Querido diario...Ya ni recuerdo cómo empezó todo, bueno sí, pretendía escribir una novela, pero tras un dorama protagonizado por Jun Matsumoto me quedé atascada en el proceso de "documentación" (fase de la que no he salido y está durando varios años) de pronto quería irme a Japón y no sé muy bien cómo ESTOY AQUÍ. Y en este punto es en el que nos encontramos.
Si tuviera que empezar hablando de mí, diría que además de rarita, en ocasiones contradictoria y cabezota (mi peor defecto, pero también en ocasiones mi mayor virtud), si algo me define es que soy MUY INCONFORMISTA, y nunca me ha gustado quedarme sólo con lo que tengo por no tener los cojones suficientes de asomar el morro al otro lado. A pesar de mi casi enfermiza timidez que me acompañó durante toda la niñez y adolescencia, siempre he procurado al menos "intentar" las cosas antes de ver si podía o no hacerlas (excepto hacer el pino, lo reconozco). Muchas veces me he dado de cabezazos contra el muro, pero otras he conseguido salvar el obstáculo de buenos modos. ¿Y cómo una niña que apenas abría la boca en clase y a la que le daba tremenda vergüenza que su madre simplemente le mandara a comprar una barra de pan o una botella de La Casera en la tienda de la esquina ha llegado hasta aquí? Pues no lo tengo muy claro, pero en algún punto hace no tantos años, me di cuenta de que si no le echabas morro al asunto, tampoco te comías nada, así que para estar lamentándose, ya habría tiempo. Por culpa de mi inconformismo me he pasado toda la vida anhelando cosas que no llegaban. Cuando estaba en la escuela pensaba "cuando esté en el instituto..." cuando estaba en a secundaria pensaba "cuando esté en la universidad tendré libertad de hacer lo que quiera...", cuando estaba en la universidad me di cuenta de que mi carrera era UNA GRAN MIERDA, pero todavía no era consciente de que tras acabarla la mierda iba a ser más grande, porque España cayó en la "ya casi de la familia" crisis que todos conocemos, así que me vi licenciada, echando curriculums para cualquier cosa y rechazada hasta de una tienda tipo copistería "por tener demasiados estudios". o_O De trabajar de algo relacionado con "lo mío" ya es que ni hablemos, que me da la risa. Acabé haciendo 2 cursos y unas prácticas en las que trabajé gratis, básicamente, porque enseñar no me enseñaron nada. Pero fue ese verano tras las prácticas cuando surgió la oportunidad de venir a Japón. Tuve unas extrañas sensaciones estando aquí, un "no sé qué, que qué se yo" que a día de hoy tampoco sabría explicar, porque no me había pasado nunca en ninguna de mis vacaciones con amigos en otros países que había visitado. Una cosa era clara QUERÍA VOLVER, Y A PODER SER QUEDARME. Pero al mismo tiempo me daba miedo que esos "sentimientos" fueran algo pasajero, un capricho de friki o yo qué sé. Unos meses después encontré a Hattori y a Begoña, mis primeros profesores de japonés y empecé a estudiar con ellos. Hubo una temporada en la que básicamente era lo único que hacía, porque durante días podía pasármelos en plan hikikomori solo saliendo UNA VEZ A LA SEMANA para ir a clase, ya que a veces no quedaba ni con Beleg los findes ni nada, no tenía dinero, y las clases de japonés me las pagaba "papi", de hecho, porque yo no tenía un duro. :-(
Fue una temporada dura, porque veía que por más que echaba CV no servía para nada y estaba bastante desencantada en esos momentos. Ese verano Mars y Claire se fueron a su 2º viaje a Japón por 2º año consecutivo, yo, evidentemente no podía permitírmelo. Mars se ofreció a pagarme el billete de avión y que yo sin compromiso se lo devolviera como pudiera a lo largo del tiempo, pero aunque ir con ellas era lo que más me apetecía del mundo y aquel ofrecimiento me causó más tristeza que otra cosa en el fondo de mi corazón sabía que NO era lo adecuado. A fin de cuentas lo que yo pretendía era "iniciar un intento de proyecto de vida en Japón", no me valía con un par de semanas de vacaciones y luego de vuelta a casa otra vez y con una deuda por pagar (sin prisa, pero deuda al fin y al cabo). Mi idea era otra cosa, así que sintiéndolo mucho rechacé la más que generosa oferta. A día de hoy no me arrepiento, sé que hice bien. Como dijo Dumbledore "Es hora de elegir entre lo que es fácil y lo que es correcto".
