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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Noviembre

Casi no tiene sentido ya hablar de noviembre cuando en unas pocas horas será ya diciembre.

Hay mucha gente a la que no le gusta este mes. Los días cortos, el frío... A mí, lejos de ponerme triste, me parece tan bueno, malo o emocionante como cualquier otro. Tengo unos recuerdos maravillosos de muchos noviembres, muchos proyectos y muchas ganas de hacer cosas, incluso con el frío más grande del mundo.

Este mes no he actualizado mi blog, y la verdad es que lo siento mucho, porque me gusta mucho la comunicación que tengo con algunos de vosotros a través de esto, y no es que no sepa de qué escribir, que tengo temas y foros para parar un tren, es que no he tenido un minuto libre.

Afortunadamente, algunas de las causas que me han mantenido en esta inactividad bloguera, aparte de un turno de noche que me tiene muerta, son cosas buenas. La más importante de ellas son dos dos maravillosas personas de 5 y 6 años que han venido a aumentar mi pequeña familia, y que han traído mucha más alegría de la que podíamos imaginar.

El otro motivo principal de mi falta de tiempo, es que dentro de cuatro días me presento al examen oficial de lengua japonesa en Madrid, y estoy muy animada pero bastante nerviosa. He trabajado bastante en este último año y medio, y hace unos diez años que no hago un examen de nada, así que la valeriana vuelve a ser mi compañera desde hace dos o tres días después de muchísimo tiempo.

Aparte de eso, el Google Doodle de hoy me recuerda que se cumple el aniversario el nacimiento de Mark Twain, lo cual hace que sea la ocasión perfecta para dedicaros una canción que siempre me encantó desde que era pequeña. Un cargamento de optimismo y energía para todos.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los muertos de...

... José de Espronceda, esos sí que son macabros. El poeta español se mofaría del almibarado miedo de diseño de estas fechas.




...
Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.

...
La Desesperación, José de Espronceda (1808-1842)

Me tomo un huesito de santo a vuestra salud.

sábado, 29 de octubre de 2011

La Amenaza Fantasma


Presenciado en una ciudad española.

Quinqui 'intoxicado' apostado en una céntrica calle comercial: - Dame algo de dinero.
Señor Turista sin detenerse: - No.
Quinqui: - ¡Yo me voy a cagar en tu p... madre!
Señor Turista calmadamente sin mirar atrás: - Y yo en la tuya.
Quinqui: - ¡Tus muertos! ¡Cabrón! ¡Calvo! (nota: el turista no era calvo), ¡Nazi!... ¡No vuelvas a pasar por aquí! ¡Como te vea por aquí....! ¡Como te vea por aquí, no te pienso hablar!

...
...

El sonido de la última y más terrible amenaza se pierde en la lejanía.

Epílogo.

Señor Turista: - Será cabrón... me ha dicho calvo.

Fin.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Eton, escuela de ricos.

Cuando vas a Windsor, resulta que no sólo está Windsor, sino que lleva adosada otra pequeña ciudad: Eton. Y cuando digo adosada, es que no hay solución de continuidad entre una población y otra. Bueno, esto es algo muy frecuente en el Reino Unido, que sales en coche y no sabes dónde termina un pueblo y empieza otro, pero en este caso es que vas paseando por la calle principal de uno, y de pronto ya estás en la calle principal del otro. Lo único que los separa, o mejor dicho, que los une, es un pequeño puente sobre el Támesis, desde el cual se avistan unos fantásticos paseos y terracitas fluviales, ideales con el tiempo tan bueno que hacía.




El municipio de Eton no llega a los 5000 habitantes y parece bastante tranquilo, sin el ambientillo turístico que te encuentras tan sólo a unos metros más arriba. Nada más que hay que fijarse en su calle principal.



Está todo tan limpio y cuidado que parece que está sin estrenar, y eso que algunos de sus edificios tienen algún siglo que otro, como este de aquí, el más antiguo de hecho, una vieja posada reconvertida hoy día en restaurante.



Los residentes desde luego parece que cuidan el pueblo, y el sol se encarga de sacarle más brillo a todo.





Si no supiera nada de Eton, me llamaría la atención la cantidad de sastrerías y tiendas de confecciones que ocupan una buen parte del comercio local. Establecimientos como éste, que tanto en el local como en el género que trabajan, parece sacado de otra época, y probablemente lo esté. Uniformes, ésa es la clave.



