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jueves, 1 de junio de 2023

miércoles, 22 de enero de 2014

Monedas para “comprar” cabezas humanas


1.3.- Monedas para “comprar” cabezas humanas. Eco Filat. y Numism. (Mayo, 2008), 64(1163): 60-61.



 
A pesar de que, como comentamos en artículos anteriores, las cabezas humanas consideradas como trofeos desde los antiguos celtas a los modernos “headhunters” de Oceanía, eran demasiado valiosas y preciadas para ser consideradas como “moneda”, y formaban parte de los objetos más sagrados e intransferibles (Figura 1), sí parece haber existido una “moneda” que equivalía o tenía el valor de una cabeza humana. 
Figura 1: “Cabeza trofeo”

 
            En África, algunos cuchillos como los “mbulu” del Zaire, cuya función original era la de decapitar a los prisioneros en ceremonias rituales, eran utilizados también como moneda en los pagos de dotes matrimoniales (una dote solía rondar los 20 cuchillos)(1), en este caso un mismo objeto presentaba dos funciones bien distintas, pero es entre los “cazadores de cabezas” de Nueva Guinea donde encontramos la moneda que presenta un uso si cabe aún más macabro.
 
            Hasta hace relativamente poco tiempo, los Marind-amin de Irian Jaya (Figura 2), al sur de Nueva Guinea realizaban expediciones a la caza de “nombres”(2) para sus hijos. De hecho el gobierno australiano reclamó ante el holandés (responsable de la zona de acción de los “cazadores de cabezas”) que se controlara esta práctica y este último finalmente instaló un puesto de policía en Merauke en 1902 para evitar las actividades depredadoras de sus habitantes(3). Según exigía el ritual, se desplazaban a cierta distancia de sus aldeas, hasta llegar a territorios habitados por gentes de otras lenguas, entonces capturaban a algún incauto y le preguntaban cuál era su nombre sujetándole por los pelos(4). Las aterrorizadas palabras que salían de
 la boca del prisionero -que por supuesto no entendía lo que se le preguntaba-, se consideraban el nombre del mismo, e inmediatamente de un tajo se le cortaba la cabeza con un afilado cuchillo elaborado exclusivamente de bambú (“sok”), pero a cambio, junto al cuerpo decapitado de la víctima se depositaba un objeto (que podemos considerar como una “moneda”). 
Figura 2: Marind-amin de Nueva Guinea a comienzos del siglo XX, portando bajo el brazo una maza-moneda.
No se podía decapitar a la víctima ni siquiera preguntarle su nombre, sin antes haber golpeado su cabeza con una maza ritual (denominada “pahui” o “baratu”), formada por una piedra discoidal sujeta a un mango, y rematada en su parte superior por una delicada y artística figurita tallada en madera; al dar el golpe, la figura se desprendía, y solo entonces podía iniciarse el sangriento y macabro ritual, la decoración de la maza se abandonaba junto al cuerpo como una especie de compensación, y los cazadores de cabezas regresaban a su aldea portando la cabeza, y lo más importante, el “nombre” asociado a la misma. Los cráneos eran depositados en una choza especial (Figura 3), y no era raro ver a los niños llevando como collar las mandíbulas de aquellos infelices de los que provenía su nombre. Está claro que estos niños llevarían toda su vida como nombre, alguna petición de piedad o tal vez algún improperio o insulto en otras lenguas, últimas palabras de las víctimas antes de ser violentamente decapitadas. Cuando la administración holandesa se hizo cargo de la zona, encontró – a comienzos del siglo XX- quince mil denominaciones con este macabro origen, lo cual supone que en una generación se producía al menos esta cifra de asesinatos rituales entre las tribus vecinas del interior (5).

Figura 3: Acumulación de “cabezas-trofeo” en Sangasé, poblado Marind Amin (1913).

