No importa si el
mensaje es cierto o no. Lo importante es impactar con la mayor incidencia que
se pueda en la sensibilidad del ciudadano para motivar su conciencia acerca del
enorme riesgo que sobre él se cierne
si no se segrega del conjunto originario de todos sus males. A modo de muestra
representativa, he seleccionado ambos mensajes con los que se pretende
justificar la opción defendida ante un referéndum nacionalista para
ejemplificar hasta qué punto la distorsión de la realidad, la mentira elaborada y la frase inapelable
constituyen herramientas de alienación masiva al amparo del “todo vale” para
llevarse, al fin, el gato al agua. Que nadie les reclame sinceridad y
honestidad a toro pasado. Obscenamente, como ha hecho Nigel Farage, se llaman a
andanas.
Desde la falacia del “España nos roba”, que tanta mella ha hecho en el
imaginario colectivo catalán (foto obtenida por mí en Manacor en 2012), hasta
la demagógica proclama de Boris Jonhson atribuyendo a la Unión Europea el
peligro de supervivencia del National
Health Serrvice (Servicio Nacional de Salud) británico, todo un cortejo de
símbolos manipulados invade el panorama mediático y tergiversa las conciencias
en pos del objetivo pretendido.
Con gran
acierto lo ha expresado Manuel Vicent. No puede estar más acertada esta reflexión
del valenciano indómito: “Cualquier referéndum siempre va dirigido al cerebro límbico
que los humanos, incluso ingleses comparten con los mamíferos superiores, allí
donde residen las emociones, el miedo, el odio, la desesperación.
Cuidado con
los referéndums nacionalistas, que algunos irresponsable y oportunistamente
preconizan. Rozan la perversión si no han caído ya flagrantemente en ella. La interesante reflexión al respecto del profesor Laporta arroja luces elocuentes sobre los riesgos que encierra esa modalidad de consulta.