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martes, 7 de enero de 2025

Iotunn: Kinship (2024)

"Ambicioso y expansivo..."

El que exista TANTA (y buena) música en la actualidad presenta un problema para las nuevas bandas: que se enfrentan a una vara alta de entrada. Tenemos tanto hoy que escuchar, sobre todo en el mundo del metal, que es nada sencillo el abrirle puertas a nuevos proyectos. Incluso hay muchos que ni siquiera lo intentan, abrazando la nostalgia con sus discos de bandas de veinte, treinta o cuarenta años atrás. Y de ahí no salen. 

Lo anterior a propósito del segundo álbum de los daneses Iotunn, quienes regresan a tres años del debut transmitiendo nuevamente esa sensación de querer abarcar el máximo posible mediante un trabajo ambicioso y expansivo, un álbum que mixtura un death melódico con elementos progresivos/sinfónicos y atmosferas marcadamente emocionales. Ahora, volviendo a mi idea inicial, la banda sabe que este plato ya ha sido preparado por múltiples pares durante estos años por lo que se esfuerzan en condimentar la receta a tope, llevando el disco casi hasta los setenta minutos de música, intentando avanzar por distintos frentes, estirando bastante los temas (algunos incluso más allá de lo prudente) y corriendo por tanto el riesgo de resultar empalagosos ante un auditor casual. El resultado, sin embargo, es un disco por el que vale la pena sumergirse.

Para muestra un botón: la partida a cargo de 'Kinship elegiac', un viaje de trece minutos en donde la banda se mueve a placer por diferentes atmósferas, con momentos de calma, aceleraciones que les acercan a un metal más duro y pasajes instrumentales, algunos cerebrales y otros emotivos. La sensación que deja la canción es que Iotunn han puesto realmente todo lo que son en esta, lo cual inevitablemente te lleva a pensar en qué podrían hacer durante los siguientes sesenta minutos para generar algún tipo de impacto, siendo esto precisamente lo que termina pesándole a un disco como Kinship, un álbum bien compuesto, que cuenta con momentos suficientes como para captar nuestro interés pero que al mismo tiempo cae en el sobre cargo y la redundancia. 'Mistland', por ejemplo, es otra canción extensa (nueve minutos) que funciona como una perfecta continuación de la línea que 'Kinship elegiac' trazó, aunque ya se hace algo larga. Por lo mismo se agradece el que 'Twilight' incorpore elementos de un death más oscuro y agresivo, ya que con esto se produce un atinado y necesario cambio de tono en un disco que venía siguiendo un camino excesivamente teatral. Por cierto, un aplauso para la labor vocal de Jón Aldará, tremendo moviéndose tanto arriba como en guturales. 

Las tres primeras canciones del disco ya han abarcado media hora de música, no es poco, sin embargo la banda redoblará la apuesta en el nudo mediante como 'I feel the night' o 'The coming age', otros quince minutos que están muy bien en términos de composición y que individualmente claro que funcionan pero se entorpecen entre sí al insistir en una misma tecla. A veces menos es más, sobre todo cuando el impacto ya lo has conseguido previamente. Viene bien por tanto la aparición de una balada plenamente acústica como 'Iridescent way', que ayuda a tomar aire previo a la descarga final marcada por una veloz y agresiva 'Earth to sky' seguida de los once guturales minutos de 'The anguished ethereal', un cierre impecable para el álbum.

Siendo un tremendo trabajo, repleto de momentos instrumentalmente contundentes y con una producción impecable que ha sabido sacar brillo a las ejecuciones, Kinship de Iotunn inevitablemente transmite la sensación de "no querer ser menos", con una banda que ha puesto absolutamente todo lo que tenían sobre la mesa. ¿Quién podría culparlos? Ante la incertidumbre de la recepción del público dicen que siempre es mejor que sobre a que falte. El resultado ha sido un álbum potente, de estructuras intrincadas y donde cada canción funciona como un mundo en sí misma. Como conjunto eso si, a momentos se vuelve pesado por lo que es de esperar que en una siguiente entrega calibren esto, mira que todo lo demás lo tienen. 

¿Canciones?  'Kinship elegiac', 'Earth to sky' y 'The anguished ethereal'.

8,5 / 10
¡Excelente!

viernes, 12 de enero de 2024

Myrkur: Spine (2023)

 "Solo insinuaciones..."

