Ay cuánto tiempo
tierra
sin otoño
¡cómo
pudo vivirse!
(Pablo Neruda).
Parece que el otoño comienza a
asomar en estos días. La luz se vuelve baja y dorada, llenando de marcado
volumen y suaves matices el paisaje.
Llegan las primeras tormentas.
El cielo suprime la tiranía
del azul acomodada en él desde hace (tantos) meses y es ocupado por un catálogo
de nubes y aires de insospechados colores y sombras. Rojos, dorados y púrpura
componen la paleta sobre la que emplumadas uves cruzarán el cielo camino del
sur a la vez que pronto escucharemos el canto norteño de otras aves.
Es el momento fuerte de la migración de las aves.
Grandes nubes en el horizonte.
Los árboles renuevan su
vestuario verde (verde, que siempre te quiero verde) y se pasan a la cálida
moda del otoño, a la que seguirá la más minimalista que usarán en el invierno,
sabiendo que renovarán su armario en el siguiente equinoccio.
Las playas se vacían.
Cómo me gusta el otoño.
Fotos hechas el 23, 24, 25 y 28 de septiembre de 2016.