[go: up one dir, main page]

Mostrando entradas con la etiqueta Felinianas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Felinianas. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de mayo de 2021

Ventana de oportunidad

 

 

   Sacar un provecho más o menos duradero de una circunstancia efímera que tal vez no vuelva a repetirse. Hay grandes victorias que se sustentan en esto. Pero que no se hagan pasar por estrategas los que no son más que simples oportunistas.  


miércoles, 28 de abril de 2021

lunes, 30 de diciembre de 2019

1 de enero



   Llega un día en que uno descubre que su máxima aspiración es la ausencia de toda novedad, la calma repetición de lo vivido. Podría pensarse que es un acto de rendición o, sin llegar a tanto, la aceptación de una vida cumplida, preámbulo de la vejez y su conclusión inevitable. En el mejor de los casos diríamos que es un síntoma de madurez. Juicios erróneos todos ellos, puesto que no hay ilusión mayor ni utopía más loca que la de una vida predecible, de acogedoras rutinas, sin caras nuevas, sin noticias que no sean las de ayer punto por punto. Yo quisiera más de lo mismo siempre, pero sé que lo inesperado vendrá a mi encuentro allí donde menos lo habría imaginado. Quisiera no ir más allá del uno de enero, con su hartazgo, su resaca y su luz indiferente, me bastaría esa nada dichosa de comercios cerrados, de reposiciones de la víspera, de sobras. Con el uno de enero tendría para el resto del año. Y no necesitaría hacer ni una foto más. Qué plenitud indescriptible.



Saludos y salud para todos. Besos y abrazos también, sin tasa.

domingo, 14 de julio de 2019

El oráculo



   Según la leyenda y los designios de Zeus, en Delfos se encontraba el ombligo del mundo. Este eslogan tuvo un éxito inmediato y durante siglos acudieron los griegos de toda condición en busca de remedio a sus precarias vidas o de respuesta a sus no menos precarias ambiciones. Hoy, como sísifos incansables, los guías turísticos levantan el santuario de entre sus ruinas para los grupos de visitantes que renacen y se recomponen una y otra vez. La peregrinación cambia de signo, pero no se detiene nunca.

  Entre el barullo de lenguas, un gato me da la bienvenida a la entrada del recinto. Asciende perezoso el camino sagrado y decido seguirlo. Su recorrido se aleja un tanto del oficial pues tan pronto husmea en torno a unas columnas como busca la sombra del laurel junto al estadio o se encarama en una partitura de piedra mientras contempla con los ojos entrecerrados el valle del río Pleistos. Trato de sacarle de su ensimismamiento y le pregunto por las dos conocidas máximas labradas en el pórtico del templo de Apolo: “de nada en exceso” y “conócete a ti mismo”.

- Otra broma de los griegos –me dice sin mover siquiera los bigotes- Todo el mundo cree que se trata de una invitación a la templanza, al equilibrio necesario para alcanzar la sabiduría.
- ¿Y no lo es?
- Más bien todo lo contrario. En realidad, para cumplir con el primero de los axiomas es necesario desobedecerlo y solo entonces podemos aproximarnos al segundo.
- ¿Ah, sí? Tendrás que explicarte.
- Es claro –afirma después de pasarse la lengua por las uñas- Si en nada debemos excedernos, también en el uso de la mesura tendremos que ser prudentes y por tanto habremos de permitirnos ciertos excesos si no queremos llevar ese principio de moderación a un extremo pernicioso.
- Eso me suena a sofisma, querido amigo.
- En absoluto ¿Cómo podríamos conocernos a nosotros mismos si ignoramos cuáles son nuestros propios límites? ¿Acaso un viajero puede decir que conoce verdaderamente un país sin haber alcanzado sus últimas fronteras? 

  Sin previo aviso bosteza, arquea el lomo y echa de nuevo a andar con la cola levantada, mientras prosigue entre los mármoles su breve digresión:

- El problema reside en que las fronteras de ese extraño territorio que es uno mismo y por extensión todos nosotros, se desplazan constantemente a medida que se recorre y a causa de recorrerlo. Y así no hay manera de fijar un punto medio.
- Entonces ¿los dos principios son una pura falacia? –le replico algo irritado.
- Yo no diría tanto… -contesta mientras se aleja entre las jaras floridas y los cipreses. 