Seguir pegándole a la danesa Amalie Bruun (a.k.a Myrkur) por su abandono del metal a estas alturas del partido me parece un completo sin sentido. Sobre todo considerando el que apenas en su segundo álbum (Mareridt, 2017) la mujer giró con fuerza hacia su arista más folk/pagana, es decir, rápidamente se sinceró y asumió que difícilmente la música extrema sería lo suyo, línea que acentuó posteriormente en Folkesange (2020), cuya reseña injustamente pasé por alto acá en mi querido blog, y confirma en este nuevo Spine, quizás con el matiz de que esta vez explora aristas un tanto más diversas, insistiendo en su veta más atmosférica pero confrontándola con pasadas cargadas a lo melódico e incluso alguna incursión en los sintetizadores. El resultado no deja de ser interesante, sin embargo, a la hora de llevar todos los ingredientes a cocción hay algo que no funciona bien, dejándonos un plato algo amargo como resultado.

Me explico. En Spine encontramos, por sobre todo, diversidad y prueba de esto es su partida, donde dispara hacia distintos lares. Tras una intro dispuesta a situarte en medio del bosque sonará 'Like humans', que es el single claro del álbum, casi cinco minutos que oscilan entre la oscuridad de las estrofas y un coro tremendamente popero. No es un mal tema pero cuenta con un claro problema: la producción. Y es que en el afán de darle realce a la dulce voz de Amalie (la cual carece de potencia, por lo que necesita de "ayudas" para sobresalir) han puesto a la banda totalmente detrás, restándole fuerza a las guitarras y dejando lo que podría haber sido una canción colosal en algo que se cuece todo el tiempo a fuego lento, insinuando una explosión que no llega de manera adecuada. Ejemplo de lo que menciono es el blast beat que meten en la recta final (tras el 3:45), el cual luce completamente fuera de lugar (si vas a darle poder a la batería, ¡dáselo en serio!), incluso estorbando más que aportando. Este fenómeno tenderá a repetirse en distintos momentos del disco, por lo que una canción como 'Mothlike' cuando abraza el synth pop funciona de maravillas pero en cuanto aparece el "peso" (esta vez a los dos minutos, donde Amalie incluso mete unos growls por ahí) nuevamente se entorpece el trámite. Es evidente que la artista ha intentado jugar con ese contraste entre una voz cristalina altisonante con  arreglos "no simétricos", algo que nuevamente intentará conjugar más adelante en 'Valkyriernes sang', por ejemplo, pero claramente no le ha encontrado el punto al asunto. Yo culpo a la producción. 

Por todo esto, cuando la vocalista se asume una especie de Enya moderna en una canción como 'My blood is gold', es cuando mejor suena. Lo mismo en el cierre del álbum con 'Menneskebarn'. La voz de Amalie Brunn es bonita y clara por lo que sin guitarras ni batería y solo con un piano + violines luce como corresponde y todo parece cuajar. De todas maneras, también algo mejor le irá con 'Spine' (la canción) o en 'Blazing sky', gracias a que los tiempos van más lentos, lo cual ayuda a poder conectar con las olas de guitarras que se van soltando. 

La experiencia que Myrkur entrega no deja de contar con momentos atractivos, la paleta que la artista presenta posee múltiples colores y eso se agradece, sin embargo, las buenas intenciones no han contado acá con manos capaces de darle realce y vida al conjunto. Spine es un álbum que insinúa momentos pero rara vez los encuentra como corresponde. 

¿Canciones? 'Like humans' y 'My blood is gold'.

6/10
Bueno, cumple...

Otras reseñas de Myrkur:
2017: Mareridt

sábado, 15 de enero de 2022

Volbeat: Servant Of The Mind (2021)

"Se esfuerzan..."