 
            Con respecto a los objetos utilizados como “moneda”, las mazas ceremoniales decoradas, se conservan unos pocos ejemplares en museos etnográficos de Amsterdam, Leiden y Roma (Figura 4) procedentes de expediciones etnográficas realizadas a finales del siglo XIX y comienzos del XX(6). Los orígenes de estas brutales costumbres hay que buscarlos en el prestigio personal que supone derrotar al enemigo, arrebatándole lo más precioso, su propia cabeza. Curiosamente, lo valioso en este caso no es la cabeza en sí, sino el nombre asociado a ella, nombre que no puede apropiarse y que obligatoriamente debe ser regalado o cedido a otra persona, ya sea el hijo propio u otro niño que carezca de él. Este acto de donación supone para quien lo realiza un aumento de su prestigio social en el grupo, el antropólogo francés S. Breton ha realizado un interesante estudio, comparando el papel de las “cabezas-nombre” de los Marind-amin con las monedas-concha utilizadas por los Wodani en intercambios simbólicos; mientras en el primer caso la cabeza constituye una metonimia de la palabra recogida, de la que deriva un nombre, metáfora a su vez de la identidad de la persona que lo recibe, para los Wodani, la moneda-concha constituye en sí misma la metáfora de la persona(7).

 
Figura 4: Mazas ceremoniales utilizadas como ”moneda” por los “cazadores de cabezas”.


            Las hasta hace poco frecuentes guerras y rapiñas entre las poblaciones de Nueva Guinea, que formaban parte del sistema social (algunos antropólogos como Paul Sillitoe las han definido como “guerras ecológicas”), han sido progresivamente sustituidas por “festivales”, donde de forma pacífica se reúnen los habitantes de los diferentes poblados de la región. En estos “singsing”, mediante danzas rituales se dirimen las diferencias existentes entre pueblos vecinos, que antaño hubieran supuesto un baño de sangre. En ciertas regiones como en Highland, la vistosidad y exotismo de estas celebraciones constituyen un excelente motivo de atracción turística. En realidad los “civilizados occidentales” no nos diferenciamos tanto, nosotros utilizamos con la misma finalidad el futbol y otros deportes competitivos, y cuando hacemos la guerra, también suele ser por motivos “ecológicos” (mejor “antiecológicos”) como el control de los valiosos recursos naturales (guerra de Irak, guerras en África promovidas por grandes compañías multinacionales.....).
 
(1) Ver Eco Numismático y Filatélico de junio del 2001: Monedas singulares: Monedas-Armas II. Cuchillos y lanzas africanas. Eco Filat. y Numism. 57(1087): 44.
 
(2)  En muchas culturas, el nombre es algo muy valioso, y en la mayoría de las lenguas no europeas, el término “nombre” resulta sinónimo de fama o reputación. 
 
(3) ZEGWAARD, G. A., 1959. Headhunting Practices of the Asmat of Netherlands New Guinea. Amer. Anthropol. 61(6): 1020-1041.
 
(4) Estos macabros rituales se encuentran documentados en la obra de J. Van BAAL: Dema. Description and analysis of Marind-Anim culture (South New Guinea)”. The Hague: 988 pp.
 
(5) ZEGWAARD, G.A.,1959. Headhunting Practices of the Asmat of Netherlands New Guinea. Amer. Anthropol. 61(6): 1020-1041.
 
(6) GROTTANELLI, V. I., 1951. On the “Mysterious” Baratu Clubs from Central New Guinea. Man 51: 105-107, y KOOIJMAN, S., 1952. The Fuction and Significance of Some Ceremonial Clubs of he Marind Amin, Dutch New Guinea. Man 52: 97-99. No se conoce con exactitud el papel de estas mazas, si bien están relacionadas con los rituales de la “caza de cabezas” y responden bien a las descripciones de los objetos utilizados en este macabro ritual que aportan los antropólogos que describen estas costumbres.
Ibáñez, M, 2008. Monedas para “comprar” el nombre. Gaceta Numismática, 168: 57-64.
 
(7) BRETON, S., 1999: Le spectacle des choses. Considérations mélanésiennes sur la personne. L’Homme 149: 83-112.



               

 
 





 

           


 

           
 

 


domingo, 12 de enero de 2014

Las monedas más antiguas: “moneda de sangre” y “moneda de la novia”.


1.2.- Las monedas más antiguas: “moneda de sangre” y “moneda de la novia”. Eco Filat. y Numism. (Noviembre, 2007), 63(1157): 44-46.

            Con anterioridad a la aparición de las “monedas económicas”, elementos bien conocidos y utilizados en la actualidad, existieron otros tipos de “monedas” cuya función era la de mantener un equilibrio en las delicadas relaciones sociales entre los seres humanos, relaciones que siempre han estado en la frontera de dos opciones opuestas, la cooperación y la competencia. Con el fin de favorecer la cooperación, se institucionalizó la “hospitalidad”, que si bien aparece de forma tardía en el Imperio Romano, ya se venía aplicando entre los pueblos ibéricos como lo demuestran las numerosas “tesseras de hospitalidad” encontradas(1).




