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jueves, abril 03, 2025

NOVEDAD. Confluencia del cristianismo y de la sabiduría universal

Reseña de REMI BOYER sobre el libro de J. M. d’Ansembourg, «Ensayo sobre el Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux. Confluencia del cristianismo y de la sabiduría universal», publicado por editorial Obelisco,

 

Información: https://www.edicionesobelisco.com/libros-de-esoterismo/3887-ensayo-sobre-el-mensaje-reencontrado-de-louis-cattiaux.html

Reseña de Remy Boyer

Jean-Marie d’Ansembourg es un autor tan poco común y discreto como valioso. Sus escritos son siempre esenciales, cada palabra está calibrada para servir a la búsqueda de la Verdad. Con este libro, sigue felizmente los pasos de Louis Cattiaux y de Emmanuel d’Hooghvorst, contribuyendo al reconocimiento del Mensaje Reencontrado, considerado como «el último libro conocido del Corpus Hermeticum», situado en la encrucijada del hermetismo y del cristianismo, como una referencia indispensable para el futuro. Con cautela comienza este ensayo, esta glosa, con una frase de Louis Cattiaux: «Las palabras de los sabios son excelentes, pero quienes pretenden explicarlas a menudo son malos». Los textos de las dos plegarias, verdaderos Ave María y Pater herméticos, que introducen el Mensaje Reencontrado ofrecen, nos dice, «una misma estructura, muestran equivalencias, respuestas y ecos analógicos». Distingue «los dos componentes de una santa oración»: «el de las alabanzas por atributos divinos, y el de las peticiones y súplicas de la humanidad caída».

  

«En estos textos –afirma Jean-Marie d’Ansembourg– buscaremos significados analógicos y correspondencias en relación con varias esferas: el mundo divino, la creación o macrocosmos, y los dos microcosmos que son el hombre y la gran obra, estos tres últimos mundos siendo las manifestaciones e imágenes del primero».

Se abordan diferentes temas del Mensaje Reencontrado, algunos evidentes, otros con demasiada frecuencia ignorados: «Ser y no-ser, reposo y acto del Ser, el Innominado, eternidad del bien y del mal, esencia y sustancia, mundo intra-divino y nombres, funciones del Hijo-Verbo-Logos, multiplicación y goce divino, Todo y Nada, proceso de creación y de reintegración, mezcla de Ser y de no-ser, juicio o gran crisis, los dos barros, formas y criaturas de los dos Adanes, luz increada y doble bautismo, montaña y silencio, nube y bendición, salvación y liberación, «por qué» y «cómo», grados del amor-agapé, gran obra y redención de la naturaleza y del hombre, la verdad y sus testigos, etc.

Como podemos ver, no sólo se trata de una de las metafísicas más exitosas de la Gran Realidad, sino también de la pragmática de la reintegración que se desprende de ella. La cuestión general es, en efecto, la de la «exteriorización» a través de una dualidad cada vez más densa y de la «reintegración», del retorno a la «fuente», de este doble movimiento evocado por las tradiciones bajo distintos velos y vestidos.

Louis Cattiaux en El Mensaje Reencontrado, afirma: «La verdad de Dios bien puede revestir todos los rostros y todos los plumajes, su santa desnudez permanece siempre igual a sí misma» y también: «Cuando lo hayamos separado, clasificado, etiquetado y disecado todo, finalmente deberemos reunirlo y unificarlo todo en la vida, so pena de permanecer sellados en la letra y en la multiplicidad de la muerte». Se trata de un compromiso incondicional, sólo Dios se reconoce a sí mismo en la selva de las formas. Jean-Marie d’Ansembourg, junto con Louis Cattiaux, propone meditar sobre «los secretos de la Escritura y de la Naturaleza para conocer o reconocer y exaltar el modo divino, escondido en ellas y en nosotros».

 

Las dos plegarias que abren El Mensaje Reencontrado son también, en cierto modo, su gloria suprema. Juntas son el principio y el fin. D’Ansembourg los ve como los dos triángulos del sagrado hexagrama, que evoca un camino del cuerpo de gloria: «la estrella de seis puntas que sella la unión de estos triángulos designa al Hijo único, fruto de la Madre acuosa y del Padre ígneo». El trabajo preciso, minucioso, erudito pero accesible de Jean-Marie d’Ansembourg permite encajar numerosas piezas del rompecabezas de la verdad. Acompaña al lector en una de estas «amistades espirituales» demasiado poco frecuentes, para ayudarle a poner orden en la multitud de elementos dispersos y rectificar o mejor, reorientar su trabajo hacia la realización última, con lucidez y humildad.