Como la mayoría sabeis, Eton College es el nombre de la institución escolar más prestigiosa del país (después de Hogwarts, claro :P), donde se educa la élite masculina de la sociedad británica, incluídos los miembros de la Casa de Windsor (claro, es que la abuela vive al lado, y puede ir a recogerles los días que no tienen actividades extraescolares por la tarde...).

Las instalaciones y el conjunto de diversos edificios es cuanto menos amplio, y la visita guiada, que comienza en el patio principal, frente a la torre del reloj y la capilla, recorre parte de lo que es la zona histórica del recinto, que no es moco de pavo. Por suerte estaban de vacaciones, porque durante el curso se limitan algunas zonas.




Fundada por el rey Enrique VI como escuela pública para veinte niños al año hace casi 6 siglos, hoy día estudian anualmente en él unos 1300 niños entre 13 y 18 años, procedentes no sólo de todo el Reino Unido, sino del mundo entero, ya que familias reales de Asia y África han enviado a sus vástagos a instruirse allí.

Esta es la vieja aula conservada para que los visitantes nos sentemos y nos hagamos fotos, obviamente en desuso, ya que en alguna parte tienen escondidas unas aulas de lo más modernas.




Una de las cosas más atractivas de la visita es el pequeño museo "Etonian Life", que hace un recorrido por la idiosincrasia y la evolución del colegio, desde las relaciones con los profesores, el sistemas de 24 casas, los castigos y la disciplina, reproducción de los antiguos cuartos de los alumnos, los distintos tipos de uniformes e indumentarias a lo largo de los años y decenas de curiosidades interesantísimas. Como por ejemplo que el uniforme principal dejó de incluir sombrero de copa en la 2ª Guerra Mundial, ya que a menudo tenían que llevar casco y máscaras de gas por los posibles ataques aéreos (de hecho una parte de uno de los edificios fue derribado en uno de estos ataques, y posteriormente reconstruída).



Otra curiosidad es el pequeño muro de la fama en el que se exponen algunos de los personajes más célebres que han pasado por la institución, como 19 de los Primer Ministros que han gobernado el país (incluyendo el más reciente). Sin embargo, a pesar de su carácter indiscutiblemente elitista, no todo el alumnado es rico ni de alta alcurnia. Escritores, músicos, artistas y actores populares como Hugh "House" Laurie, han estudiado allí. Y es que aparte del ingreso ordinario en Eton, que consta de entrevista, test y carta de recomendación del colegio anterior, cada año unos 130 alumnos sin posibles económicos estudian también allí gracias a distintos tipos de beca.

Las más antiguas y numerosas son la King's Scholarship (que se obtiene superando un examen bastante difícil) y la Music Scholarship para alumnos destacados en esa rama. Otras becas de más reciente instauración son para niños con grandes habilidades para artes escénicas, para alumnos procedentes del Oriente Medio, para alumnos de herencia rusa con gran talento tanto académico como musical, y la más reciente concedida por primera vez en 2009, que patrocina a alumnos sin medios económicos que no obtienen o no han tenido posibilidades de obtener tampoco unos buenos resultados académicos, pero que se detectan como alumnos de mucho talento y gran potencial.

Supongo que estos le daban un buen baño al díscolo príncipe Harry, al que le tuvieron que pasar la mano entre otras cosas en arte porque no sabía ni dibujar aquello de "con un 6 y un 4, aquí tienes tu retrato".



Unos paisajes muy cinematográficos, ¿verdad? Entre estas piedras se han rodado escenas de montones de películas conocidas, tales como "Carros de fuego", "El Secreto de la Pirámide", "La Locura del Rey Jorge", "Mansfield Park" o "Shakespeare in Love".

Fijo que si toco alguno de estos grabados se abre algún pasadizo secreto...

martes, 4 de octubre de 2011

Desmontando a Murakami.



Las primeras impresiones marcan mucho. Seguramente demasiado, pero la realidada es que cuesta desprenderse de ellas. Quise leer hace un par de años algo de Haruki Murakami, el escritor culto de moda, y elegí Tokio Blues (Norwegian Wood), uno de sus títulos más célebres, pero no funcionó. No me conmovió, no me entretuvo, no me interesó. No sentí absolutamente nada. Bueno, sí, ganas de terminarlo. Posiblemente tendría que leer algo más de su obra para declarar que no me gusta Murakami, y me gustaría hacerlo por una parte, pero por otra no me apetece en absoluto y me da una pereza terrible. Quedaría mejor diciendo todo lo contrario, pero no es así.