A estas alturas del partido, con ocho discos bajo el brazo, está claro que lo de Volbeat se remite a un "tómalo o déjalo". Los daneses son lo que son, mostraron sus cartas por 2007/8 (aclaremos: sin jamás haber sido nada más allá de una banda simpática) y desde ahí únicamente se han dedicado a administrar una discografía con una clara pretensión: lograr algún día ser una banda de estadios. Una especie de Foo fighters modernos. El problema, sin embargo, siempre ha sido el mismo: se les ve el plumero a kilómetros. Basta darle play a cualquiera de sus discos para de inmediato, a los 20 segundos, descubrir detrás de que andan. Y es que su música luce tan jodidamente cerebral, tan pensada, tan poco espontánea, que la pasión muere antes que llegue cualquier tipo de ilusión. En ese camino venían volando muy bajo con sus antecesores por lo que algo como Servant of the mind evidentemente suena a regreso con mayúsculas, pero valga la aclaración: no es que este álbum sea tan bueno, es que los anteriores eran MUY MALOS

Hay que darles a los de Michael Poulsen el que esta vez han logrado entregar un trabajo diverso, intentando combinar sus clásicas canciones rocanroleras y melódicas estilo 'Temple of Ikur', 'Shotgun blues' o 'The devil rages on' con otras juguetonas tipo 'Wait a minute my girl', así como incorporar pasadas más "heavy" que huelen al Metallica con descaro, como 'The sacred stones', que es una especie de 'Harvester of sorrow' + 'Sad but true' (aunque se agradece la aceleración que regalan tras el 4:53), o 'Say no more' (el riff + redoble en la partida es idéntico al de 'Eye of the beholder'). Paradójicamente, cuando Volbeat tributan a sus referentes norteamericanos es donde mejor suenan (¡era que no!), pero en lo personal me quedo esperando el disco pesado y duro que Michael Poulsen prometió en declaraciones previas al lanzamiento. ¿Dónde está el desate? ¿El filo? ¿La rabia? Es que simplemente no está. Volbeat es una banda impostada, una fachada, una constante máscara. Para prueba, cosas como 'Heaven's descent' o 'Becoming', que abren con mucha energía pero tardan veinte segundos para caer en el estrofa/coro típico, que no es otra cosa que la banda persiguiendo por enésima vez "su disco negro".

Lo han intentado de todas maneras, Servant of the mind es mejor que cualquiera de sus antecesores, pero insisto, no por méritos propios sino porque la vara estaba muy abajo. De todas formas han entregado un disco entretenido que a sus fans seguro caerá bien pero donde el énfasis sigue puesto en el gancho, en el pop, pero el rock brilla por su ausencia. Estaría bueno que Volbeat se sinceraran de una vez por todas, probaran el eliminar las guitarras y metiesen teclados a su sonido, algo tipo The killers, seguro sonarían más coherentes. Michael Poulsen no lo haría mal en plan Brandon Flowers

¿Canciones? 'The sacred stones', 'Say no more', 'Heaven's descent'.

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Volbeat:

viernes, 3 de diciembre de 2021

Møl : Diorama (2021)

Para Joaquín. Por el cariño y el dato...

"Altas esperanzas..."

Dentro de las mixturas que se desarrollaron en el mundo del metal durante la pasada década, una de las más interesantes resultó ser el llamado blackgaze, popularizado con fuerza en sus inicios por Deafheaven o Alcest pero trabajado posteriormente por bandas menos conocidas aunque igual de talentosas como es el caso de los daneses Møl. Desde hace unas semanas su segundo disco vive entre nosotros, en el cual alargan de buena forma la sombra que alcanzó su debut de tres años atrás Jord (2018)

En dicha línea y como punto de partida en cualquier reseña, la comparación con Deafheaven resultará inevitable para este tipo de bandas, y así seguramente ocurrirá durante varios lanzamientos posteriores de Møl, quienes conscientes del hecho han decidido marcar distancia con los norteamericanos abriendo el género hacia aristas donde la mixtura luce aún más natural y los pasajes black fluyen sin problemas hacia atmósferas de extrema belleza. Ocurre, por ejemplo, en mi favorita del álbum 'Serf', claro exponente de lo que este álbum pretende lograr, al menos en toda su primera mitad. En esta, tras una partida melódica irrumpirá la cabalgata black con Kim Song Sternkopf dejándose la garganta en cada estrofa, encontrando siempre un equilibrio perfecto entre fiereza y delicadeza, con un trabajo en batería que destaca. Una maravilla de canción que no necesita más de cinco minutos para anotarse entre los singles mejor logrados que habremos oído en este 2021.

