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19/01/26

En señal de duelo por el accidente ferroviario en Adamuz

 


19 enero 2026

- La tragedia ocurrida ayer en Adamuz nos ha dejado el alma suspendida, como si el tiempo se hubiera detenido en un suspiro de incredulidad y tristeza. Hoy, la gente de bien compartimos un mismo latido: el del dolor por las vidas truncadas, por las familias que amanecen con un vacío imposible de nombrar, por quienes aún luchan por recuperarse.

- En momentos así, las palabras apenas alcanzan, pero aun así se vuelven necesarias para abrazar, aunque sea desde la distancia, a quienes sufren. Que encuentren consuelo en la solidaridad que hoy nos une, y que la memoria de las víctimas permanezca como un recordatorio de nuestra fragilidad y de la importancia de cuidarnos unos a otros.

- Que la serenidad llegue poco a poco, y que la esperanza, aunque herida, no deje de alumbrar.


La felicidad

Imagen orientada hacia la creación final de Gemini

 19 enero 2026


- Amar sin límites, vivir con una libertad que no necesite muelles, defender la justicia como única salida posible… y, sobre todo, recuperar el sentido profundo de cuáles son —o deberían ser— los valores que nos conducen a la felicidad. Durante años hemos ido derivando, casi sin darnos cuenta, hacia un culto a lo material que ha desplazado cualquier otra brújula. Preguntarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos parece hoy un ejercicio reservado a los viejos filósofos de siempre o a esos románticos que aún creen en la utilidad de lo inútil.

- Sin embargo, la vida insiste en recordarnos que la felicidad no es un tesoro oculto en lugares remotos. Está ahí, delante de nuestros ojos, en rincones que pasamos por alto: al otro lado de la cama, en un gesto que no esperabas, en el beso espontáneo de un niño que te llama y habla como si te conociera desde siempre. Y aun así, seguimos buscándola en horizontes que no nos pertenecen.

- Vivimos en una sociedad que premia el pragmatismo, el eclecticismo de conveniencia y el poder como forma de supervivencia. Parece que ese es el precio de pertenecer a este tiempo. Pero quizá la única salida real sea la de siempre: volver a la filosofía, a ese espacio donde el espíritu se refuerza y la vida recupera su escala natural.

- Anoche (una vez más), me preguntaron: “¿Tú eres rico, Enrique?”. Respondí lo único que me salió del alma: “Según en qué”. Me dijeron que era una respuesta demasiado básica. Apostillé: "tal vez ahí esté la clave. Volver a lo básico. Volver a lo que nunca debimos dejar atrás".

A veces pienso que tardé demasiado tiempo en entenderlo, quizá más de lo razonable. Pero llegué. Y cuando por fin dejé de buscar la felicidad en teorías, en metas ajenas o en horizontes que no me pertenecían, descubrí que ella (la felicidad), llevaba tiempo esperándome en lo cotidiano. Hoy vivo abrazado a ella, sin innecesarios alardes, sin certezas absolutas, pero con la tranquilidad de saber que no se esconde: camina conmigo en lo simple, en lo que permanece, en lo que nunca pedía nada a cambio. No era difícil ... bastaba con abrir los ojos y querer encontrarla.

17/01/26

Ellas, el Origen de Todo

Estudio de retratos de familia | Jérôme Art Photography

17 enero 2026

- Velázquez solía decir que “Una mujer no es un ser humano, es la razón de los seres humanos”, y yo, con los años y las vivencias, no he hecho más que darle la razón. No porque las mujeres necesiten ser elevadas a un pedestal (ellas no lo piden), sino porque, cuando uno mira hacia atrás con honestidad, descubre que la arquitectura de su propia vida está sostenida por manos femeninas.

- Mi Madre, con su manera de convertir lo cotidiano en refugio. Mi mujer, que ha sido brújula, puerto y viento a la vez. Mis nietas, que me recuerdan que el futuro también puede ser tierno. Y tantas amigas que, sin hacer ruido, han ido dejando en mi camino una claridad que uno no siempre sabe agradecer a tiempo.

- Si algo he aprendido es que la suerte no siempre se reconoce cuando llega; a veces solo se entiende cuando se mira desde la distancia. Y yo he tenido la inmensa fortuna de estar rodeado de mujeres que no solo han acompañado mi vida, sino que la han hecho posible. Ellas han sido razón, impulso, consuelo, alegría y, sobre todo, humanidad en su forma más generosa.

