A veces ocurre que los planes que surgen de repente son los que mejor salen. Hace dos meses estaba sentada delante de mi ordenador haciendo el vago.
"Oye, podría ser divertido. ¿Y si...?". Y dos horas más tarde tenía un billete de avión para Milán en mis manos y unas entradas compradas. Un solo día. Más rápido, más cómodo y más barato que si hubiera decidido irme, yo que sé, a Granada.
Hotel pequeñísimo, limpio y bien comunicado. Total, lo justo para un par de duchas y cinco horas escasas de sueño.

Gracias a unas comunicaciones muy convenientes, a mediodía ya estábamos en pleno centro de la ciudad, almorzando como dos señoras en una terracita de la impresionante
Galleria VittorioEmanuele.
"Claire, tú guarda los bollos de pan, que no sabemos si luego nos dará tiempo a cenar...". Bueno, quizás no tan señoras, que en el fondo podemos ser realmente cutres. Y qué leches, con lo que clavaban, nos llevamos el pan.



Después de saludar al señor DaVinci en la plaza de
L'Scala, entramos en el museo del teatro del mismo nombre, que si bien no es especialmente llamativo por dentro y nada llamativo por fuera (si se ha visto alguna vez el fabuloso teatro de la ópera Garnier en París...), es un edificio que encierra muchísima historia y en el que se siente el espíritu de los grandes mitos de la música clásica.

Asomarte a esos palcos desde donde Puccini, Verdi o Rossini fueron testigos de los estrenos de sus obras, o ver de cerca cada puntada de un traje lucido por Renata Tebaldi, no tiene precio, así como tampoco lo tiene regresar degustando un delicioso
'gelato' hasta el Duomo. Pero para no tener precio, era muy barato.


Optamos por subir a la terraza de la catedral, tanto para contemplar las vistas de la plaza como para maravillarnos de cerca con la arquitectura imposible del tejado del Duomo.




Pero mirad por donde, no éramos las únicas que estamos pasando un día de turismo allí, y justo al entrar me topé de frente con Fabrizio Moretti (guappoooooo) y Nikolai Fraiture (tú no) del grupo The Strokes. Oh, cielos (como diría
Tristón), ¿por qué no me dió por llevar alguno de sus discos en el bolso?


En fin, que ya iba siendo hora de tomar un tranvía para dirigirnos al estadio Giuseppe Meazza, más conocido como
San Siro.

Bueno, y a todo esto todavía no he dicho para que fui hasta allí.

Grandes éxitos de ayer y de hoy.
Cuando de pequeña pedía los vinilos de
Pet Shop Boys (que aún conservo) para mi cumpleaños, no imaginaba que más de veinte años después los vería en directo, y menos en otro país. Entonces los países extranjeros sin duda quedaban más lejos.

A
Take That los conocí un poco fuera de época, cuando ya se estaban separando, Robbie Williams ni siquiera estaba ya, y me interesaban más sus canciones que sus fotos, así que no me puedo incluir entre sus auténticas fans de las que los han seguido siempre, pero los llevo escuchando muchos años, me siguen gustando muchas de sus canciones de la época, y tengo varios de los primeros discos de Williams en solitario. Con lo que no contaba era con que se volverían a juntar, incluido Robbie, y a reciclarse bastante bien. Eso es renovarse o morir, y se han renovado más que bien. No es que hayan dejado de ser los que eran, pero han sabido evolucionar y hacer un pop menos facilón para unos oídos algo más exigentes. A unos tipos que rondan o superan la cuarentena no les pega definitivamente ser la boyband de adolescentes que fueron, por mucho que destacaran entre las demás, y supongo que tampoco se sienten así. Dios mío cuántas fotos olvidables de ellos acabo de descubrir. Cuántas les gustaría quemar XDDDDD. Hay muchas cosas que mejoran con los años...


Bueno, que a esto le llamo yo matar tres pájaros de un tiro.
Pet Shop Boys aparecieron temprano en el escenario, con la tranquilidad de la veteranía y sin la presión de ser el artista principal que debe enfrentarse a una larga gira. Invitados de sus amiguetes. Un breve show de 45 minutos llenos de éxitos que nos sabemos de memoria. No sonaron todos los que son, pero sí eran son todos los que sonaron.
Heart,
It's a sin,
West End Girls,
Suburbia,
Always on my mind,
Se a vida e,
Go west... Un espectáculo sencillo y un poco surrealista, con bailarines, sus tipos cachas, sus coreografías e indumentarias sacadas de otra década (o de otro mundo paralelo), con ese toquecillo kitsch que tanto les gusta. Muy muy divertido. Allí los fans éramos minoría, pero al final el estadio acabó bailando y coreando las canciones que casi todos conocían.
Los Take That no tardaron en aparecer, con puntualidad británica, con un espectáculo cuyo ritmo fue in crescendo hasta conseguir un fiestón memorable. Robbie Williams tuvo su pequeño gran show para él solo antes de unirse a los demás, y vaya si caldeó el ambiente. Le faltan 6 o 7 tornillos, no sabe lo que es tener vergüenza y tiene un ego más grande que el estadio de San Siro, pero ese hombre es un puñetero animal de escenario y un showman nato como varias catedrales. Dio definitivamente algunos de los mejores momentos de la noche.
Eso no quiere decir que les hiciera sombra a los demás. Para nada. Cuando por fin juntaron sus actuaciones, se compenetraron y se compensaron a la perfección demostrando tener unas tablas tremendas y estar en perfectísima forma, con algunos viejos éxitos todavía muy vivos, y unos últimos discos (esta vez compuestos íntegramente por ellos) aún mejores. Atrás quedaron los bailoteos juveniles de hace veinte años, aunque Howard y Jason se marcaron un par de brincos que ya lo firmaba cualquier hombre de más de cuarenta.
Evidentemente hay montones de personas a quienes realmente no le interesa este tipo de música, pero también es cierto que con los años son muchos los que han descubierto que Take That no son lo que esperaban encontrar detrás de ciertos prejuicios. Es curioso como no sólo han conservado sus fans de antaño, sino que tras una larga pausa de casi diez años yendo cada uno por su lado, han ido ganando a un público más estable, más numeroso (colocando el cartel de 'no hay entradas' en los 36 conciertos de la última gira que ha recorrido algunos de los estadios más grandes de Europa) y más diverso (allí había saltando gente de ambos sexos y todas las edades).
Están más buenos Son más interesantes, tienen más clase e incluso sus voces son mejores.
Y es que al contrario que como sucede con muchos, y como sugiere este video de su single "
The Flood", lo más importante no es llegar el primero a la meta, sino seguir remando.
¿Después? Pues casi no me acuerdo. Casi dos semanas más tarde, acabo de regresar de mi escapada anual a Úbeda y todavía lo estoy digiriendo (la vuelta, no la escapada), pero eso será otro post :).