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Miedo y asco en Las Vegas
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"Fui retrocediendo lentamente hacia la puerta. Una de las cosas que aprendes después de pasar años tratando con gente de la droga, es que todo es serio. Puedes darle la espalda a un individuo, pero nunca le des la espalda a la droga… sobre todo cuando la droga enarbola un chuchillo de caza afilado como una navaja barbera ante tus ojos."
Como no podía ser de otra manera, es un auténtico delirio leer “Miedo y asco en Las Vegas” de Hunter S. Thompson. Un verdadero tour alucinado y plagado de situaciones que sólo podría uno experimentar en las pesadillas más estrambóticas, especialmente si uno nunca probó drogas.
Bueno, el señor Thompson se encarga de traernos ese espectáculo surrealista con lujo de detalles en esta novela delirante y divertida.
Recuerdo vagamente el haber visto la película con Johnny Depp (amigo personal de Thompson) y Benicio del Toro y en ese momento me pregunté cuánto tenía de real y cuánto de ficción.
Finalizada la lectura del libro me doy cuenta que los aspectos ficcionales son tan pocos que el libro parece una autobiografía exacta de una parte de la alocada vida de Thompson, un periodista que supo crear un género, el periodismo “Gonzo”, que borra, casualmente como en esta novela, los límites de ficción y no ficción o de subjetivismo y objetivismo.
Thompson supo sacar partido de una época emblemática de la historia norteamericana, surgida luego del “Flower power” hippie y la liberación del consumo de alucinógenos que disparara en la sociedad el tristemente célebre Timothy O’Leary con la introducción del LSD o ácido lisérgico como diezmador de masas.
De todas manera, Thompson, que falleció en el año 2005 demostró salir airoso de ese infierno no sin haberse literalmente “quemado” en el proceso.
El conocimiento que tiene de las drogas es impresionante. Para ello basta con citar una pequeña parte del libro: "Los de la revista deportiva me habían dado también trescientos dólares en metálico, la casi totalidad de los cuales ya estaba gastada en drogas extremadamente peligrosas. El maletero del coche parecía un laboratorio móvil de la sección de narcóticos de la policía. Teníamos dos bolsas de hierba, setenta y cinco pastillas de mescalina, cinco hojas de ácido de gran potencia, un salero medio lleno de cocaína y toda una galaxia de pastillas multicolores para subir, para bajar, para chillar,… y además un cuarto de tequila, un cuarto de ron, una caja de cervezas, una pinta de éter puro y dos docenas de amyls (nitrato amílico)."
Embarcados en una aventura completamente sin sentido e irrisoria a bordo de un enorme Chevrolet descapotable al que bautizan el “Tiburón rojo”, parten hacia Las Vegas a cubrir como periodistas una carrera de motos, la “Mint 400”, aunque al llegar a la mítica “ciudad del pecado”, lo que sucederá será una serie de eventos completamente locos y disparatados.
La droga hará que lo que hagan en Las Vegas se salga de todo control y raciocinio, aumentado por desafortunados encuentros con las personas más extrañas y peligrosas posibles. La narración del personaje principal, Raoul Duke, que no es otro que Thompson mismo nos llevará experimentar situaciones totalmente voladas y sin sentido. Ambos personajes están imbuidos en una verdadera mezcla del Infierno con El país de las Maravillas de una Alicia anfetamínica.
Hago un párrafo aparte para comentar que me resultado por momentos un poco difícil leer la edición de Editorial Anagrama, especialmente por la traducción completamente española del texto original, algo que ya sufrí con la historia de otro alucinado llamado Ignatius C. Reilly en “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole, más precisamente por esos términos tan difícil de digerir como “tío”, “chorrada”, “gilipollas”, “coño”, etc.
Espero que los lectores españoles que lean esta reseña no se enojen pero para un lector argentino es un verdadero suplicio toparse con esos vocabularios. Tal vez no sea relevante para otros, pero a mí me cuesta mucho leer este tipo de traducciones.
Volviendo a la novela, nos encontramos con que las aventuras de estos dos frenéticos personajes nunca se detienen. Apenas si comienzan a mermar cuando se les van terminando las drogas.
Lo más irónico y divertido es que en un momento, por portar credenciales falsas de policías, son invitados a la “Convención Nacional de Fiscales de Distrito de Las Vegas sobre Narcóticos y Drogas Peligrosas”, o sea, como invitar a dos comadrejas a visitar un enorme gallinero.
Las situaciones que surgirán en ese lugar serán altamente desopilantes.
Todo lo que sucede en “Miedo y asco en Las Vegas” surge de la imaginación de Thompson completamente potenciada por el uso de sustancias tan tóxicas que literalmente podrían matar a un caballa. A punto tal que el mismo autor lo afirma: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo eso, yo no sería nada."
Por favor, no intenten esto en sus casas. Ni fuera de sus casas.
Como no podía ser de otra manera, es un auténtico delirio leer “Miedo y asco en Las Vegas” de Hunter S. Thompson. Un verdadero tour alucinado y plagado de situaciones que sólo podría uno experimentar en las pesadillas más estrambóticas, especialmente si uno nunca probó drogas.
Bueno, el señor Thompson se encarga de traernos ese espectáculo surrealista con lujo de detalles en esta novela delirante y divertida.
Recuerdo vagamente el haber visto la película con Johnny Depp (amigo personal de Thompson) y Benicio del Toro y en ese momento me pregunté cuánto tenía de real y cuánto de ficción.
Finalizada la lectura del libro me doy cuenta que los aspectos ficcionales son tan pocos que el libro parece una autobiografía exacta de una parte de la alocada vida de Thompson, un periodista que supo crear un género, el periodismo “Gonzo”, que borra, casualmente como en esta novela, los límites de ficción y no ficción o de subjetivismo y objetivismo.