  Al salir me encuentro de nuevo al felino: yace cual esfinge en mitad de la corriente incesante de turistas, dueño de sí, con una parte de valor y otra de templanza, estoico y epicúreo a un tiempo. Algo me dice que ha estado tomándome el pelo. Creo que él conoce la ubicación exacta del centro del mundo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Duelo al atardecer



   Se sorprende al verme. No esperaba encontrarme allí, a esa hora de luces inciertas, esa hora que es tan suya, la de ir tomando posiciones, la de ponerle cara a las sombras justo antes de que se desvanezcan. Él, que con los años ha aprendido a disolverse, a no molestar, a pegarse a las paredes, practicando desde el día en que nació hasta convertirse en maestro de la irrelevancia. 

   Comienza a caminar hacia mí con intención oblicua, abriendo un ángulo tal que al acercárseme también se aleja, siempre buscando la tangente. A mi vez voy separándome de él, hasta encontrar un rumbo de ceñida por el que aproximarme. Esa danza tiene algo de combate de púgiles sonados. Un haz de luz barre el cuadrilátero. Sin tocarnos, sin necesidad de hacerlo, nos reconocemos en nuestras disímiles soledades. Mantenemos la distancia con mimo: es el espacio necesario para vernos de cuerpo entero, tal cual somos. 

   Luego hay un punto en el que la propia deriva de nuestras órbitas nos hace perder contacto y salimos despedidos del plano en direcciones opuestas. Desciende el aire azul sobre el promontorio. Observo por el rabillo del ojo cómo guarda la cámara. Oigo cerrarse uno a uno los dientes de la cremallera.

viernes, 1 de septiembre de 2017

El viejo y la gata







Pincha en las imágenes para verlas a mayor tamaño
    

Hoy como entonces, el viejo alisa la hoja de la guadaña y el tiempo se concentra en torno a esa tarea que se demora por el filo de la tarde. Mientras, la gata, tendida a sus pies, amortigua en si todos los sonidos. Cuando yo llego, el viejo hace una pausa en su golpeo y la gata en su reposo. El fotógrafo presencia la gracia de una danza no escrita en la que involuntariamente participa. En momentos como este el reto ya no es saber cuándo disparar sino cuándo dejar de hacerlo.

martes, 17 de enero de 2017

Estrategias



    El frío empieza a menudo por un escalofrío, esa descarga simultánea de miedo y placer que nos produce su predicción, su anuncio en grandes caracteres como el título de una peli de catástrofes. Con ese anticipo empezamos ya a hacer acopio frente al descenso de temperaturas. 

    Para ello hay al menos dos estrategias posibles que la naturaleza nos sugiere: una, afrontarlo con acumulación de capas exteriores; otra, replegarnos hacia el interior de nuestros confortables agujeros. 

    El fotógrafo se pregunta entonces qué expresa mejor el frío: si la humedad escarchada y azul de los caminos o la humedad que se condensa en las paredes del salón como el sudor de una fiebre que sufre la casa por nosotros. 

    Y duda entre mirar a la intimidad o a la intemperie. 


martes, 13 de diciembre de 2016

Alma centrífuga




    La clave del secreto del funambulista reside en haber comprendido que siempre y en todo lugar caminamos sobre un borde tan fino como el filo de una navaja. Y que ese espacio es más que suficiente en este baile de sombras.


martes, 13 de octubre de 2015

Se busca



Estoy seguro de que saben más de lo que dicen. Lo noto en su mirada, en sus ademanes evasivos, en su falsa indiferencia, pero sobre todo en su manera de mantener la cola a una altura que no llame la atención. Son los amos de la noche y tienen ganzúas para las que aún no se han hecho cerraduras. Todos cómplices de un crimen perfecto sin culpables y sin víctimas.

sábado, 26 de julio de 2014

Salvando las distancias

                                                                                                                        Uztárroz - Navarra

El vacío no es más que cierta clase de superficie cuya estructura se acomoda al impulso. Por eso él, que lo sabe sin haberlo aprendido, solo necesita una brevísima extensión del espinazo para abrir y cerrar ese paréntesis que llamamos salto. Pero para mí, que no estoy para tales florituras, este salto se convierte sobre todo en un salto en el tiempo: 2014-1958: a Pérez-Siquier se le mueve el gato de la foto y desde entonces siguen ahí las miradas prendidas, pendientes del gesto, de ese instante en el que somos uno con el aire.

