caracolillos presentan varias características que facilitaban su empleo como moneda, son elementos duros y duraderos, se limpian y se pueden contar con facilidad y son difíciles de falsificar. La importancia del caurí como moneda en China es tan significativa, que el pictograma “moneda” en el alfabeto chino es el mismo que el que representa al pequeño caracol (16).

Monedas-concha en África.

          Desde antes de la llegada de los europeos, en el reino del Congo, se utilizaba como moneda un pequeño caracolillo de la especie Olivancillaria nana (Lamarck, 1811), denominado “n’zimbu”. También se han utilizado anillos de concha, muy similares a los empleados en Melanesia, frecuentemente imitados por los traficantes europeos en materiales vítreos o cerámicos (17), sin embargo la moneda-concha más importante en África, ha sido el caurí. Hacia el año 1000, los árabes introdujeron caurís en el comercio transahariano (18), pero fue con la llegada de los europeos, cuando toneladas de pequeñas conchas inundaron el continente africano.

          Los primeros comerciantes portugueses, llegaron a las costas del África occidental en el s. XV y pronto aprendieron que los nativos rechazaban la moneda convencional, incluso las valiosas piezas de oro, en cambio, preferían diferentes tipos de objetos como manillas y cuencos de cobre y latón, tejidos o conchas. De esta forma, primero los portugueses, y más tarde holandeses e ingleses utilizaron masivamente estos elementos para el comercio africano (19). Una de las monedas más empleadas, con la que se adquirió la mayor parte de los esclavos que fueron trasladados al continente americano, fue la concha de la especie Cypraea moneta ( L., 1758) denominada “caurí”.

          Disponemos de bastante información sobre el comercio de esclavos africanos, adquiridos con monedas-concha por los traficantes europeos, gracias al exhaustivo trabajo de los investigadores Jan Hogendorn y Marion Johnson. La primera fase de este comercio consistía en acudir a los centros productores de los caracolillos, en las islas Maldivas, al sur de la India (20), después (durante los siglos XVII al XIX), los caurís se transportaban a los puertos de Londres y Ámsterdam, donde eran subastados en sacos, siendo adquiridos por comerciantes ingleses, holandeses, portugueses, franceses e incluso daneses.

          Barcos cargados con sacos de caurís, se dirigían a la costa africana para adquirir esclavos. De esta forma durante el s. XVII se introdujeron más de 125.000 Kg. de pequeñas monedas-concha al año, y mientras en 1520 un esclavo varón podía adquirirse con poco más de seis mil caurís, un siglo más tarde ya costaba más de diez mil y a finales del s. XVIII la cifra ascendía a más de 170.000. 

          Finalizado el tráfico de esclavos tras la abolición en 1807, el caurí siguió utilizándose para el comercio del aceite de palma, de forma que sólo en 1836 se introdujeron más de doscientos mil kilos de conchas en el continente africano. Sin embargo el final de esta moneda-concha se produjo cuando hacia mediados del s. XIX, se incorporaron al comercio ingentes cantidades de una especie de caracolillo muy similar, Cypraea annulus (L., 1758), abundante en Zanzíbar, en la costa oriental africana. Como en esos mismos momentos ocurría en Norteamérica, con la industrialización del “wampum”, la entrada masiva de “moneda”, produjo una enorme inflación que desestabilizó el mercado y terminó con la propia moneda (en África el “caurí” y en Norteamérica el “wampum”). 

          Mientras en la costa occidental africana la principal moneda era el caurí, en la oriental se utilizaba el “ndoro”, un disco elaborado con la concha del molusco Conus virgo (L. 1758) o con los opérculos de grandes caracolas del género Turbo. Pronto los portugueses adoptaron esta moneda para el comercio del oro, marfil y esclavos en la costa oriental africana, fabricando grandes cantidades de imitaciones en porcelana que introdujeron masivamente en Angola, y Mozambique.