Antes y después el álbum habrá encontrado otros pasajes notables, abriendo en 'Fraktur' con minuto y medio instrumental en ascenso para luego reventar entre rugidos furiosos que sabrán cerrar en el momento preciso, mientras que en 'Photophobic' o 'Vestige' (esta en danés) irán directo al grano machacando desde un inicio aunque siempre incorporando uno que otro guitarrazo melódico entre estrofas, incluso con un parón y sección absolutamente limpia la recta final de 'Vestige'. De igual forma, en 'Redacted' la banda también sabrá detenerse y bajar las revoluciones en su trámite, aportando diversidad al conjunto incluso desde las vocalizaciones pues en esta se alternan los clásicos aullidos con guturales, cosa con la que también se juega en 'Itinerari', haciendo un coro con voces limpias.

Otro aspecto a destacar en Diorama es la capacidad de la banda para entender que no es necesario alargar un tema (ni el disco) innecesariamente para entregar contundencia, todo un mérito que en lo personal aplaudo cada vez que me lo encuentro en un álbum. Acá replican la estructura del debut de 2018 entregándonos solo ocho canciones en cuarenta y seis minutos donde casi todas cierran a los cinco minutos, siendo únicamente las dos finales las que superan los siete, precisamente las que en el global más pesadas y difíciles de llevar se vuelven. 

Con su segundo álbum Møl siembran altas esperanzas respecto a su futuro. Beben claramente de los referentes del blackgaze pero saben encontrar un espacio propio en el sitio.  Habrá que ver hacia donde llevan esto en un tercer álbum pero por ahora pinta excelente...

¿Canciones? 'Serf', 'Fraktur', 'Photophobic'.

8 /10
Excelente.

jueves, 8 de agosto de 2019

Volbeat: Rewind, Replay, Rebound (2019)

“Rock & roll insustancial...”

No hay caso con Volbeat. Quienes continúan esperando un giro hacia un sonido de mayor peso deberán seguir esperando ya que, en la misma línea de sus anteriores álbumes, los daneses han decidido con su séptimo disco dar continuidad al rock ligero y meloso que vienen desarrollando desde hace varios años. En esa línea en Rewind, replay , rebound vuelven a meter mano a un rock & roll que aspira a ser divertido y contagioso, que por momentos (contados momentos) funciona pero que en el global acaba por entramparse a falta de su evidente falta de ambición. 

Hay excepciones por supuesto, que la dinámica partida a cargo de ‘Last day under the sun’ (que bebe claras influencias de los ochenteros Huey Lewis and the News) + ‘Pelvis on fire’ resulta atractiva y logra captar nuestra atención. No durará esta demasiado, sin embargo, ya que rápidamente el mismo disco se encargará de regalar estructuras en extremo sencillas y repetitivas con el medio tiempo ‘Rewind the exit’ y la rocanrolera ‘Die to live’. Ahora, donde definitivamente nos agarraremos los pelos será con ‘When we were kids’, candidata desde ya a la canción más ñoña del año. Desesperante es poco.

La segunda parte del disco volverá a regalar un momento grato en ‘Sorry sack of bones’, otra canción que gracias al buen juego de bombo + guitarras que propone lleva a pensar el que Volbeat, de proponérselo, podrían sacar mejores discos. Sensación que vuelve a dilapidarse con la pasada por ‘Cloud 9’ + ‘Cheapside sloggers’, insustanciales a más no poder. De igual forma toda la recta final (¡que el disco es muy largo además!) está plagada de canciones que rozan el rock adolescente y donde de verdad cuesta seguir ahí, en esos riffs de poco peso y estructuras estrofa/coro que se suceden una tras otra sin dejar absolutamente nada medianamente recordable.

Me sigue ofendiendo la comparación que muchos sitios continúan realizando entre Volbeat y las pasadas de, por ejemplo, Metallica o Megadeth por Load (1995) o Cripting writings (1996). No nos dejemos engañar, que entre aquello y esto existe un mundo de diferencias y, por sobretodo, de ambiciones. 

4 / 10
Malo.


Otras reseñas de Volbeat
2016:  Seal the deal & let’s Boogie

sábado, 18 de noviembre de 2017

Myrkur: Mareridt (2017)

"Amplia el interés..."

