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martes, 13 de enero de 2026

Memento

Era un invierno de esos de pampa húmeda y escarcha por todo el patio, la gramilla crujiente y el césped sufrido. La noche pintaba aburrida, encerrados en el casco del campo, mirando de reojo la añosa biblioteca sabiendo que no habría acción porque sus padres merodeaban como buitres esperando la oportunidad de interrumpir cualquier dudosa aproximación. El fogón del hogar calentaba apenas el living mientras que los dormitorios penaban con pequeños calefactores que daban un miserable calor húmedo.
Cenamos en un silencio apenas entrecortado por la estática de una radio que captaba dos o tres frecuencias con un cuestionable gusto musical. Al final, cuando pensamos que no nos quedaba otra opción que irnos a dormir temprano su hermano contó que salía con unos amigos a un boliche de la zona y nos invitó a ir con él; sin dudarlo enseguida nos cambiamos y frente a la mirada turbia de su padre, nos apretujamos en la cabina de la camioneta.
El viaje de media hora por la ruta solitaria se me hizo corto, la cercanía de su piel me distraía y la expectativa de sacudirme el frío de los huesos hizo que ni me diera cuenta de la incómoda posición en la que estaba. Sentía cosquillas en las piernas, la adrenalina o un calambre, no sé cuál de ellos era el culpable.
Al llegar, olvidamos el frío y entramos a ese mega-lugar bailable a sacudir el cuerpo a ritmo de la música, a pensar que es mejor saltar y mover la cabeza que yacer en un catre solitario, en el medio del campo, bajo una impiadosa helada. Éramos jóvenes y lo demostramos en cada canción, en cada potente abrazo, en cada mirada, en cada ardiente beso.
Teníamos algo único.
Al volver a casa, juré que me quedaría allí por siempre.
Y ese por siempre duró un efímero instante.

9 comentarios:

  1. El para siempre se encuentra contenido en unos pocos minutos de felicidad... luego, la nada de los días.

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    1. Como tantas otras expresiones de deseo motivadas por el éxtasis momentáneo, el "juntos para siempre" dura bastante menos, incluso ahora menos impulsadas las metas individuales por sobre otros.
      Luego, el recuerdo. Que quede solo la nada para después de patear la lata.

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  2. Viniendo de ti texto y título, no cabe dar por supuesto a primeras error en el segundo... :)))))
    ¿Hay algo oculto en ello? ¿Es un juego de palabras con un final feliz? ¿Es la nueva expresividad para el año que comienza?
    ¡Matice, joven! ¡Matice ya! :)))))
    ¡Veemos qué sale!
    Abrazo, Etienne.

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    1. Memento como la acción de recordar, aunque debería haber hecho un diario en aquel momento porque ahora se parece más a una novela de las cinco de la tarde que a la vida misma!
      Final feliz ya no atrae tanto, todos buscan una explicación pero no importa si lloran o se angustian.
      Aunque me quedo con que todo texto es un juego de palabras, retomo la expresividad como una firma de autor, la parafernalia de querer eternizar un instante en un compendio de letras caóticas.
      Ah, y gracias por lo de joven!

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    2. Dando por sentado que la vida no es una novela, y viceversa, no cabría negar que una cosa predomina sobre la otra.
      Comparto contigo lo de reivindicar la expresividad como firma de autor.
      No siendo ya lector de novela, y prácticamente de casi nada, no recuerdo qué sensación primaba entonces, si final feliz o llanto.
      Si cabe que valorase la calidad del texto. La semejanza posible con la vida.
      No leo, cierto, pero tecleo bastante!
      No hay porque darlas! Se te ve joven!

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  3. Ese por siempre, a mi me suena a la velocidad a la que va la vida, que ese efímero momento de recuerdo, ya es hoy, y ya es pasado.
    Me pareció un relato precioso... y en la primera parte, me recordó mucho mucho al comedor diario de mi casa, que también tenía chimenea... :) :)
    Un beso!

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    1. Es un poco eso que bien describís, creer que la vida se resume a un momento, y ese momento ya pasó, más cuando uno es joven con las hormonas alborotadas.
      Después la vida te domestica un poco, dejando para la literatura el espíritu rebelde. Por lo menos eso me contaron, jaja!

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  4. la observancia del "suegro" o de ambos potenciales suegros, puede ser un caso dificil.... pero se entiende cuando uno ya tiene hijas en edad "peligrosa"

    cada pretendiente es un peligro a eliminar.

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    1. La verdad es que no disfruto de ser observado, me desconcentra. Claro, depende de qué lado de la mecha uno se encuentra, va a ser el punto de vista a aplicar en la opinión. En el relato planteado, me rompían la energía, por decirlo sutil.

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