Monedas-concha en Oceanía.

          A diferencia de lo que ocurrió en el continente africano y en Norteamérica, donde durante el siglo XIX y comienzos del XX, se produjo una intensa aculturización de las poblaciones nativas, que fueron eliminadas o recluidas en reservas, imponiéndoseles una “civilización” occidental y una religión cristiana, en muchos lugares lejanos del Pacífico Sur, se han mantenido las costumbres, ritos y creencias de las tribus nativas hasta fechas muy recientes, permitiendo que la moderna antropología haya tenido acceso a una rica información. De esta forma, hemos llegado a conocer diferentes tipos de monedas-concha (Figura 5). Entre otros, los trabajos del antropólogo B. Malinowsky en 1920 y 1922 sobre el “anillo del Kula” de las islas Trobriand de Papua-Nueva Guinea, los de W. E. Armstrong en 1924 sobre las monedas-concha de las Islas Rossel o los de D. L. Olivier sobre los siuai de las islas Salomón en 1955, pusieron de manifiesto el importante papel y complejidad de las “monedas-concha”, no sólo desde la perspectiva económica, sino también desde una visión de las relaciones sociales entre los individuos de la misma tribu o clan, y sus relaciones con otras tribus vecinas. Es precisamente en las islas de la Melanesia, donde encontramos la mayor riqueza y diversidad de monedas-concha, dándose la circunstancia, de que incluso se utilizan actualmente de forma “oficial”, es decir con una tasa de cambio, establecida por la administración estatal, con respecto a otras monedas convencionales como el dólar. Más adelante profundizaremos en las “monedas” utilizadas en las ceremonias del “Kula” y en el “Moka-Kina”, pero por ejemplo, con respecto a las existentes en las islas Russel, denominadas “dap” y “ko”, Armstrong describió 38 tipos diferentes de monedas-concha, todas ellas utilizadas como medida estandar de valor y como medio de pago (21).


Figura 5.- Diferentes monedas-concha utilizadas en Papúa. (Ejemplares del Museo Arqueológico Nacional, Madrid).

          Son numerosas y variadas las monedas-concha utilizadas en las islas del Pacífico Sur, todas ellas tienen su denominación específica; por ejemplo en las Islas Solomón encontramos el “abaquaro”, “abogwaro” (brazalete de concha), “andana”, “bakhia”, “bala”, “bani’au”, “barafe”, “barava”, “bata”, “batauliuli”, “biruan”, “dafi”, “dave alava”, “fura”, “galia”, e “isagalia”, “giragira”, “hinuili”, “karoni”, “kesa”, “kofu”, “kurakanikana”, “kurireu”, “kuriri”, “la’oniasi”, “lima abala”, “mawai”, “mimis”, “mkombo”, los grandes anillos de Tridacna gigas (L., 1758) llamados “poata”, con diferentes denominaciones según su tamaño, el “poponi”, el “savi”, el “sansai” la “talina bariono”, los valiosos “tafuliae” realizados con discos rojos de espóndilos (Figura 6) y los decorativos discos de “tema”.



Figura 6.- Delicados collares elaborados con conchas de distintos colores utilizados como moneda en Malaita (Islas Salomón). (Ejemplares del Museo Arqueológico Nacional, Madrid).