En 2015 Amalie Brunn, vocalista danesa proveniente del mundo del pop, debutaba en el metal con un álbum muy comentado en su momento, criticado e incluso repudiado por muchos. En lo personal, M me pareció un trabajo que pese a sus fallos (la falta de cohesión, por ejemplo), logró entregar un puñado de canciones diversas que cumplían con el objetivo de sembrar un interés respecto al futuro de la vocalista. Y en ese sentido, lo que esta viene a entregarnos dos años más tarde no hace sino ratificar que hicimos bien en mantenernos alertas. Mareridt es un disco más compacto que el debut, que evidencia una linea más coherente en su global y que vuelve a dejar instaladas gratas sensaciones respecto a lo que podría venir de ahora en adelante.

Lo primero que quisiese comentar respecto al álbum es que quienes consideran que Brunn no pertenece por naturaleza al mundo del metal deberían sentirse satisfechos con este, ya que salvo contados momentos donde el disco coquetea con elementos cercanos al black metal (canciones como 'Maneblot' o momentos de la fantástica 'Ulvinde'), gran parte del trabajo dispara hacia otras latitudes, todas muy oscuras por cierto, pero desde perspectivas que distan absolutamente de la música extrema. Nos encontramos así con pasadas que sacan partido al dulce registro de la danesa, como es el caso de 'Mareridt' (la canción), 'De tre piker' o 'Crown', pasajes que encaran un rock más denso, con riffs espesos y repetitivos que regalan murallones de guitarras bastante interesantes, ahí destacan 'The serpent', 'Elleskudt' y 'Funeral' , o piezas instrumentales que abordan sonidos más folclóricos plagados de violines y percusiones, como ocurre en 'Kaetteren'.

Puede que Mareridt marque el distanciamiento definitivo de Myrkur con la música extrema (ojo a los temas extras que la versión limitada regala, que quizás están entregando señales pensando en el futuro), sin embargo, este aspecto honestamente me parece irrelevante en su caso. Más allá del morbo que genera esta situación (una mujer modelo aullando registros cercanos al black), lo interesante respecto al proyecto sigue siendo la diversidad musical que propone, la cual en este caso vuelve a salir bien parada y mientras lo musical sea el centro, creo todo lo demás seguirá pasando a segundo plano.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Myrkur:

viernes, 15 de julio de 2016

Volbeat: Seal the Deal & Let's Boogie (2016)

Fenómeno de marketing. 

Una de las razones por las que amo internet y me siento un absoluto privilegiado de poder vivir esta era, es por la posibilidad de hacer esto: obviar a los medios oficiales y sostener mi propia opinión. Creo que aquello es impagable, el poder, aunque sea de una manera tan mínima e insignificante como esta, darle la espalda a la industria y a todo aquello que me quieren hacer creer. 

Todo esto a propósito del más reciente de Volbeat, banda danesa acerca de la cual he tenido que leer desde que "han inventado un estilo" hasta que son "la revelación de la década" o el "relevo generacional para liderar los grandes festivales".  Eso además de tener que tolerar constantes comparaciones con Metallica (?) a raíz del happy soft rock que desarrollan. Esto último me lo he tomado personal ya que estoy entre aquellos que hasta el día de hoy disfrutan con la etapa noventera de Metallica (Disco negro / Load + Reload / Garage Inc.) tanto como con su ochentera, y perdónenme pero esto de Volbeat no tiene absolutamente nada que ver con todo aquel cambio estético y musical que los de Hetfield + Ulrich desarrollaron. 

Lo de Volbeat encaja dentro de aquellas bandas que seguramente en su seno interno escuchan metal solo que "de algo hay que vivir". Prueba de lo que menciono se encuentra en sus primeros álbumes, discos donde equilibraban elementos de metal (bastante clichés claro, pero elementos al fin y al cabo) con un sonido en general accesible y de fácil oída, aspecto que trabajo tras trabajo han decidido acentuar hasta llegar a esto: su álbum más pop lanzado a la fecha. Ahora, en lo personal no tengo problemas con que una banda haga pop (basta ver mi blog para verificarlo), tampoco con que disfracen sus intenciones dándoselas de rockeros, pero donde si topo es cuando la música es mala y descaradamente falsa, ahí Volbeat me la han dejado muy fácil con un disco monótono y de evidentes intenciones, aunque claro, no pertenezco yo a su target por lo que seguramente sin cuidado debe tenerlos el no haber ganado un admirador conmigo.