- Quien piense que esto es así, quien haya sentido en su propia historia esa presencia que sostiene y transforma, sabe de qué hablo. No es una frase bonita: es una verdad vivida. Y bendito sea quien pueda decirlo en voz alta.

15/01/26

Lo que la vida te susurra cuando la escuchas


15 enero 2026

- Todos tenemos a ese buen amigo que, de vez en cuando, nos recuerda y que yo repito en cuanto se me olvida, que ya no tenemos 35 años (ni falta que hace), y que la vida está llena de pequeñas cosas que pasan a nuestro lado sin hacer ruido. Cosas que, cuando eres joven, parecen insignificantes, pero que con los años descubres que son las que realmente importan.

- Su consejo, que hoy comparto, es sencillo y profundo:
"Aprender a apreciar la vida por el simple hecho de vivirla, y vivirla bien. Elegir con quién, elegir por qué, y no dejar que lo esencial se nos escape mientras corremos detrás de lo urgente."
- Muchos no se dan cuenta de esto hasta que tropiezan, igual que nos pasó a nosotros. Y aunque hay aprendizajes que solo llegan así, a golpes suaves o duros, hago caso a ese buen amigo y os paso este mensaje tal como él me lo envió hace ya mucho tiempo acompañado con un viejo vídeo… por si a alguien le sirve.

- Déjate llevar, igual que hago yo cuando quiero recordarlo (a mi amigo), escuchando ese vídeo de André Rieu interpretando el Vals de Primavera (Mariage d'Amour), Paul de Senneville (Piano y Paisajes de la Toscana). Una música que no solo se escucha: te coloca en el lugar exacto donde la vida se vuelve más lenta, más amable y más tuya.

- Si vas con prisas, no abras el vídeo. Guárdalo para un momento tranquilo, cuando puedas dejar que la música te acompañe sin interrupciones.


13/01/26

Debe ser horrible verse así, sin poder pagar, sin poder vivir

Imagen de mi amigo y su Copilot

13 enero 2026

- Esta madrugada, mientras veía cómo se le escapaban algunas lágrimas a la que da luz a mi vida al leer que han aumentado los abandonos de niños en algunos países, me he acordado de lo que le pasó esta semana en Carrefour:

Estábamos en la cola de la Caja X. Delante, un hombre de mi edad, encorvado, con su chándal, sus bambas y su compra entre las manos. Tenía cara de susto y un aire de estar un poco perdido. Al llegar el momento de pagar, la cajera le dice que no llega con lo que ha puesto sobre el mostrador: unas monedas y unos billetes arrugados que había soltado abriendo el puño. El hombre, de acuerdo con la chica, empieza a retirar productos… y, de pronto, detrás de mí, escucho la voz de mi otra mitad diciendo: “No, no, páselo todo”.

Ese “todo” fueron apenas unos pocos euros más, pero bastó para que tanto la cajera como ella, mi otra mitad, acabaran con los ojos enrojecidos y unas benditas lágrimas asomando. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera por el acto de solidaridad que ella tuvo… y por el arrepentimiento que me provocó a mí no haber sido capaz de decirlo antes que ella. Pero lo más curioso y sorprendente fue que el hombre, con una expresión bondadosa y una mueca casi de perrito agradecido, nos dijo: “Gracias, muchas gracias” (sonriendo tristemente), “luego paso y les dejo un cheque”.

- Seguramente mi admirable y agradecido compañero de cola vive en otro mundo. Su felicidad, probablemente, irá ligada a una buena parte de su aparente ignorancia. Pero a mí, a nosotros, nos transmitió algo que no se puede explicar, aunque sí nos puso, una vez más, los pies en la tierra. Cuando le pregunto a madtlv, hoy y aquel día, tras el bendito acto de nuestra cola en Carrefour, me dice algo que me hiela la sangre: “Enrique, debe ser horrible verse así, sin poder pagar, sin poder vivir”.

- Es muy bonito vivir, muchísimo, pero a veces se nos olvida que para, quizás, demasiados también es muy difícil.

*madtlv: Mi amor de toda la vida

11/01/26

Viernes la nuit: cuando la conversación, una buena copa y la amistad hacen que el mundo vuelva a tener sentido.