          En varios lugares de Papua-Nueva Guinea los grandes trozos de concha con forma de cazoleta o achicador (bailer en inglés y “gam” en idioma nativo), recortados de grandes caracolas del género Melo, son usados como adorno y también como moneda. También son monedas comunes los caurís, sueltos o cosidos en largas cintas como el “jetac” o “yerak”, el “dangangtan” elaborado con el caurí huevo (Ovula ovum, L. 1758) (22), el “dibidibi” hecho con Conus leopardus (Roeding, 1798), el “tambu” o “diwarra” que comentaremos más adelante, el “doga”, la moneda ritual “talipun” elaborada con un fragmento del gran caracol verde Turbo marmoratus (L., 1758) (Figura 7), el “lalai”, “omak”, “sapi sapi”, hasta la moneda más popular, la “kina”, elaborada con una concha de la ostra perlífera Pinctada maxima (Jameson, 1901) recortada en forma de luna creciente, y que precisamente ha dado nombre a la moneda oficial de Papua-Nueva Guinea. La provincia de Nueva Irlanda es especialmente rica en monedas-concha, entre ellas podemos citar el “arangit”, los discos de tridacna (Figura 8), el “birok”, “kokonon”, “linderan”, el “manum” de gran valor, elaborado con una gran semilla y conchas, el “mis” de las islas Tabar, elaborado con la caracola Chrysostoma paradoxum (von Born, 1778), los “tapsoka” fabricados con la concha Chama pacifica (Broderip, 1835), etc...



Figura 7.- El “Talipun” es una curiosa moneda de Papúa-Nueva Guinea. Está formada por una gran caracola recortada adornada con una máscara. El elemento más valioso es la concha que se transmite durante varias generaciones, pudiéndose reemplazar la máscara cuando se deteriora.



Figura 8.- Una de las monedas más valiosas en la Melanesia, es el colmillo de cerdo muy viejo, que al ir creciendo y tras muchos años, adopta forma circular (figura superior). Algunas monedas elaboradas con conchas de tridacna, imitan la forma de este valioso colmillo (figuras inferiores).

Algunas monedas-concha en la actualidad.

           En la actualidad, todavía se utilizan de forma cotidiana algunas monedas-concha (Figura 9), este el caso del “tambu” o “diwarra” empleado por el pueblo Tolai, habitante de las islas del Duque de York y la península de Gazelle, en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea) (23). Se trata de sartas de pequeños caracolillos Nassarius camelus (v. Martens, 1897) atravesados en una larga varilla, que se mide en brazas (183 cm.), a su vez divisible en pequeños fragmentos con 10-12 conchas. 


Figura 9.- En la actualidad se mantiene vivo el uso de las “monedas concha”, –entremezcladas con billetes de curso legal- en intercambios y ceremonias.

           Este pequeño molusco es colectado en el poblado de Olive (24), donde la principal actividad económica de la villa es precisamente la recolección, secado y preparación de los caracolillos de la especie N. camelus. Una vez en manos de los tolai, se les practica un orificio en la parte superior, con el fin de poder ensartarlos en una varilla de mimbre. Cada braza contiene unos 300 caracolillos y tiene un valor aproximado de unas 3.5 kinas (aproximadamente un dólar americano) (25).

          El 13 de febrero del año 2002, se restablecía en Rabaul un centro de cambio oficial, con una conversión de 1 braza de moneda-concha = 4 kinas (26). Se trata pues, de una moneda-concha “oficial” y reconocida por el Estado como tal (Figura 10). En la actualidad “circulan” como moneda más de seiscientos millones de caracolillos en la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papua-Nueva Guinea) (27). 


Figura 10.- “A Pal na Tabu”, banco oficial de la moneda “tambu” en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa) y detalle de una sarta de caracolillos que forman esta singular y actual moneda de curso legal.