Leí que la película era bastante inferior, como de costumbre. Lo decían los fans del libro, así que me intrigaba saber qué pensaba alguien a quien el libro le diera exactamente igual o que no lo hubiera leído, directamente. Pero aunque libros y pelis son dos cosas distintas, esta última también me daba una pereza terrible, y sin embargo por circunstancias de la vida terminé viéndola en una sala de versión original, y además una proyección para mí solita.

Y volvió a pasar. Aburrida, vacía, pedante. Sobre el papel, es el tipo de película que me atrae como un imán. No me asustan los ritmos lentos, ni las filosofadas poéticas ni las penas de los protagonistas, pero en esta ocasión, por desgracia, fracasaron conmigo estrepitosamente y, aunque eran buenos actores, no conecté con ninguno de los personajes ni me los creí. Es de este tipo de pelis en las que todo el misterio de la vida y sus tormentos terminan siempre en sexo. No sé si quedó alguien sin tirarse a algún otro. Y no sé para qué, porque con lo tristes que se veían todos no me parecía que lo disfrutaran gran cosa. Penas, sexo, penas, sexo... ¿Pero no os dais cuenta de que no os está funcionando para quitaros la pena? Probad otra cosa ya, hombre.

Total, que las únicas dos conclusiones que saqué de la peli fueron que me fascina escuchar hablar en japonés y que Kenichi Matsuyama está estupendo, y ambas cosas las sabía ya de antes.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Call It A Day



Ha pasado mucho tiempo desde esto. Cuando Bill estaba en el grupo, cuando Mike no se teñía, cuando Peter estaba delgado y guapo y lucía camisas normales, cuando Stipe tenía pelo. Más de 30 años, casi los que tengo yo, aunque en mi vida entraron hace 20.

Ayer se separaron oficialmente como grupo, sin polémicas, con tranquilidad, con la cabeza bien alta. Hay que saber marcharse, y no todo el mundo puede. A muchos no nos sorprende porque la posibilidad la barajábamos hace tiempo y no nos equivocamos mucho, pero no por eso entristece menos. Su mejor momento musical había pasado, pero incluso lo peor de ellos es superior a lo que muchos desearían tener alguna vez en toda su carrera. Una carrera con éxitos, con prestigio, con trabajo y con honestidad hacia ellos mismos y hacia sus fans.

Sus fans. Yo entre ellos, y junto a mí muchos más: Deca, Ark, Lili, Jas (allá donde estés), Quango, Mer, Mabi, Andy, Lou, Eli, Zhy, Wendy, Begg, Liz... Lo mejor que me ha dado la banda. Gente con la que he empecé a vivir en cierto modo de la manera que yo quería, con la que compartí y sigo compartiendo recuerdos, anécdotas geniales que acuden en tropel a mi mente ahora mismo, conciertos, vacaciones, momentos muy personales (buenos y malos) y algunos de los mejores años de mi vida. Gente a la que quiero.

No puedo olvidar el primero de los seis conciertos en los que estuve, lleno de emoción, ni el último en 2008, lleno de euforia, aunque en el fondo sabía que era el último, pero fue el mejor, el más vibrante. Como si no llevaran 30 años.

Soy una fan afortunada: me han firmado discos, he hablado un par de veces con ellos, les he visto actuar siempre desde la primera fila, le he tocado el culo a Michael Stipe... (un momento, a mí eso me daba igual, pero a Stipe le apeteció darse un baño de masas utilizándome como si fuera la silla BÖRJE...).

Echaré de menos muchas cosas.

La música no.

Ésa, seguirá conmigo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Los fines de semana nos vamos al pueblo

Incluso la reina Isabel II de Inglaterra dice cosas como ésa. Claro que el pueblo al que se refiere es Windsor, y 'la casa del pueblo' es un castillo cuya extensión es casi la de cinco campos de fútbol, y cuya historia se remonta a casi 900 años atrás.
Windsor, en el condado de Berkshire, a unos 30 kilómetros de Londres, es una pequeña y muy próspera (mucho, a juzgar por las casas y los coches que se ven allí) ciudad a orillas del Támesis que alberga una de las residencias oficiales de la reina. Ni que decir tiene que es un lugar precioso y tranquilo (a pesar del turismo) para vivir, aunque supongo que no está al alcance de muchos.