 

«No obstante, creemos que, de nuestra glosa, al menos, se pueden retener tres cosas», concluye, tras haber repetido la importancia de no confundir la palabra con el objeto designado por la palabra:

La primera es que el conocimiento del Nuevo Testamento es particularmente útil, sino esencial, para sondear el Mensaje Reencontrado –y viceversa–. Cattiaux claramente se había alimentado de éste.

La segunda es la necesidad de informarse sobre la ontología o metafísica universal.

La tercera es que el método tradicional que hemos utilizado –analogía y cotejo de textos: la Escritura comenta la Escritura– abre numerosas ventanas; utilizado en concreto por los comentadores judíos y cristianos, así como por los filósofos herméticos, este método ha demostrado verdaderamente su valor».

Recomendamos pues, encarecidamente la lectura de este libro, independientemente del camino en el que nos encontremos. Es por su profundidad y su metodología, un inestimable compañero de viaje.

 

 

martes, noviembre 07, 2023

EDICIÓN DE LAS FÁBULAS DE PERNETY


 Muy buenas noticias, Ediciones Obelisco ha editado nuestra traducción de LAS FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS, de Dom Antoine Joseph Pernety, objeto principal de este blog.

En breve estará en las tiendas, los dos tomos está incluidos en uno. Es una gran alegría que este trabajo salga en formato de libro, así queda completo, pues en el blog se accede a los nombres en forma de diccionario, donde se puede buscar determinado mito o comentario.

A parte de los artículos, reseñas bibliográficas i otras traducciones, como la de Michael Maier, Arcana Arcanísima, inspirador para Pernety.

Pero tener el libro en las manos y leerlo en su orden es impresionante, además de entrañable.

El libro se compone de: Un discurso preliminar; un tratado de física; un tratado de la Obra hermética; Las Fábulas y jeroglíficos egipcios; las fábulas que más se acercan al Arte Hermético (Jasón y los argonautas en busca del Toisón de oro); las Fábulas griegas; una explicación de la guerra de Troya; y el descenso de Eneas a los infiernos. Cada uno de los apartados con todos los mitos y personajes pertenecientes al mismo.

Muy sinceramente espero, entusiasta lector, que te sea de gran utilidad en tu búsqueda y paso por este mundo.

 Puedes pedirlo a pedidos@edicionesobelisco.com

O a 933098525, pedidos

Al precio especial de 20€, gastos de envío gratis

 


martes, diciembre 20, 2022


 

Al hablar de hermetismo, nos referimos sobre todo a la tradición alquímica occidental que debe su origen al mítico Hermes Trismegisto y su famosa Tabula Smaragdina, que se complementa con el hermetismo filosófico que se basa en los escritos atribuidos también a Hermes y que se agrupan bajo el nombre genérico de Corpus hermeticum. De entre ellos, quizá el tratado titulado Poimendrés sea el más conocido.

Esta sabiduría hermética que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, tuvo su momento de máximo esplendor en el Renacimiento italiano. Nos atreveríamos a decir incluso que ella fue uno de los orígenes y causa del espléndido movimiento humanista que se dio en el Renacimiento. Inmediatamente después vino su decadencia a causa de la ciencia positivista sin que se supiera ver que se trataba de dos pensamientos complementarios que se referían a dos realidades distintas.

Y a causa de este malentendido, el hermetismo, que hubiera podido ser el lugar de la unión de todas las creencias y conocimientos, se convirtió en algo extravagante que, poco a poco, se fue diluyendo en ocultismos y espiritismos hasta llegar al siglo XX. En este camino se olvidó completamente su función soteriológica, vinculada claro está al mensaje cristiano, pero, obviamente, universal.