Aquel día fue cuando se me vino el mundo encima por primera vez y sufrí mi primer "aborto" en mi largo y empedrado camino hasta Japón. Mis padres vinieron ese mes a visitarme a Londres, solo estuvieron unos 4 días porque mi padre siempre está liado y como es autónomo no tiene tiempo de nada. Me encontraron totalmente alicaída y sin ganas de nada. Mi padre se empeñaba en decirme que si no encontraba otro trabajo que no pasaba nada, que cuando se me acabara el dinero que volviera a casa y ya está. Pero es que no entendía que para mi "volver" significaba una derrota, en España no iba a encontrar un trabajo, ¿qué iba a hacer? ¿Volver a pasarme los días en casa sin hacer nada más que salir una vez a la semana para ir a clase de japonés? Por no hablar de que tampoco quería dejar a Beleg allí sola y tirada tras 4 meses juntas luchando. Aquello ya empezaba a ser una cuestión de orgullo personal. Me puse a hacer una última intentona a la desesperada, me propuse que si para después de Navidades no encontraba nada, me tenía que volver. Tras una entrevista que no salió y muchos MUCHOS curriculums entregados en mano y otros tanto enviados por Internet durante lo poco que quedaba de noviembre y parte de diciembre di a parar con mis huesos en el edificio de La City en el que acabaría trabajando durante un año y dos meses. En la entrevista me tiré el farol todo lo que pude, no tenía nada que perder, así que les dije que podía hacer el trabajo perfectamente aun cuando estaba cagada de miedo y me faltaba muchísima confianza en mi misma, pero se conoce que soy mejor actriz de lo que pienso, porque SE LO TRAGARON. Me llamaron para hacer la prueba unos días después, de todas las personas que entrevistaron (y por lo visto fueron unos cuantos según me dijeron después) solo tres llegamos a la prueba, y al final me contrataron a mí y al tío griego (que luego acabaría siendo despedido a los 3 meses por la cantidad de problemas que causó...). El mismo día de la prueba me dijeron allí que estaba contratada, que les había gustado y que me veían con mucha disposición de hacer las cosas y no escaquearme, vamos, que me veían trabajadora, leñe. Así que a una semana más o menos de que llegaran las Navidades, ese empleo fue mi regalo, y a día de hoy es uno de los mejores regalos que me han hecho en mi vida. Mejores horarios, trabajar SÓLO de lunes a viernes, cobrar una libra y algo más a la hora y tener las tardes libres, era un jodido sueño dentro de los trabajos de hostelería. Por no hablar de que si me quedaba a servir canapés y bebidas en las fiestas como eran horas extra, me lo pagaban aún mejor (pena que solo pude trabajar en unas pocas pero siempre que me preguntaban yo decía que sí, aunque estuviera muy cansada). Fue gracias a este trabajo que he podido llegar aquí, pero en el medio de esta historia también hubo otro "casi aborto", no todo iba a ser un camino de rosas... La cosa no sé muy bien cómo empezó, pero supone que Zeknas y yo al principio pensábamos haber venido en octubre del 2012 y no en marzo del 2013, el tema es que nuestra primera opción era Tokyo, como es evidente, a los dos era el lugar que más no atraía, pero llegados a un punto de empezar a mirar en serio las cosas, Zeknas me informa de que ha echado cuentas y llegados a esa fecha solo tiene dinero para "ir 3 meses a Tokyo", la otra opción que me daba, era la barata, "ir 6 meses a Gifu" (cerca de Nagoya), que está a tomar x el saco de Tokyo, vamos muy improductivo viajar allí de vez en cuando. Por mucho más barato que saliera la escuela y el alojamiento, como que aquello no me seducía en absoluto. Sintiéndolo mucho le dije que "eso no era lo que se había hablado al principio y que para ir 3 meses a Tokyo, me quedaba en mi casa, porque no iba a aprender nada en ese tiempo". Es que era muy absurdo, en 3 meses no te da tiempo ni a llegar. La opción de Gifu directamente NO me gustaba un cagao... para qué nos vamos a engañar (y eso que es un sitio bastante bonito, por cierto). Total, que me apeé del carro y le dije que así no iba, que no me gustaba el plan. Y la cosa quedó en stand by por unos días, días que pasé francamente mal, porque llegados a este punto no sabía qué coño iba a hacer ahora. Me había ido a Londres a trabajar para ahorrar e irme a Japón, si ahora no iba ¿qué coño iba a hacer? ¿Servir cafés y sandwiches el resto de mi vida allí? La idea no me llenaba tampoco (ni que decir tiene que mi padre estaba encantado con que me quedara en Londres)... No había plan B. Unos días más tarde y ya en frío, valoramos los pros y los contras y se decidió una cosa intermedia, salió a la palestra el ir a Nagano, estaba más cerca de Tokyo que Gifu, eso desde luego...Pero era más asequible que Tokyo, evidentemente. Se decidió que esperaríamos 6 meses más, retrasaríamos todo para ir en marzo siguiente e incorporarnos al curso a primeros de abril y así tener los 2 también más tiempo de ahorrar en ese tiempo. Así quedó la cosa y acabamos en Ueda.