Figura 1.- Teseras de Hospitalidad del poblado de La Custodia (Viana, Navarra).
Estas teseras son pequeñas placas de bronce con variadas formas, desde las puramente geométricas que encajan como un puzle (Figura 1a), hasta las más frecuentes con formas de animales (Figura 1b) o de manos entrelazadas. En cada pareja de placas gemelas y complementarias, se escribe en caracteres latinos o ibéricos una contraseña de hospitalidad, es decir una inscripción que contiene el pacto establecido entre dos ciudades, dos tribus, o entre una ciudad o tribu y uno o más individuos. Mientras un ejemplar queda en poder de la comunidad que la ha emitido, el otro queda en manos de la persona que ha recibido la hospitalidad. En este caso la tesera es un salvoconducto para que su portador sea recibido amistosamente en la ciudad, incluso en un futuro lejano.

            La institución de la “hospitalidad” queda bien documentada en época romana en el área celtibérica, si bien se trata de una tradición anterior, que servía tanto a nivel intracomunitario, entre individuos y ciudades de la misma cultura, o intercomunitario, entre ciudades o individuos de diferentes regiones, tratándose en este caso de una primitiva manifestación del derecho internacional. Con esta herramienta, que favorecía la cooperación a través de la institución de la Hospitalidad, se prevenía la acción contraria de competencia que desembocaba inevitablemente en Hostilidad, nótese la común etimología de estos dos términos opuestos.

            Podemos remontarnos hacia atrás en el tiempo, observando las costumbres e instituciones de ciertas culturas primitivas que aún hoy en día (aunque probablemente ya por poco tiempo) sobreviven en apartadas regiones de la Melanesia, y encontraremos elementos que anteceden a la institución de la Hospitalidad anteriormente comentada.

            En estas sociedades es frecuente la existencia de dos tipos de “monedas” que tienen una función muy específica, en primer lugar son las denominadas “monedas de sangre” (o precio de la sangre) cuya función es la de resarcir con ellas a los familiares de una víctima de homicidio. El pago de esta moneda a los parientes de la víctima por parte del agresor, devuelve la paz social que en otro caso derivaría en la aplicación de la “ley de Talión” donde previsiblemente se produciría más derramamiento de sangre(2).

            El segundo tipo es la denominada “moneda de la novia” (o precio de la novia), que la familia del novio debe presentar a los familiares de la novia a cambio de ésta y que residualmente encontramos hoy en día en nuestra cultura, en forma de las “arras matrimoniales” que el novio entrega a la novia en la ceremonia de la boda.

            Mientras en algunas sociedades ambos tipos monetarios son idénticos, es decir se utiliza la misma “moneda” para los dos fines, en otros casos, cada uno de ellos tiene su propia función específica. Por ejemplo los Wodani, habitantes de las tierras altas de la provincia de Irian Jaya (en Papua occidental) utilizan cauris, denominados “kipe” en todo tipo de prestaciones sociales y económicas. Para los Wodani, el origen del Kipe es un misterio, según ellos los caurís han llegado a la región al mismo tiempo que los hombres. El Kipe se describe con una anatomía humana, tiene nariz, ano, muslos, piel, ojos, boca, dientes. En realidad se considera a esta moneda-concha como una “persona” y por tanto es adecuada para realizar los pagos por matrimonio u homicidio (perdida para el clan de una hija casada o de un hijo asesinado). En este caso la “moneda de la novia” actúa metafóricamente como la “moneda de sangre”, las monedas son “personas virtuales” y en ambos casos sirven para compensar la pèrdida de un individuo del grupo, ya sea una hija que se casa y abandona el clan familiar para ir con su marido, o un hijo que es asesinado en una disputa con un clan vecino.



            Por contra, entre los Maenge de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea), existen dos tipos principales de moneda, el “Page” que son anillos de concha de Tridacna y el “Tali” que está elaborado con ristras de fragmentos de moluscos gasterópodos. Dentro del “Page” se diferencian dos categorías, los “agiana” son los más valiosos, cada moneda tiene su propio nombre e historia, y son de propiedad colectiva, es precisamente esta moneda, la más valiosa, la que se utiliza exclusivamente como “moneda de sangre”. Una segunda categoría de anillos “page” son los “vulutu”, que pueden ser de propiedad individual y se utilizan como “moneda de la novia”. Por último el tercer grupo de moneda concha el “tali”, se emplea para recompensar algunas acciones, sobre todo en las ceremonias rituales.