          Otra zona donde actualmente siguen en vigor las monedas-concha, es en la provincia de Malaita en las Islas Salomón, donde se usan collares de cuentas de conchas de colores de distintas formas. Para su fabricación se utilizan cuatro tipos de conchas de moluscos lamelibranquios: Chama pacifica (Broderip, 1835), llamada en idioma nativo ”romu”, de donde se obtienen las cuentas más apreciadas de color rojo; Beguina semiorbiculata (L., 1758), de coloración marrón o púrpura, denominada “ke’e”; Anadara granosa (L., 1758) o “kakandu” con las que se fabrican las cuentas de color blanco, y por último Atrina vexillum (Born, 1778) o “kurila” de color negro. El pueblo Lngalanga, en la costa norocidental de la isla de Malaita, es el encargado actualmente de recoger las conchas y fabricar las cuentas y diferentes tipos de “collares” que servirán como moneda para ellos mismos y para otras tribus de la zona. La moneda “isae galia”, fabricada con conchas blancas, se utiliza exclusivamente para regalos de boda, pero existen otros muchos tipos de collares que reciben la denominación genérica de “Akwala afu”, desde el más valioso “maifuo”, donde las hileras de sartas de diferentes colores se combinan de forma determinada, hasta los más modestos “gwae-uruuru” o “buigao”. Con estos diferentes tipos de monedas-concha, se realiza el comercio con las tribus vecinas. En 1990, 150 cuentas “ke’e” equivalían a un dólar USA (28).



Notas:

(1) Servet, 2001.

(2) Según Davies (2002), pueden señalarse diez funciones principales para la “moneda económica” : 1.- Unidad de cuenta; 2.- Medida común del valor; 3.- Medio de intercambio; 4.- Medio de pago; 5.- Estandar para el pago diferido; 6.- Almacenamiento de valor; 7.- Posesión de liquidez; 8.- Marco del sistema de reparto del mercado (precios); 9.- Factor causal en la economía, y 10.- Elemento de control de la economía.

(3) Schoonheyt, J.A., 2001.

(4) Charpentier, 1994; Peltenburg, 1999.

(5) Jen, 2000.

(6) Con la excepción de Europa, encontramos monedas-concha en todos los continentes, y mientras paradójicamente no se conocen en Australia, en las vecinas islas del Pacífico Sur son muy comunes, aún en nuestros días. Las primeras publicaciones específicas sobre las “monedas-concha” se realizaron a finales del s. XIX y comienzos del XX (Stearns, 1886/87 y Lewis, 1929, entre otros).

(7) VVAA, 1999; Ibáñez, 2002.

(8) Stearns, 1889.

(9) Taxay, 1970; Rabus, 2003(a).

(10) Opitz, 1995.

(11) La referencias más antiguas documentadas, se remontan al diario del explorador francés Jacques Cartier en 1535, quien cita el uso del wampum como moneda entre los indios Hurones de Montreal (Pendergast, 1986). En cualquier caso han aparecido numerosos cilindros de wampum en excavaciones arqueológicas correspondientes al período arcaico tardío, entre el 3000 y el 1000 a.C. (Ceci, 1986) y se ha propuesto su utilización como “moneda” desde tiempos antiguos, con una especialización en los talleres de producción de cuentas de wampum hacia el año 1000 d.C. y un incremento de su producción con fines ceremoniales o para realizar pagos de tributos (Yerkes, 1986).

(12) Taxay, 1970.

(13) La palabra cauri es de origen sánscrito: “kauri”.

(14) En el año 10 d.C., el emperador Wang Mang, reintrodujo durante un breve período de tiempo el uso del caurí como moneda (Opitz, 1993).

(15) Hofrichter, 1993.

(16) Davies, 2002.

(17) Kuhn, G., 2003.

(18) Rivallain, 2001.