¿Cómo llamamos hoy en día, en 2021, la unidad  nuclear en la que se basan las distintas tradiciones? Se han propuesto muchas ideas y muchos nombres, sin embargo, ninguno acaba de ser lo suficientemente representativo, pues, o bien se busca la participación directa en una religión, o bien, desde campos más académicos, se cae en un nihilismo que margina lo antiguo, que se convierte así en un tema de estudio pero no en una propuesta de conocimiento vivo. Sin mencionar los movimientos pseudo-espirituales que, éstos sí, lo unen todo con todo, pero a nivel psicológico y subjetivo,  o simplemente formal

Louis Cattiaux en El Mensaje Reencontrado encontró, no cabe duda, un espacio nuevo para reunir la dispersión de formas en un único lugar. Lo llamó simplemente «mensaje», pero también lo clasifico de «hermético«. Y eso es lo que Arola y Vert han tratado de desarrollar en el  La actualidad del hermetismo.

 

sábado, octubre 17, 2020

LA ACTUALIDAD DEL HERMETISMO, El mensaje de Louis Cattiaux, por Raimon arola y Lluïsa Vert



Para hablar de hermetismo debemos referirnos a la tradición alquímica occidental que debe su origen al mítico Hermes Trismegisto y su famosa Tabula Smaragdina, que se complementa con el hermetismo filosófico que se basa en los escritos atribuidos también a Hermes y que se agrupan bajo el nombre genérico de Corpus hermeticum. De entre ellos, quizá el Poimandrés sea el más conocido. Esta sabiduría hermética, que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, tuvo su momento de máximo esplendor en el Renacimiento italiano. Nos atreveríamos a decir incluso que ella fue uno de los orígenes y causa del espléndido movimiento humanista que se dio en el Renacimiento. Inmediatamente después vino su decadencia a causa de la ciencia positivista sin que se supiera ver que se trataba de dos pensamientos complementarios que se referían a dos realidades distintas. Y el hermetismo, que hubiera podido ser el lugar de la unión de todas las creencias y conocimientos, se convirtió en algo extravagante que, poco a poco, se fue diluyendo en ocultismos y espiritismos hasta llegar al siglo XX. En este camino se olvidó completamente su función soteriológica, vinculada claro está al mensaje cristiano, pero, obviamente, universal. ¿Cómo llamamos hoy en día, en 2021, la unidad de las tradiciones? Se han propuesto muchas ideas y muchos nombres, sin embargo, ninguno acaba siendo lo suficientemente representativo, pues, o bien se busca la participación directa en una religión, o bien, desde campos más académicos, se cae en un nihilismo que margina lo antiguo, que se convierte así en un tema de estudio, pero no en una propuesta de conocimiento vivo. Sin mencionar los movimientos pseudo-espirituales que, estos sí, unen todo con todo, pero a nivel psicológico y subjetivo. Louis Cattiaux en El Mensaje Reencontrado encontró, no cabe duda, un espacio nuevo para reunir la dispersión de formas en un único lugar. Lo llamó simplemente “mensaje”, pero también lo clasificó de “hermético”. Y eso es lo que Arola y Vert han tratado de desarrollar en La actualidad del hermetismo, el libro que presentamos.

sábado, agosto 11, 2018

"LA PUERTA"- 74 - CORRESPONDENCIA DE LOUIS CATTIAUX.


Esta es la nueva publicación de LA PUERTA, revista que no tiene desperdicio para aquellos interesados en la búsqueda de “sí mismos”. También muy recomendada su web: http://www.lapuertaonline.es , aquí la sinopsis de este número dedicado a la correspondencia de Louis Cattiaux, autor del Mensaje Reencontrado, de la que se puede extraer un delicado y certero perfume de claridad.

Tras la publicación de la correspondencia completa entre Louis Cattiaux y René Guénon1947-1950, de Ediciones Obelisco, “LA PUERTA” tiene hoy el placer de ofrecer a sus lectores una nueva selección de cartas de Louis Cattiaux, pintor, poeta y hermetista, natural de Valenciennes (1904-1953), Louis Cattiaux dejó una abundante correspondencia, pues su obra EL MENSAJE REENCONTRADO, editada por cuenta propia en 1946, atrajo entre los numerosos curiosos, a un pequeño número de lectores interesados que se convirtieron en sus amigos íntimos y con los que se carteó regularmente, entre ellos destacamos a Serge Lebbal, Emmanuel y su hermano Charles d’Hooghvorst, así como los demás miembros de dicha familia belga, paralelamente, se relacionó con artistas y hermetistas de la sociedad parisina de la época como Gaston Chaissac y James Chauvet o Lanza del Vasto, quien prologó su obra.
Esta correspondencia que se lee con fluidez, refleja las preocupaciones del artista en el difícil período de la postguerra. Sin embargo, lo que aquí nos interesa y nos atrae es el sutil perfume que se desprende de ciertos fragmentos. Tras la mano que trazó estas líneas se vislumbra a un hombre profundamente espiritual, un hombre “religado”, un hombre que bebió del manantial universal y que intentó a toda costa, transmitir su experiencia extraordinaria. De aquí su empeño en ofrecer a sus correspondientes un tesoro único, aunque no todos estuvieran dispuestos a recibir un tal don…