Thompson supo sacar partido de una época emblemática de la historia norteamericana, surgida luego del “Flower power” hippie y la liberación del consumo de alucinógenos que disparara en la sociedad el tristemente célebre Timothy O’Leary con la introducción del LSD o ácido lisérgico como diezmador de masas.
De todas manera, Thompson, que falleció en el año 2005 demostró salir airoso de ese infierno no sin haberse literalmente “quemado” en el proceso.
El conocimiento que tiene de las drogas es impresionante. Para ello basta con citar una pequeña parte del libro: "Los de la revista deportiva me habían dado también trescientos dólares en metálico, la casi totalidad de los cuales ya estaba gastada en drogas extremadamente peligrosas. El maletero del coche parecía un laboratorio móvil de la sección de narcóticos de la policía. Teníamos dos bolsas de hierba, setenta y cinco pastillas de mescalina, cinco hojas de ácido de gran potencia, un salero medio lleno de cocaína y toda una galaxia de pastillas multicolores para subir, para bajar, para chillar,… y además un cuarto de tequila, un cuarto de ron, una caja de cervezas, una pinta de éter puro y dos docenas de amyls (nitrato amílico)."
Embarcados en una aventura completamente sin sentido e irrisoria a bordo de un enorme Chevrolet descapotable al que bautizan el “Tiburón rojo”, parten hacia Las Vegas a cubrir como periodistas una carrera de motos, la “Mint 400”, aunque al llegar a la mítica “ciudad del pecado”, lo que sucederá será una serie de eventos completamente locos y disparatados.
La droga hará que lo que hagan en Las Vegas se salga de todo control y raciocinio, aumentado por desafortunados encuentros con las personas más extrañas y peligrosas posibles. La narración del personaje principal, Raoul Duke, que no es otro que Thompson mismo nos llevará experimentar situaciones totalmente voladas y sin sentido. Ambos personajes están imbuidos en una verdadera mezcla del Infierno con El país de las Maravillas de una Alicia anfetamínica.
Hago un párrafo aparte para comentar que me resultado por momentos un poco difícil leer la edición de Editorial Anagrama, especialmente por la traducción completamente española del texto original, algo que ya sufrí con la historia de otro alucinado llamado Ignatius C. Reilly en “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole, más precisamente por esos términos tan difícil de digerir como “tío”, “chorrada”, “gilipollas”, “coño”, etc.
Espero que los lectores españoles que lean esta reseña no se enojen pero para un lector argentino es un verdadero suplicio toparse con esos vocabularios. Tal vez no sea relevante para otros, pero a mí me cuesta mucho leer este tipo de traducciones.
Volviendo a la novela, nos encontramos con que las aventuras de estos dos frenéticos personajes nunca se detienen. Apenas si comienzan a mermar cuando se les van terminando las drogas.
Lo más irónico y divertido es que en un momento, por portar credenciales falsas de policías, son invitados a la “Convención Nacional de Fiscales de Distrito de Las Vegas sobre Narcóticos y Drogas Peligrosas”, o sea, como invitar a dos comadrejas a visitar un enorme gallinero.
Las situaciones que surgirán en ese lugar serán altamente desopilantes.
Todo lo que sucede en “Miedo y asco en Las Vegas” surge de la imaginación de Thompson completamente potenciada por el uso de sustancias tan tóxicas que literalmente podrían matar a un caballa. A punto tal que el mismo autor lo afirma: "Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo eso, yo no sería nada."
Por favor, no intenten esto en sus casas. Ni fuera de sus casas.
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Miedo y asco en Las Vegas.
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October 6, 2020
– Shelved
October 7, 2020
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October 7, 2020
–
26.44%
"Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como:
-Estoy algo volado, mejor condces tú..."
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55
-Estoy algo volado, mejor condces tú..."
October 8, 2020
–
54.33%
"-Mira fuera –dije-.
-¿Por qué?
-Hay una gran… una gran máquina en el cielo… una especie de serpiente eléctrica… que viene directamente hacia nosotros.
-Dispárale –dijo mi abogado.
-Todavía no –dije-. Quiero estudiar sus costumbres."
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113
-¿Por qué?
-Hay una gran… una gran máquina en el cielo… una especie de serpiente eléctrica… que viene directamente hacia nosotros.
-Dispárale –dijo mi abogado.
-Todavía no –dije-. Quiero estudiar sus costumbres."
October 8, 2020
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91.35%
"En aquella habitación había pruebas de consumo excesivo de casi todos los tipos de drogas conocidos por el hombre civilizado desde el año 1544 d.C."
page
190
October 9, 2020
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Ya dicho eso, vale la pena hacer ver un detalle que se presenta en el español (en otros idiomas como el inglé..."
Completamente de acuerdo contigo.

Ya dicho eso, vale la pena hacer ver un detalle que se presenta en el español (en otros idiomas como el inglés también ocurre, pero como yo hablo español, siento que me es mucho más fácil verlo en la lengua materna), y es que los distintos dialectos del español en ocasiones son tan diferentes que es imposible elegir uno neutral; cualquiera que se elija aliena de inmediato a los demás. Sin ir más lejos, yo vivo en el país vecino al tuyo, y los insultos que usamos en este país son completamente diferentes a los que se usan en el tuyo, para qué hablar en los otros.
Igual es cierto que Anagrama a veces se carga mucho con los modismos, lo que la delata automáticamente como una editorial española, y el que tenga sus oficinas en Barcelona lo hace potencialmente peor.