Una vez aquí, y tras estos meses puedo decir que lo que sentí cuando vine aquí no fue "un espejismo" ni "un capricho pasajero", realmente me gusta estar aquí, y ahora lo sé. Si hasta "mi corazón palpita como una patata frita" cuando suena la musiquita de las paradas de la línea Yamanote, espero que no sea porque me estoy volviendo una friki de los trenes como Yamapi en "Stand Up!". Lo malo de todo esto es que no sé cuanto podré quedarme, porque en este país (y como bien dijo Zeknas en su post "aquí las cosas funcionan") no reparten permisos de residencia como si fuera una tómbola, de hecho, es bastante jodido quedarse a menos que trabajes de algo para lo que has estudiado, lo cual cierra mi círculo hasta límites insospechados... Me gustaría quedarme, pero una cosa es lo que yo quiero, y otra lo que realmente se puede, en este país no hay vacíos legales, lo tienen todo atado y bien atado. Si bien es cierto que en Japón aún me acompaña "la super suerte", que se resiste a abandonarme, y por otro lado cuento con mi ya mencionada "cabezonería", que no en pocas ocasiones me ha llevado a conseguir lo que me proponía. ;-) Así que por ahora, aunque a ratos me como la cabeza y no sé lo que voy a poder hacer, intento tomarme las cosas con calma e intentar disfrutar todo lo que puedo de lo que me ofrece el país. He tenido la enorme potra de empezar a trabajar en un sitio donde la gente me aprecia (todavía no entiendo por qué), se preocupan por mí (y que no me muera de hambre ni de frío, todo el día me están regalando cosas, jejeje) y me tratan más que bien. Y eso lo valoro muchísimo, porque podrían pasar de mí que a fin de cuentas no me conocen de nada, y no lo hacen, quizá por ese sentimiento "de comunidad" y de "hormiguitas" que llevan los japoneses en los genes y que parece hacerles querer ayudar a la gente que les rodea y crear una especie de "armonía general". Algo que echo de menos en España, donde, por lo natural todos pensamos: "yo, yo yo, y si ha sobrado algo, pa mí también". :-/ Al menos es mi impresión, en este país a veces te intenta ayudar la gente incluso antes de preguntarlo. Yo he ido por Londres arrastrando una maleta y no te creas que alguien ha venido y me ha dicho "oye, te ayudo?", estado en Tokyo, a los pocos días de venir, un señor de cierta edad, salido de la nada me agarró una de las maletas y me la subió todas las escaleras de la estación de shin okubo sin yo pedirlo siquiera, de hecho me sorprendió tanto que solo acerté a darle las gracias tímidamente y a hacer unas torpes y oxidadas reverencias. Y así me han ocurrido muchas más cosas de ese estilo desde que estoy aquí. En ocasiones me asombro de la tremenda amabilidad que la gente tiene para conmigo. No sé, imagino que incluso después de vivir aquí cien años, seguiría sorprendiéndome. (Un momento, no dijo Gandalf algo parecido de los Hobbits? Ya vale de parafrasear a magos, jajaja!!). Ese cariño desinteresado y esa manera de "cuidarme" de las personas que trabajan en el restaurante de soba, siempre lo guardaré y lo llevaré conmigo, más en estos momentos en los que estoy tan sola y lejos de la gente que me quiere (me estoy poniendo moñas, ya tardaba...)
Este año pasé las Navidades sola, Zek, por su parte trabajando como un burro en el hotel de Sugadaira, para él son las primeras Navidades alejado de su familia, yo soy ya veterana en pasarlas en otro país, jejeje. El año pasado y el anterior, al menos tenía a Beleg e intentamos hacer algo especial en las comidas y las cenas y cada una se curró un plato (ojo, lo bueno que me salió el pato a la naranja para ser la primera vez en mi vida que lo hacía) ^_^ Este año, entre lo sola que estaba, que carezco de horno en la casa y la incompatibilidad de horarios con España, han hecho que pasara unas Navidades muy aburridas, no digo que tristes, porque al final no lo han sido, ni siquiera he sentido que fueran días especiales, a fin de cuentas he madrugado y he ido a currar 24 y 25. Y el resto del tiempo lo he pasado en mi casita de 18 metros cuadrados. Al menos me curré una cazuela de nabe pa la cena del 24 y un hayashi rice para navidad que estuvieron muy ricos. ^_^
Sí, yo que pensaba que no iba a ver a los Kinkis en esta "aventura nipona" y resulta que ya van tres veces a cada uno. Aunque tres veces en nueve meses se me hace poco con Tsuyoshi-san, me gustaría verlo más, muchísimo más!! >_< (
¡DADLE GOMA AL "SUPIIDO"! ;-)
Pues ya no me enrollo más, que ya ha sido bastante coñazo por hoy, feliz año nuevo a todos, que el 2014 os traiga muchas cosas buenas y vuestros sueños cumplidos como a mí me lo ha traído el 2013, y aunque faltan unas horas... ¡¡FELIZ 35 CUMPLEAÑOS, KOICHI!! (Te tiraría unas bragas al escenario pero luego Genomiya se cabrea conmigo) ^///^