martes, julio 31, 2018

DEL LENGUAJE DE LOS FILÓSOFOS


Ya, en alguna ocasión, he apuntado el paralelismo que existe entre el DICCIONARIO MITO-HERMÉTICO de Pernety y LAS FÁBULAS EGIPCIAS Y GRIEGAS, de este mismo autor, pues uno aclara muchos conceptos del otro y el otro explica el sentido del concepto aclarado y su procedencia, entre otros detalles.
Como el buscador sabe, no es un lenguaje fácil el alquímico mito-hermético, y creo que no está demás releer lo que el mismo Pernety dice al respecto en su “diccionario”, precisamente en el vocablo:

LENGUAJE[JR1] : Los Filósofos no expresan el verdadero sentido de sus pensamientos en lengua vulgar y no hay que interpretarlos según las ideas que presentan los términos en uso para expresar cosas comunes; el sentido que presenta la letra no es el suyo. Hablan a través de enigmas, metáforas, fábulas, similitudes y cada Filósofo las emplea según la manera que le conviene.
Un Adepto Químico explica sus operaciones filosóficas en términos tomados de las operaciones de la química vulgar: hablará de destilaciones, sublimaciones, calcinaciones, etc., de los hornos, de los vasos, de los fuegos en uso entre los químicos, como han hecho Geber, Paracelso, etc. Un hombre de guerra hablará de asedios, de batallas, como Zachaire. Un hombre de Iglesia hablará en términos de moral, como Basilio Valentín en su Azoth. En una palabra: han hablado tan oscuramente, en términos tan distintos y en estilos tan variados, que hay que estar al caso para entenderles e incluso un Filósofo estaría apurado con frecuencia si hubiera de explicar totalmente a otro.
Unos han variado los nombres y cambiado las operaciones; otros han comenzado sus libros por la mitad de las operaciones, otros por el final; algunos han entremezclado sofisticaciones, aquel ha omitido alguna cosa, éste ha añadido de superfluas; uno dice que toméis tal cosa, y el otro que no hay que tomar esa misma cosa. Rupescissa sostiene que el Vitriolo romano es la verdadera materia de los filósofos, pero aquellos que aceptan a Rupescissa como Adepto os recomiendan que no toméis el Vitriolo, ni romano ni ningún otro. Vamos a explicar todo esto con ejemplos:
Merlín y Denis Zachaire exponen la obra bajo la alegoría de un Rey que se arma contra sus enemigos, el primero, para combatirlos, el segundo para sostener un asedio. Merlín dice que el Rey, antes de montar a caballo, pidió beber de un agua a la que amaba mucho y que bebió tanto de ella que quedó indispuesto hasta la muerte, que una medicina le resucitó y que montó a caballo, combatió a sus enemigos y les venció. Esta agua no es otra cosa que el Mercurio de los Filósofos, que su Oro, llamado Rey, bebe con ardor porque son de la misma naturaleza y porque, como dicen los filósofos “la naturaleza ama la naturaleza, naturaleza se complace en su naturaleza y según el proverbio vulgar: “Cada cosa ama a la que es semejante”. El mercurio filosófico es un agua disolvente, la disolución es una especie de muerte, pues no se cumple perfectamente sino en la putrefacción. He aquí la muerte del Rey. Este Rey resucita porque la putrefacción es el principio de la generación. Corruptio unius est generatio alterius, cosa que queda probada en muchos textos de otros filósofos.
Bassen, en la Turba, dice: “Poned al Rey en el baño a fin de que supere (o bien, sobrenade, N. del T.) a la Naturaleza. Esta agua es la fuente del Trevisano, en la que entra sólo el Rey para purificarse, allí muere y resucita, pues la misma agua, mata y vivifica. Los Filósofos también han dado el nombre de vida y Resurrección al color blanco que sucede al negro, y han llamado muerte a este último.
Denis Zachaire se ha explicado más extensamente, pero de forma alegórica: en el asedio de la ciudad que imagina, habla de la materia bajo el nombre de aquel que soporta el asedio y el de aquellos que lo realizan, y da una idea de los colores que aparecen a esta materia sucesivamente, indicando los colores de los estandartes y banderas de unos y otros.
Otros han explicado parabólicamente. El Rey Arturo, por ejemplo, dice en la Turba: “Una gran Tesorera cayó enferma a causa de diversas enfermedades, opilación, hidropesía, parálisis… Estaba extremadamente amarilla desde lo alto de la cabeza hasta el pecho, del pecho hasta los muslos estaba blanca e hinchada y paralítica hasta abajo. Dijo a su médico que le fuera a buscar, sobre la más alta montaña entre todas, dos plantas de una propiedad y virtud superior a la de todas las demás plantas. Se las trajo, se ciñó a ellas y desde aquel momento se encontró curada de todas sus enfermedades. Ella reconoció este servicio de su médico con riquezas infinitas.”