(19) También los comerciantes castellanos utilizaron las conchas como moneda a finales del medievo, los primeros viajes documentados desde Cadiz y Sevilla a la costa de Guinea se remontan a 1453, participando en ellos marinos andaluces y vascos. En 1474 se embarcaban en Canarias grandes conchas con las que podía obtenerse veinte o treinta pesos de oro por pieza, dichas conchas se cotizaban en Sevilla a veinte reales de plata, debido a la gran demanda que había para el comercio africano. En abril de 1477 Fernando el Católico ordenó que una flotilla partiera hacia la costa de Mina (Guinea) y uno de los principales elementos utilizados como moneda eran las conchas extraídas en Santiago (Cabo Verde) y Canarias. El 6 de febrero de 1477 Fernando el Católico nombró jefe de la flotilla a Juan Boscan. El florentino Francisco Bonaguisa y el catalán Berenguel Graner recibieron instrucciones precisas sobre los materiales que tenían que cargar en los barcos. En mayo de 1478 el gobernador de Canarias Diego de Herrera, recibió la orden de abastecer de conchas a Bonaguisa y Graner, además de telas, cuencos de bronce, manillas, cuentas de vidrio y otros elementos. En verano de 1478 una flotilla de 35 caravelas partió de la costa andaluza para comerciar en la costa de oro, pero a su regreso fue interceptada por la flota portuguesa al mando de Jorge Correia y Mem Palha, capturando el cargamento de oro obtenido, que fue trasladado a Lisboa a finales del verano. Posteriormente y tras renunciar los Reyes Católicos a comerciar en la costa africana, los prisioneros fueron devueltos a Castilla por el príncipe Juan.

Sin embargo las promesas no fueron cumplidas y los castellanos volvieron a visitar las costas africanas en busca del codiciado metal, y así están documentados los viajes de las carabelas “La Bolondra”, “La Toca”, La Galiota“ y “Sant Telmo” entre 1479 y 1480. A finales de 1480 Diego Cao volvió a Portugal con tres naves castellanas capturadas en la costa de Mina, y en los próximos años se sucedieron las expediciones furtivas castellanas, a pesar de las severas medidas impuestas por Alfonso V, de pena de muerte a cualquier extranjero que realizara comercio en la costa africana controlada por Portugal. Un resumen de la documentación referida al comercio castellano en la costa africana entre 1453 y 1480 puede consultarse en la obra de J.W. Blake (1941).

(20) Al igual que ocurriera con las manillas de cobre y latón, los primeros que introdujeron de forma masiva el comercio con caurís, fueron los portugueses durante los siglos XV y XVI, cuando disfrutaban del monopolio del comercio marítimo africano.

(21) En este caso las conchas no se utilizaban como adorno, tenían únicamente una función monetaria. En otros muchos casos como ocurre con la “Kina” de Papúa, se utilizan como moneda y también como elemento decorativo. La unidad monetaria de Papua-Nueva Guinea se denomina “Kina”, en recuerdo de la primitiva moneda-concha, que aún sigue vigente en algunos remotos lugares de las Tierras Altas de la isla.

(22) Kluskeier, 2003.

(23) Braun, 2003.

(24) El poblado se encuentra al sur de la isla de Nueva Georgia en las Islas Salomón, y los adultos (entre 17 y 65 años), tanto hombres como mujeres, bucean para obtener estas pequeñas conchas, que luego venden a los Tolai de Nueva Bretaña en Papua (Aswani, 2000). Se trata por tanto de un comercio “internacional” entre dos estados vecinos, Papua y las Islas Salomón.

(25) Hasta hace poco tiempo, en Rabaul existía incluso un banco donde se guardaba y almacenaba esta singular moneda. En este “Centro de Cambio de Tambu” existía un teléfono que funcionaba con monedas-concha. El banco y toda la región fue arrasada por una erupción volcánica en 1994, pero a pesar de ello, la moneda-concha sigue utilizándose en la actualidad, y los datos del año 2002 indican que existen en circulación o almacenadas (como ahorros), una cantidad de monedas-concha equivalentes a unos ocho millones de kinas (más de dos millones de dólares USA).

(26) Centro de cambio denominado “A Pal na Tabu” (Casa de la moneda-concha). Autorizado oficialmente por el gobierno de la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papua).

(27) Tampoco esta “moneda-concha” se libra de las falsificaciones: con conchas muy parecidas, de la especie Nasarius fraudulentus (Marrat, 1877), ensartadas de la misma forma que el “diwarra”, se fabrica el “eddi” o falso diwarra (Quiggin, 1949).

(28) Goto (1996).


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