Los británicos, que no sólo tienen verdaderas maravillas, sino que las saben conservar y vender muy pero que muy bien, han mimado su patrimonio y hacen que los casi 20 euros que pagas por entrar aquí (audioguía incluída) merezcan mucho la pena. Además, esa entrada tiene la ventaja de que con sólo sellarla el día que la adquieres, te sirve para entrar el resto del año, y si encima compras tu billete de tren anticipadamente por la web, el precio del viaje se reduce de 24 libras a 8. Jugando bien sus cartas, quien vaya a estar una temporada por Londres tiene excursión a Windsor asegurada.



Pero la que tenía la excursión asegurada era la reina Victoria, a la que construyeron la estación justo en la puerta de su casa, no fuera a ser que le hicieran rozadura los zapatos de tanto andar. Hoy día sigue funcionando con un pequeño apeadero (hay otra estación al otro lado del castillo), pero está reformada y convertida en galería comercial semi cubierta.





El recorrido por los terrenos, edificios y exposiciones del castillo bien ocupan la mañana, sin ir demasiado lento ni demasiado deprisa. Tanto es así, que está permitido salir y entrar del recinto para comer o descansar con la debida identificación.



Pero no será porque no haya lugares de descanso en el interior. Cualquier rincón se puede convertir en zona de relax, con unas magníficas vistas o un jardín espectacular, como éste construido en el foso de la Torre Redonda. Un foso que jamás tuvo agua como era lo habitual, y en su lugar algún rey de cuyo nombre no puedo acordarme decidió darle un uso más estético que defensivo, ya que la época en la que te invadían un día y el otro también había quedado muy atrás.

Me voy a recrear poniendo fotos del jardín porque es una preciosidad, y su acceso parece la entrada a un lugar secreto.










Evidentemente no se pueden visitar las dependencias privadas de la reina, pero sí que se visitan las estancias que hoy día aún siguen sirviendo de alojamiento a invitados oficiales, la impresionante colección de arte y la capilla de San Jorge.





En la ostentosa capilla del castillo se han celebrado matrimonios, funerales y entierros de algunos de los monarcas más conocidos e importantes de la historia. Allí yacen por ejemplo el rey Carlos I, el rey Jorge III (el de 'La locura del Rey Jorge'), el rey Jorge VI (el de 'El discurso del Rey') con su esposa, o el mismo Enrique VIII.



Como decía, Windsor es un pueblo bonito y con mucha vida, y a la hora de comer hay bastante donde elegir.



Quizás el lugar más conocido es la Casa Torcida, o The Crooked House of Windsor. Como veis, esta casa de casi cuatrocientos años está realmente torcida, y no debido a un capricho del arquitecto, sino a que la madera de roble con la que fue construida estaba demasiado húmeda y así se quedó.



Originalmente fue una carnicería, proveedora oficial del castillo, e incluso tiene un pasadizo secreto que comunica con él, hoy día bloqueado, por el que se dice que algún que otro rey salía para acudir a su cita secreta. Hoy día y desde hace 30 años es una casa de té, en la que se puede desayunar, almorzar, merendar y cenar casi como si fueras el personaje de un libro de Enid Blyton.



Estoy pendiente de probar ese sitio en alguna ocasión, pero de momento nos decantamos por un almuerzo ligero en la estación, suficiente para darnos energía para la siguiente visita, que estaba tan solo cruzando el puente...

miércoles, 17 de agosto de 2011

Me voy a tomar viento (o lo que se tercie)


Esta tarde he salido a hacer fotocopias, pero la copistería de mi barrio estaba cerrada por vacaciones (que se las merece el hombre porque trabaja en el local más caluroso de España), así que fuí a la busca y captura de otro establecimiento en el que poder hacerlas. Ilusa de mí. El que no estaba cerrado por motivos de 'horario de verano', no tenía ya fotocopiadora (a pesar de llamarse 'Copytxxxxx'). La biblioteca pública también tiene horario de verano consistente en cerrar a las 2 la tarde, y en la única copistería en activo que encontré, me dijeron que no fotocopiaban de libros, ni siquiera una sola página (yo necesitaba tres), porque ya habían tenido problemas legales que implicaban libros y cánones de esos que tanto nos gustan.

Pues bien, una vez frustrada mi ardua misión, mis mejores deseos a todo los culpables de que haya llegado a casa muerta de calor y harta de patear media ciudad intentando sin éxito hacer tres míseras fotocopias. Que lo disfruten, que yo me voy del país, por desgracia sólo una semanita.




miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuentos Chinos

Todos conocemos o hemos conocido a alguien que nos recuerda a Roberto. Una persona estancada en el pasado, amargada y solitaria, y muy poco predispuesta a dejar de estarlo, aunque en el fondo de su ser necesite compañía más que el comer.