Hermes, o alguien bajo su nombre, ha hablado de la obra con un estilo problemático y ha dicho: “He considerado al raro y admirable pájaro de los Filósofos que vuela perpetuamente en el signo de Aries. Si se le divide, si se le disuelve en muchas partes, aunque pequeño, y que su oscuridad sea dominante, permanecerá, como si fuera de temperamento y complexión terrestre. Cuando se manifiesta bajo diversos colores es llamado bronce, plomo, etc., siendo, a continuación, quemado con un fuego violento, por espacio de cuatro días como mínimo, de siete como medio y de diez como máximo, será llamado tierra de plata; ella es, en efecto, de una gran blancura y es llamada Aire, Goma de oro y Azufre. Toma una parte de aire y ponla con tres partes del oro aparente; lo pondrás todo al baño como mínimo veinte días, como medio, treinta y como máximo, cuarenta y te dará tu Bronce, verdadero fuego de los Tintoreros, reconciliando a los peregrinos, llamado fuego de oro, etc. Este excelente azufre ha de ser guardado cuidadosamente pues sirve para muchas cosas.”
Aristeo se explica con un estilo típico cuando dice: “Paseando nosotros por la orilla del mar vimos que los habitantes de las costas yacían juntos pero no engendraban;  plantaban árboles y sembraban plantas que no fructificaban; entonces les dijimos: si hubiese un filósofo entre vosotros vuestros hijos engendrarían y se multiplicarían, vuestros árboles fructificarían y no morirían, vuestros frutos se conservarían y vosotros seríais Reyes intrépidos que venceríais a todos vuestros enemigos. Nosotros demandamos al rey a su hijo Gabertín y a su hermana Beia, que era una muchacha bella y muy blanca, delicada y perfectamente amable; juntamos el hermano a la hermana y Gabertín murió casi de inmediato. El rey, al ver esto, nos encarceló y a fuerza de súplicas y oraciones, habiendo obtenido su hija Beia, estuvimos ochenta días en las tinieblas de la prisión y después de haber desecado todas las tempestades del mar, hicimos llamar al rey y le entregamos a su hijo vivo, por lo cual hicimos alabanzas a Dios.”
Todas estas maneras de explicarse conforman un lenguaje extremadamente difícil de entender, pero algunos filósofos, para velar mejor aún su obra han empleado el enigma. El Cosmopolita, entre otros, ha formulado uno de muy largo a continuación de sus Doce Tratados. Supone que, viajando del polo Ártico al polo Antártico fue proyectado a la orilla; allí, una ensoñación se apoderó de él, mientras veía las Melusinas revolotear y nadar a las Ninfas; estaba atento para ver si descubría al pez Echeneis en ese mar; en esto, se durmió y el viejo Neptuno se le apareció con su tridente. Este dios le mostró dos minas: una de oro, la otra, de acero; después le mostró dos árboles, uno solar y el otro lunar, y le dijo que el agua para regarlos y hacerlos fructificare se extraía del Sol y de la Luna por medio de un imán. Saturno tomó el lugar de Neptuno y puso en el agua el fruto del árbol solar que se fundió como el hielo en agua caliente. Esta agua –añadió-, le sirve de mujer y tiene la propiedad de perfeccionarlo, de manera que se han perfeccionado, uno y otro tienen la virtud de tornar a todos los otros semejantes a ellos mismos.
Los Antiguos empleaban comúnmente las fábulas, y aquellas de los egipcios y de los griegos no han sido inventadas sino a la revista de la Gran obra, si hemos de creer a los Filósofos, que las han citado a menudo en sus obras. Siguiendo sus ideas yo las he explicado en un tratado que he dado al público bajo el título de: Las Fábulas Egipcias y Griegas Desveladas.
Algunos Filósofos han empleado un lenguaje mudo para hablar a los ojos del espíritu; han mostrado, a través de símbolos y de jeroglíficos, a la manera de los egipcios, tanto las materias requeridas para la obra como sus preparaciones y con frecuencia hasta los signos demostrativos o los colores que aparecen en esta materia en el transcurso de las operaciones, pues es por estos signos que el artista sabe si ha operado bien o mal.
Muchos filósofos han añadido un discurso a estos jeroglíficos, pero esta aparente explicación es siempre tan difícil de entender como el mismo símbolo y con frecuencia muchos más. Tales son aquellos de Nicolás Flamel, de Senior, de Basilio Valentín, los de Michael Maier, aunque d’Espagnet dice que estos últimos son como una especie de anteojos que nos descubren muy claramente la verdad que los filósofos han ocultado.