Figura 2.-  Monedas “Ndap” y “Ke” de la isla Rossel (la isla más oriental del archipiélago Louisiade, provincia de Milne Bay de Papúa Nueva Guinea).

            En las Islas Rossel existen también dos tipos diferentes de “monedas concha”, las “ndap” y las “Ke” (Figura 2). Según la tradición, las monedas “ndap” y algunas “ke” o “nkö” fueron fabricadas en lugares sagrados por un dios, y mientras las primeras sólo pueden ser poseídas por los jefes, las segundas pueden pertenecer también a las mujeres. Aquí se ha producido una curiosa transformación, las monedas concha “ndap” se dividen a su vez en 22 tipos distintos, de los cuales, los cuatro valores más altos se utilizaban tradicionalmente como compensación a los allegados de las víctimas de canibalismo (costumbre muy popular en la zona y que poseía para ello su peculiar “moneda de sangre”), al desaparecer esta práctica hace algún tiempo, también ha cambiado el papel de los cuatro tipos más valiosos de moneda concha, que en la actualidad han pasado a la categoría de “objetos instransferibles”           



            No todas las “monedas de sangre” tienen aspecto tan humilde como las utilizadas en la isla de Rossel, en las Islas Salomón encontramos sofisticados objetos elaborados con un anillo de concha profusamente adornado y que se denomina “Bakhia” (Figura 3), empleado como ornamento por los jefes y utilizado como moneda en las grandes ocasiones, como por ejemplo para poner fin a una guerra entre vecinos..



Figura 3.-  Moneda “Bakhia” de las Islas Salomón, utilizada como “moneda de sangre”

 También en ocasiones las “monedas de la novia” son espectaculares, como los grandes discos de concha de Tridacna utilizados en Maprik, en en la zona este del río Sepik (Figura 4), e incluso podemos encontrarnos con auténticas obras de arte. Tal como señalamos en un artículo anterior,
el “talipún” es la moneda “de la novia” más famosa, que incluso figura en el billete de cinco kinas que circula en la actualidad en Nueva Guinea. Esta moneda se utiliza por algunos poblados del noroeste del área de Boiken y en algunas lejanas aldeas del territorio Abelam en Papúa-Nueva Guinea, y consta de dos partes: el elemento más valioso es un trozo del caracol marino Turbo marmoratus, obtenido a través del comercio con las tribus costeras. Convenientemente tallado y recortado actúa como elemento basal, mientras la parte superior es una especie de máscara elaborada con mimbre y arcilla, que puede tener varias formas y generalmente se adorna con plumas de casuar y con diferentes pigmentos naturales (Figura 5). La máscara se sujeta a la concha mediante una cuerda y cada moneda puede ser utilizada durante varias generaciones, sustituyendo o repintando la máscara de tejido vegetal cuando se deteriora.



Figura 4.- Ceremonia de pago del “precio de la novia” en Maprik (Papúa-Nueva Guinea)

 

            Resulta significativo que estos dos tipos de moneda social, las monedas de sangre y de la novia, aparezcan en culturas muy alejadas, incluso en continentes distintos, desde tiempos muy remotos, y mucho antes de que surgiera el concepto de “moneda económica”. En cualquier tipo de sociedad, lo más valioso es la vida del individuo que aporta su trabajo para la supervivencia del grupo, y ya en las sociedades primitivas surgieron unas “monedas” cuyo valor era precisamente el de la propia vida de sus miembros.



Figura 5.-  “Talipun” utilizados como “moneda de la novia” en la zona del río Sepik (Papúa-Nueva Guinea).
 
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(1) El historiador Diodoro Siculo señala que los celtíberos competían entre sí por dar la mejor hospitalidad a los extranjeros.
(2) En la actualidad, en numerosos países musulmanes (Arabia Saudí, Yemen, Somalia...), las leyes coránicas  establecen que bajo determinadas circunstancias, los familiares del condenado a muerte puedan pagar a los parientes de la víctima la “diya” (dinero de sangre), con el fin de obtener su perdón y salvarle la vida.