Su vida se limita a pequeñas rutinas casi obsesivo compulsivas, de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin un ápice de paciencia para tolerar todo lo que se salga de ella, y mucho menos tolerar al resto del mundo. Pero, en el fondo, y a pesar de sus defectos, Roberto es una persona íntegra, valiente y con sentido común. El problema es que a ver quién le aguanta lo suficiente como para llegar a apreciarle esas cualidades.

Pero la vida da muchas vueltas, y este ferretero cincuentón e irascible tendrá un encuentro fortuito (o quizás dos) que alterarán su vida y la volverán del revés.



"Un cuento chino" es una comedia, pero no es una comedia ligera de las de hacer chanzas fáciles y paternalistas. Es una comedia agridulce, con un poco de mala leche dicho sea de paso, porque la boca de Roberto suelta incorrecciones políticas y verdades como puños a partes iguales, capaces de desencadenar un conflicto diplomático a la vez que nos hacen sonreír oyendo cosas que a todos nos gustaría soltar de vez en cuando.

Confieso que cuando vi el trailer cinematográfico hace algunos meses, no me terminó de dar buenas vibraciones. Pensé que caería en un humor basado en cierta caricatura y ridiculización de los personajes chinos, pero me la recomendaron y comprobé con alivio que no era así (niños, nunca juguéis con fuego ni habléis con extraños ni os fieis de los trailers de cine). Jun es un personaje prudente, sensible, humilde y paciente, y gracias a ello vemos la relación tan peculiar que se forma entre dos personas tan distintas y que no se entienden ni una sola palabra.



Pero bueno, ya empiezan a sobrar las palabras. Se estrenó ya hace bastantes semanas, pero los que todavía tengan la suerte de tenerla en los cines, que aprovechen para ver uno de estos pequeños oasis de la cartelera veraniega.


miércoles, 27 de julio de 2011

Un giorno a Milano

A veces ocurre que los planes que surgen de repente son los que mejor salen. Hace dos meses estaba sentada delante de mi ordenador haciendo el vago. "Oye, podría ser divertido. ¿Y si...?". Y dos horas más tarde tenía un billete de avión para Milán en mis manos y unas entradas compradas. Un solo día. Más rápido, más cómodo y más barato que si hubiera decidido irme, yo que sé, a Granada.

Hotel pequeñísimo, limpio y bien comunicado. Total, lo justo para un par de duchas y cinco horas escasas de sueño.



Gracias a unas comunicaciones muy convenientes, a mediodía ya estábamos en pleno centro de la ciudad, almorzando como dos señoras en una terracita de la impresionante Galleria VittorioEmanuele. "Claire, tú guarda los bollos de pan, que no sabemos si luego nos dará tiempo a cenar...". Bueno, quizás no tan señoras, que en el fondo podemos ser realmente cutres. Y qué leches, con lo que clavaban, nos llevamos el pan.







Después de saludar al señor DaVinci en la plaza de L'Scala, entramos en el museo del teatro del mismo nombre, que si bien no es especialmente llamativo por dentro y nada llamativo por fuera (si se ha visto alguna vez el fabuloso teatro de la ópera Garnier en París...), es un edificio que encierra muchísima historia y en el que se siente el espíritu de los grandes mitos de la música clásica.



Asomarte a esos palcos desde donde Puccini, Verdi o Rossini fueron testigos de los estrenos de sus obras, o ver de cerca cada puntada de un traje lucido por Renata Tebaldi, no tiene precio, así como tampoco lo tiene regresar degustando un delicioso 'gelato' hasta el Duomo. Pero para no tener precio, era muy barato.





Optamos por subir a la terraza de la catedral, tanto para contemplar las vistas de la plaza como para maravillarnos de cerca con la arquitectura imposible del tejado del Duomo.









Pero mirad por donde, no éramos las únicas que estamos pasando un día de turismo allí, y justo al entrar me topé de frente con Fabrizio Moretti (guappoooooo) y Nikolai Fraiture (tú no) del grupo The Strokes. Oh, cielos (como diría Tristón), ¿por qué no me dió por llevar alguno de sus discos en el bolso?





En fin, que ya iba siendo hora de tomar un tranvía para dirigirnos al estadio Giuseppe Meazza, más conocido como San Siro.