 [JR1]He seguido la publicación del Diccionario Mito-Hermético de Pernety de la colección Indigo, 1993, traducido y anotado por Santiago Jubany.

lunes, agosto 12, 2013

RESEÑA A PROPÓSITO DEL LIBRO DE RAIMON AROLA "EL SÍMBOLO RENOVADO"

Tras haber leído atentamente el recién editado libro de Raimon Arola, (doctor en Historia del Arte y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona), “El Símbolo Renovado, a propósito de la obra de Louis Cattiaux” desde la editorial Herder, considero necesario manifestar que, con un estilo sencillo y claro, Arola ha conseguido plasmar una clave, en estos nuevos tiempos, para la introducción a la lectura del Mensaje Reencontrado así como para el estudio de toda la obra de Louis Cattiaux, situado en su época y trasladado a la “intemporalidad”. Al leerlo, lo que se podría decir del Mensaje Reencontrado, divagando o intuyendo Arola lo dice precisando y puntualizando.
Como ejemplo expongo aquí un fragmento del “Símbolo Renovado” donde se señala el interés de Cattiaux por la obra de Pernety, lo que atañe a este blog. ¡Enhorabuena Sr. R. Arola.
¡El Arte expresado en las artes!


Cuando, en 1946, Cattiaux publicó El Mensaje Reencontrado, uno de sus amigos, llamado James Chauvet, le sugirió que le enviase un ejemplar a Guénon, que por aquel entonces ya vivía en El Cairo. Chauvet, muy interesado por los temas esotéricos y en especial por los misterios del santo Graal, se había desmarcado de las tendencias ocultistas que proliferaban en París y se había convertido en seguidor de la corriente tradicionalista preconizada por Guénon.
     Tras recibir el ejemplar y en contra de lo que acostumbraba, Guénon escribió una reseña laudatoria a la obra de Cattiaux, y a partir de este hecho, se inició una intensa correspondencia entre ambos, con encuentros y desencuentros. Para conocer, aunque sea superficialmente, la relación entre estos dos personajes, debemos comenzar por la crítica a El Mensaje Reencontrado que publicó Guénon en 1948 y cuyo punto esencial creemos que se encuentra en la siguiente idea repetida en dos ocasiones:

No sabemos lo que los especialistas del hermetismo, si aún existen realmente competentes, opinarán de este libro y cómo lo valorarán: pero lo cierto es que está lejos de ser indiferente y que merece ser estudiado cuidadosamente por todos aquellos que se interesen por este aspecto particular de la tradición.[1]