Crónicas de un "viernes la nuit"

Veteranos en su elemento: brindando por lo vivido y soñando con lo que vendrá
(Archivo de Copilot que no se pierde ni un solo viernes la nuit)

11 enero 2026

- Las conversaciones que se producen cuando los amigos nos reunimos en ese bendito encuentro que bauticé como “viernes la nuit” (y más aún cuando todos somos ya de la llamada “cierta edad”), suelen arrancar con un optimismo admirable. El primer brindis siempre llega cargado de alegría y de esa esperanza tranquila que da la experiencia. Pero basta que algún compañero imprudente abra el melón de la geopolítica o del desorden internacional (y, en menor medida, de nuestras cuitas patrias), para que el tono empiece a oscurecerse, como si la noche quisiera recordarnos que también existen las sombras.

- Y, claro, nunca faltan los feroces cenizos de guardia: esos que disfrutan terraplanizando el mundo y recomendando cascos o mascarillas para protegernos de las supuestas fumigaciones venenosas con las que (según ellos), los aviones pretenden aniquilar a jubilados y parados. Pero, dejando a un lado a esa minoría "tan creativa", siempre acaba imponiéndose la serenidad de quienes ya tenemos el corazón de vuelta de lo que hagan y/o digan los políticos (que no de la política). Al final, lo que se nos ve (y se nos nota), es que somos unos afortunados: disfrutamos de lo vivido, celebramos el presente y confiamos en que lo que quede por venir nos depare todavía buenos momentos. Y lo hacemos acompañando a nuestro entorno y especialmente a los más jóvenes, animándolos (en aquellos momentos en que podemos hacerlo), a tomar las riendas de ese futuro que ya empieza a ser y es, suyo.

- Quizá por eso, cada viernes la nuit termina con una sensación de gratitud difícil de explicar. A nuestra edad, uno aprende que la vida, con sus luces y sus tropiezos, sigue siendo un regalo inmenso. Y que soñar con un futuro en paz y libertad no es ingenuidad, sino un acto de resistencia amable. Mientras podamos seguir reuniéndonos, riendo, discutiendo y brindando por lo que vendrá, ese sueño seguirá vivo.

09/01/26

El silbido de mi abuelo


Fotografía de © Robert Doisneau, L'information scolaire, Paris,1956


09 enero 2026

- Yo no era más que un mocoso (y lo digo en el sentido más literal, porque mis achaques otorrinolaringológicos venían de serie), y aun así, con apenas ocho años, ya me mandaban a hacer recados por las tiendas que rodeaban Santa María del Mar. Mi abuelo, con esa mezcla suya de autoridad y picardía, me daba siempre la misma instrucción: “Compra lo que pone en la nota y diles que luego ya pasará tu abuelo silbando”. Y yo, sintiéndome un hombrecito investido de misión, me lanzaba calle abajo convencido de estar cumpliendo un deber de adulto.

- El ritual siempre terminaba igual: el tendero del Ultramarinos llenaba la bolsa, yo soltaba la frase del silbido, y él estallaba en una carcajada tan desbordada que parecía que alguien le estuviera cosquilleando la planta de los pies con una pluma. Yo volvía a casa desconcertado, y mi abuelo, al escuchar mi relato, se reía igual o más que el tendero… y me abrazaba. Yo no entendía nada, pero me contagiaba de aquella alegría. Me sentía un hombre, sí… y ahora que ya casi lo soy de verdad, puedo reírme de aquello sin que nadie tenga que recordármelo.

- Con el tiempo (y gracias a las ventajas de ser el pequeño de tres hermanos, dos de ellos brillantísimos), mis Padres y, cómo no, mi querido Abuelo, fueron colocándome delante pequeñas pruebas que debía ir superando. El Fuerte Apache de Reyes del 56 me cayó por ser un alumno aplicado en Primaria, y el balón Matollo (ese que cuando despejabas o rematabas de cabeza te dejaba marcado en el cráneo los cordones del cierre), llegó cuando terminé el Bachiller Elemental en el 63 con un NUEVE. Nada venía regalado. Todo tenía su precio en esfuerzo.

Balón Matollo

- Siempre quise ser mejor. Siempre fui inquieto, vivaz, con esa necesidad casi física de sentir que la vida empuja. Ansias de vivir… qué expresión tan grande, tan cierta. Y ahora, cuando reviso mis propias contradicciones, solo puedo decir: “Cuán lejos… y cuán cerca. Nunca estuve tan enamorado de cualquiera de esas dos opciones, tan distantes y tan próximas. Saber elegir cuál mirar en cada momento… quizá ahí esté la verdadera sabiduría". 

En señal de duelo por el accidente ferroviario en Adamuz

  19 enero 2026 - La tragedia ocurrida ayer en Adamuz nos ha dejado el alma suspendida, como si el tiempo se hubiera detenido en un suspiro ...