Bueno, y a todo esto todavía no he dicho para que fui hasta allí.



Grandes éxitos de ayer y de hoy.
Cuando de pequeña pedía los vinilos de Pet Shop Boys (que aún conservo) para mi cumpleaños, no imaginaba que más de veinte años después los vería en directo, y menos en otro país. Entonces los países extranjeros sin duda quedaban más lejos.



A Take That los conocí un poco fuera de época, cuando ya se estaban separando, Robbie Williams ni siquiera estaba ya, y me interesaban más sus canciones que sus fotos, así que no me puedo incluir entre sus auténticas fans de las que los han seguido siempre, pero los llevo escuchando muchos años, me siguen gustando muchas de sus canciones de la época, y tengo varios de los primeros discos de Williams en solitario. Con lo que no contaba era con que se volverían a juntar, incluido Robbie, y a reciclarse bastante bien. Eso es renovarse o morir, y se han renovado más que bien. No es que hayan dejado de ser los que eran, pero han sabido evolucionar y hacer un pop menos facilón para unos oídos algo más exigentes. A unos tipos que rondan o superan la cuarentena no les pega definitivamente ser la boyband de adolescentes que fueron, por mucho que destacaran entre las demás, y supongo que tampoco se sienten así. Dios mío cuántas fotos olvidables de ellos acabo de descubrir. Cuántas les gustaría quemar XDDDDD. Hay muchas cosas que mejoran con los años...





Bueno, que a esto le llamo yo matar tres pájaros de un tiro.

Pet Shop Boys aparecieron temprano en el escenario, con la tranquilidad de la veteranía y sin la presión de ser el artista principal que debe enfrentarse a una larga gira. Invitados de sus amiguetes. Un breve show de 45 minutos llenos de éxitos que nos sabemos de memoria. No sonaron todos los que son, pero sí eran son todos los que sonaron. Heart, It's a sin, West End Girls, Suburbia, Always on my mind, Se a vida e, Go west... Un espectáculo sencillo y un poco surrealista, con bailarines, sus tipos cachas, sus coreografías e indumentarias sacadas de otra década (o de otro mundo paralelo), con ese toquecillo kitsch que tanto les gusta. Muy muy divertido. Allí los fans éramos minoría, pero al final el estadio acabó bailando y coreando las canciones que casi todos conocían.

Los Take That no tardaron en aparecer, con puntualidad británica, con un espectáculo cuyo ritmo fue in crescendo hasta conseguir un fiestón memorable. Robbie Williams tuvo su pequeño gran show para él solo antes de unirse a los demás, y vaya si caldeó el ambiente. Le faltan 6 o 7 tornillos, no sabe lo que es tener vergüenza y tiene un ego más grande que el estadio de San Siro, pero ese hombre es un puñetero animal de escenario y un showman nato como varias catedrales. Dio definitivamente algunos de los mejores momentos de la noche.



Eso no quiere decir que les hiciera sombra a los demás. Para nada. Cuando por fin juntaron sus actuaciones, se compenetraron y se compensaron a la perfección demostrando tener unas tablas tremendas y estar en perfectísima forma, con algunos viejos éxitos todavía muy vivos, y unos últimos discos (esta vez compuestos íntegramente por ellos) aún mejores. Atrás quedaron los bailoteos juveniles de hace veinte años, aunque Howard y Jason se marcaron un par de brincos que ya lo firmaba cualquier hombre de más de cuarenta.

Evidentemente hay montones de personas a quienes realmente no le interesa este tipo de música, pero también es cierto que con los años son muchos los que han descubierto que Take That no son lo que esperaban encontrar detrás de ciertos prejuicios. Es curioso como no sólo han conservado sus fans de antaño, sino que tras una larga pausa de casi diez años yendo cada uno por su lado, han ido ganando a un público más estable, más numeroso (colocando el cartel de 'no hay entradas' en los 36 conciertos de la última gira que ha recorrido algunos de los estadios más grandes de Europa) y más diverso (allí había saltando gente de ambos sexos y todas las edades).

Están más buenos Son más interesantes, tienen más clase e incluso sus voces son mejores.


Y es que al contrario que como sucede con muchos, y como sugiere este video de su single "The Flood", lo más importante no es llegar el primero a la meta, sino seguir remando.



¿Después? Pues casi no me acuerdo. Casi dos semanas más tarde, acabo de regresar de mi escapada anual a Úbeda y todavía lo estoy digiriendo (la vuelta, no la escapada), pero eso será otro post :).