Guénon ya había escrito sobre alquimia y hermetismo en otras ocasiones, sobre todo cuando se interesó por el libro de Julius Evola La tradición hermética.[2] Entonces afirmó que el hermetismo era una tradición de origen egipcio que se había transmitido a las culturas posteriores como una cosmología, pero no como una metafísica primordial. Y que la alquimia era cierta práctica de la cosmología hermética que, inevitablemente, debería comprenderse como una “alquimia espiritual”. Cuando se inició la correspondencia entre ambos, Cattiaux estuvo del todo deacuerdo con la idea de denominar hermetismo a lo que él acostumbraba a llamar alquimia, pues le pareció que eran estrictamente sinónimos. Pero sucedió de distinto modo con el resto de la argumentación. Cattiaux había estudiado  en profundidad el Dictionnaire mytho-hermétique de Dom Pernety, así como otras obras clásicas en las que el hermetismo y la alquimia definen una misma realidad. Sin embargo, y como explica Antoine Faivre,[3] los ocultistas apenas utilizaron el término hermetismo, y fue entonces cuando Evola lo recuperó. Aunque Evola escribió en italiano (o quizá por eso), el conjunto de estas variaciones se deben situar  en el contexto parisino, pues en la cultura anglosajona nunca dejó de usarse el término hermetismo.
En la correspondencia entre Cattiaux y Guénon, encontramos las siguientes reflexiones que se refieren a este tema. En primer lugar, Cattiaux escribe lo siguiente:

La palabra alquimia, tan desviada y confundida por todos o casi por todos con “la crisopeya” puede ser un espantajo para muchos; los términos “tradición primordial”, que le pertenece, o “gnosis”o “hermetismo” me parecen menos repelentes. La palabra alquimia me parece reservada para los “locos de Dios”, que son también los “sabios de Dios” ¡y existen muy pocos en el mundo”.[4]

A lo que contesta Guenon:

La palabra “alquimia” da lugar, en efecto, en la mayoría de gente, a la confusión a la que usted alude, y he tenido que señalarlo en varias ocasiones; creo que es la de “hermetismo” la que sería la más adecuada (o entonces se podría decir “alquimia espiritual” para evitar cualquier equívoco). “Gnosis” tiene un sentido mucho más amplio y, por otro lado, es fastidioso que muchos confundan “gnosis” con “gnosticismo”, lo que podría no ser la misma cosa. En cuanto a la “Tradición primordial”, la expresión no sería aplicable en este caso, pues se trata de una forma de tradición derivada, como es el caso, además, de todas las que se puedan conocer en la actualidad.[5]

De este diálogo se desprende no solo el hecho de dilucidar una cuestión nominalista, sino que también implica una comprensión del “acto simbólico” muy distinta en ambos autores. Mientras que, para Guenon, la unidad de todas las tradiciones solo se podía encontrar en lo no-manifestado, para Cattiaux esta unidad necesitaba complementarse con el proceso inverso, es decir, sería en lo manifestado donde actuaría la ciencia divina, dando como resultado una unidad en la manifestación última, y esta manifestación sería, justamente, la piedra filosofal, el Nombre, Cristo, aquello concreto e histórico que se conoce en la manifestación. Pues, si la verdad intrínseca a toda tradición espiritual tan solo se pudiera encontrar en lo no-manifestado, se negaría también la tradición alquímica, y con ella toda la tradición de la búsqueda del Dios manifestado, como apuntaron Basilio Valentín, Nicolas Valois, Cattiaux y tantos otros.
Así, el término hermetismo sería el más correcto para expresar la unidad de todas las tradiciones, pero a condición de que no se separe del término alquímico, como aparece en unas notas que Cattiaux apuntó en los márgenes de un libro de René Guenon titulado Aperçus sur l’Initiation, tal vez durante el mismo periodo en el que tenía lugar su relación epistolar.



[1] .  Noticias sobre la pintura de Cattiaux según sus contemporáneos: www.beyaeditions.com/documentation/traditionartethermetisme.htm.
[2]Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Obelisco, Barcelona, 1984, pp. 99 y ss.
[3] .  Wouter J. Hanegraaff, Antoine Faivre, et al., Dictionary of Gnosis and Western Esotericism, Brill, Leiden, 2005, voz: Occult/Occultism.
[4] .  “Paris-Le Caire, Correspondance entre Louis Cattiaux et René Guénon de 1947 à 1950 », en Miroir d’Isis, 2011, p. 82.
[5]Ídem, p. 88.