Lo mejor de Seal the deal & let's boogie está en sus primeros diez segundos, ahí un contagioso riff muy Motorhead aparece y te dices "eyy, esto no pinta mal", sin embargo, basta que entre la voz de Michael Poulsen a escena para que la magia desaparezca, con la llegada de los coros ni hablar, se les ve el plumero en todo momento. Esto mismo ocurre en varios temas donde el riff inicial no va mal pero la estructura puente/coro es realmente fatal y forzadísima, dos ejemplos: 'Marie Laveau' y 'Gates of Babylon'. Hay otras, sin embargo, que son un desastre de comienzo a fin, canciones que realizan esa partida pop clásica de bandas tipo Blink 182 con guitarrita + verso, de esas hay varias: 'The bliss' , 'Black rose' o la vomitiva 'Mary Jean Kelly', o sea, los momentos más bajos de Green Day o The Offspring son Mozart al lado de esto...

No sería nada incluir tres o cuatro ganchos comerciales en medio de un álbum diverso, pero el problema es que las trece que acá nos entregan son todas idénticas, cada una de ellas podría ser un single por lo que el asunto al llegar a la séptima agota sin remedio, en esa linea a mi me han agradado dos temas: 'Seal the deal' y 'The devil's bleeding crown', con el resto no he podido. ¿Qué es un disco bien compuesto? No lo se, depende de lo que entendamos por aquello y quiero insistir: no soy un purista, pero de la música de laboratorio yo paso y acá estamos frente a eso, una banda que pretende ganar en el mercado norteamericano, para ello ingresó a sus filas a Rob Caggiano (ex guitarra de Anthrax) y poco a poco se ha transformado más en un fenómeno de marketing que una banda de verdad. 

Pero bueno, tal como dijo Messi : "Se acabó, no es para mi".

3/10
Muy malo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Myrkur: M (2015)

"Fenómeno mediático digno de atención..."

La última maravilla (?) dentro del mundo del black metal tiene forma de mujer y proviene desde Dinamarca. Se trata de Amalie Bruun, quien bajo el seudónimo de Myrkur ha logrado en muy poco tiempo dividir aguas dentro de los amantes de la música extrema. Para muchos, la mujer no pasa de ser un fenómeno mediático cuyo éxito se debe más que nada a su imagen de chica dulce, mientras que otros han visualizado en ella la capacidad de romper con ciertos esquemas tradicionales del género. Sea como sea, el proyecto tanteó terreno con un EP en 2014 y dado el revuelo generado ha tardado menos de un año en regresar con disco debut, el cual como era de esperar ha profundizado las diferencias de opinión en torno a la compositora.

Amelie no se ha complicado con el álbum, desde su título, duración, hasta su sonido. En un poco más de treinta minutos la mujer trabaja una mixtura musical que incluye desde folclor nórdico hasta elementos propios del black e incluso el gótico. El principal mérito de Myrkur radica ahí, en el intento por expandir los límites del estilo y entregar un disco que dispara hacia varios lados, lo cual lo vuelve bastante accesible a personas que no siguen tradicionalmente el metal.

El álbum abre, por ejemplo, con un interesante instrumental titulado 'Skogen skulle do', una pieza que enlaza juegos vocales con arreglos de cuerdas bastante amenos, algo similar se dará más adelante en la dupla 'Volvens spadom' + 'Jeg er guden, i er tjenerme' (que en realidad son una sola), la cual introduce una serie de voces femeninas para luego dar paso a las guitarras y la oscuridad. Hay otros pasajes en donde Brunn utiliza su voz de manera muy limpia y sutil, acompañada en ocasiones únicamente por su piano y en otras generando ambientes con las guitarras, ahí canciones como 'Onde born' o 'Dybt i skoven' funcionan bastante bien. Finalmente hay tres temas (si, sólo tres) en donde la mujer aborda decididamente sonidos más sucios y ligados al black metal, acá la oímos sacando gritos guturales en medio de estructuras relativamente comunes.  

El álbum funciona entonces como una especie de collage de estilos, con lo que este gana en diversidad pero pierde en cohesión. No estamos frente a un disco que efectivamente expanda el black metal, sino más bien uno que pega con cola un conjunto de ideas correctamente trabajadas, pero todas por separado. Ahora, de todas maneras el primer disco de Myrkur cumple de sobra, efectivamente no descubre nada nuevo pero si al menos anticipa una carrera digna de atención. 

7/10
Muy bueno.