sábado, 15 de marzo de 2014

lunes, 23 de septiembre de 2013

La tregua



Tras años de frecuentes escaramuzas y algún que otro enfrentamiento, terminaron venciendo el hartazgo y la pereza, los mediadores más eficaces.
Entonces, a modo de paz, acordaron una tregua; y de paso, para no recaer nunca más en la tentación de la venganza, decidieron convertirse a la estricta fe de los escépticos.
Así hasta que al cabo de unos días, como notaran que empezaban a perder la costumbre de la guerra, salieron juntos en busca de nuevos y comunes enemigos.
        

miércoles, 7 de agosto de 2013

Sorpresa


No creas que me sorprendo al verte pues ya tus pasos te anunciaron mucho antes de llegar. Lo que en verdad me sorprende es tu calma, tu total ignorancia de quien te sigue tan de cerca que ni siquiera te concederá la distancia necesaria para la sorpresa.

sábado, 29 de diciembre de 2012

La presa equivocada




Inalcanzable no por veloz
ni por lejana,
sino por la terca transparencia
en que se oculta, tiembla
la presa mientras quieto el cazador
quietud aguarda,
ignorando que el segundo
final será el suyo también
y no bastará para alcanzarla.



(En ese culto a Kronos que tiene lugar el 31 de diciembre, tras ese pacto que firmamos con las copas en alto, portémonos de una vez como verdaderos conjurados, conjurados del ahora, y merezcámoslo. Un abrazo, compañeros.)

sábado, 18 de febrero de 2012

Destreza felina



Tras un riguroso estudio realizado durante los pasados días 15 y 16 de febrero, he podido comprobar científicamente que, entre las cuatro y las cinco de la tarde y en ausencia de lluvia, los gatos acuden a los bancos de parques y aceras para permanecer sobre ellos en actitud de reposo durante un lapso de tiempo variable. Hasta aquí todo parece dentro de los parámetros normales: un lugar cálido y seco, bueno para descansar un rato. Sin embargo, existe un dato adicional que hasta ahora nunca había sido constatado: en el 100 % de los casos (cinco) sometidos a examen, el gato indefectiblemente se sienta o acuesta en la mitad derecha del banco. Las pruebas están en la tarjeta de memoria de mi cámara. La causa de tan curioso comportamiento no ha podido ser determinada todavía. Los ejemplares analizados rehuían de forma reiterada cualquier tipo de acercamiento por parte de este analista. Pero el dato es incontestable. Dirán los escépticos que la muestra no es lo suficientemente amplia como para establecer conclusiones extrapolables al conjunto de la población felina. Por mi parte solo puedo afirmar que mientras no encuentre un gato que se recueste en el lado izquierdo del banco sostendré la validez de mi descubrimiento. Además, el hecho de que un gato pudiera ocasionalmente adoptar un comportamiento digamos “izquierdante” tampoco sería motivo suficiente para rebatir el “principio de postración diestra”. En cualquier caso, es ésta una circunstancia harto improbable, al menos en la población donde resido. Desde que enuncié mi tesis, paseo arriba y abajo sin descanso por sus calles y puedo garantizar que ningún gato permanecerá en la siniestra el tiempo suficiente para desmentirme. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mirada retráctil



Aprovechar no la luz sino la lucidez tambaleante que uno tiene al levantarse demasiado pronto, innecesariamente, y pasar sobre el mundo la mirada todavía retráctil, deslizarla oblicua como un carboncillo sobre el relieve oculto de las cosas, porque solo al amanecer se desvela la geometría de la noche, igual que la mecánica se manifiesta entera en el arranque.

domingo, 19 de diciembre de 2010

lunes, 15 de noviembre de 2010

Traje de calle



Traje de calle, a la medida
de los retales con que se cosen las ciudades,
del color de las esquinas,
del tejido
      con que se tejen
                      los tejados proclives
al intercambio de las tejas.

Traje que lleva de calle
al vecindario de ancianas y gorriones,
callejero urdido sin costuras
en un trajín de patios sombríos y solares,
camaleón que no cambia
de color sino tan solo de postura.

Traje que ciñen al talle dos botones, brillantes
tus ojos me anticipan desde el cabo de la calle
en el que andas sin saber,
y aunque lo sepas,
que los ojos también por el brillo te delatan
y una vez perdido
el traje, somos tú y yo
la misma sombra desvalida.

martes, 18 de mayo de 2010

Siesta


Entra y sale del sueño con esa agilidad que le caracteriza, como si dormir solo fuera para él una forma astuta de estar despierto.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Fronterizo


Encuadrado tal vez. Encasillado nunca. Experto en gestión de bordes. Presto a desaparecer.

Archivo del blog