Estábamos caminando
las calles de Cambridge tres
poetas –mezcla de inglés,
español, y ruso– cuando
Nikolayev, bostezando,
atinó a decirnos: “Hey,
let’s go back a different way.”
Pimienta estaba perdido
y me preguntó al oído:
“¿Dónde nos lleva este güey?”
Palindromista habitual
y repentista prolijo,
este su servidor dijo:
«La ruta no natural»,*
octosílabo cabal
e instantánea traducción
de lo que, en conversación,
dijera el poeta ruso.
Pimienta luego repuso:
«No mames… ¡ese mamón!»*
Es tan rápido Pimienta,
tan ágil, tan intuitivo,
tan espontáneo, tan vivo,
que logra lo que no intenta.
Noté que no se dio cuenta
de su repentino acierto
y le dije: “¿Has descubierto
que la traducción que he hallado
es palíndromo?” Ha quedado
en profundo desconcierto.
«Eso no, no puede ser
palíndromo», replicó.
Para demostrarlo, yo
lo escribí y le dije: «A ver,
poeta», y le di a leer
una versión en pantalla.
«Pues es verdad, joder. ¡Vaya,
qué mezcla, qué paroxismo:
palíndromo y repentismo;
Pedro Poitevin no falla!»
Pero lo más divertido
fue en el camino de vuelta.
Pimienta, de un tajo, suelta:
“Esto no tiene sentido,
¡cuán rápido has conseguido
examinar el menú!
¿Cómo haces? What do you do?”
“¿Tú me preguntas a mí?
No me jodas, hombre, si
la rapidez eres tú”.
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