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Evropa Soberana

Lo mejor que ha escrito un español en el siglo XXI apareció en el sitio llamado Evropa Soberana. Infortunadamente, Eduardo Velasco, el autor de los artículos publicados en ese sitio, no ha respondido a mis mails desde 2018.

A finales de 2021 su sitio desapareció de internet y Velasco no volvió a subir su sitio. ¿Habrá fallecido? La buena noticia es que habíamos guardado sus artículos en PDFs.

El hispanohablante que desee desenchufarse de la matriz ideológica que cubre a Occidente debería comenzar a familiarizarse con los artículos de Velasco, enlazados: acá.

Published in: on marzo 8, 2023 at 10:43 pm  Comments (10)  

Los libros de Agustín Laje

En primer lugar, usando mi metáfora de cruzar el Rubicón psicológico (véase el artículo en inglés: aquí), Laje aún se encuentra en Normielandia. En el mundo angloparlante normie es un sujeto del Sistema, y lo podríamos definir como quien no se rebela en contra del dogma de la igualdad racial, de género y de preferencia sexual: la santísima trinidad de hoy día en Occidente.

Tomemos en cuenta la excelente definición de Norberto Bobbio sobre qué es exactamente la derecha y la izquierda en la página 378 de La batalla cultural de Laje. Todo gira alrededor del igualitarismo. “En efecto”, comenta Laje, “aquello que abraza dosis crecientes de igualdad se va ubicando a la izquierda, y lo contrario a la derecha”. Laje alega constantemente ser de derechas. Pero desde este ángulo él es de izquierdas. No una izquierda tan loca como la Woke pero izquierda a fin de cuentas porque cree en la igualdad racial, de género y a veces como que no condena algunas aberraciones sexuales (Laje no sería considerado de derechas en, digamos, la España de Franco). El fallo de Laje en no abrazar la definición de Bobbio sobre qué es exactamente la izquierda y la derecha se debe a su temor de validar la jerarquía racial. (Tanto los blancos como algunos asiáticos y aún más los judíos, tienen un coeficiente intelectual superior a los negros.)

Laje sólo se rebela ante la ideología de género y el movimiento trans: la fase más psicótica del wokismo que actualmente ha implicado incluso a los niños. Aquí también me refiero a su previo bestseller, que escribió junto con otro argentino, Nicolás Márquez: El libro negro de la nueva izquierda, publicado en 2016. Ahora, en 2022, un libro que compré en un Sanborns como La batalla cultural tiene por necesidad que ser el libro de alguien que no blasfema contra la nueva trinidad. Los libros de los auténticos disidentes han sido vetados en las librerías.

En otras palabras, dado que Laje (a la izquierda con su mentor Márquez) se limita a rechazar la tercera ola feminista, eso lo delata como un liberal, no un tradicionalista auténtico. Comparen a este par con lo que decimos sobre el feminismo en On Beth’s Cute Tits: uno de los libros que la imprenta que me lo imprimía se ha rehusado a republicar, y ahora sólo está disponible en PDF (si quieres leer sólo un capítulo, pulsa aquí).

En su reseña de YouTube, Márquez dice que al final de La batalla cultural Laje citó a uno de sus autores preferidos: “Todo lo bueno de la civilización occidental, desde la libertad individual hasta el arte se debe al cristianismo”. Comparen esta visión rosada con la truculenta historia del cristianismo que hemos estado destapando en este sitio. Y respecto a la otra religión abrahámica, Laje omite a la cuestión judía. Tampoco menciona a los nacionalistas blancos, quienes sí analizan tal cuestión. Ni menciona a las mentes más privilegiadas que se rebelaron después de 1945: la europea Savitri Devi (1905-1982) y el americano William Pierce (1933-2002).

Si comparamos al joven Laje con el viejo crítico de la izquierda latinoamericana, Octavio Paz (1914-1998), este último manifestó que no le gustaba la palabra politólogo, sino que su formación clásica le hacía abordar a la realidad humana a partir de la historia. Es precisamente la historia lo que “politólogos” como Laje ignoran. Piénsese no sólo en la historia real del cristianismo que, como dije arriba, Laje y Márquez ignoran; sino en el holocausto cometido por los aliados después de la Segunda Guerra Mundial. (Para ser justo con Laje, Paz y los suyos también ignoraban estas historias. Soy de aquellos que no se perdían un solo artículo de Paz publicado en Vuelta.)

Precisamente por desconocer la historia, Laje, Márquez y todos los de la nueva derecha—y vieja derecha como la del desaparecido Paz—también han ignorado que la presente es la segunda vez que Occidente cae a un estado de psicosis masiva, no la primera. La primera ocurrió en el siglo IV, con Constantino (véase este minilibro de un español).

Vale decir que este sitio lo tengo más o menos abandonado porque no conozco a nadie en el país hispanohablante en que nací que esté dispuesto a tomar en serio lo que dicen los auténticos disidentes. Por esa razón prefiero bloguear en inglés. Pero volvamos con Laje. Además de sus errores de fondo, La batalla cultural de quinientas páginas carece de índice onomástico y de materias, lo que lo convierte en difícil de usar para el académico a menos de que lo lea todo.

A propósito: ya había escrito algo sobre Laje el año anterior, en el contexto del Partido Vox de España. Lo bueno que tiene Laje es que hace repelar a las feministas en un montón de videos de YouTube. Para eso es muy bueno, así como para ganar debates con los progres. Pero es que el progresismo ha llegado a tales niveles de delirio, que un poco de sentido común se ve bien ante un público que tiene a la lengua de Cervantes como idioma materno.

Laje no podría responderle, en cambio, a los académicos que rechazan no sólo la tercera ola feminista, sino la segunda. Véase por ejemplo el ensayo seminal de Roger Devlin recogido en On Beth’s Cute Tits. A diferencia de Laje, Devlin es un auténtico conservador; y nosotros somos aún más radicales que Devlin, en tanto que rechazamos incluso la primera ola.

Published in: on mayo 9, 2022 at 1:35 pm  Comments (1)  

Dos libros para superhombres

«En este mundo en que la Edad Oscura toca a su fin, donde todo pertenece al hombre, y el hombre pertenece cada vez más a las fuerzas del abismo…» escribió Savitri Devi, la sacerdotisa de las catorce palabras, en el libro que mejor nos introduce a su pensamiento (el cual puede leerse: aquí).

Quien quiera entender este sitio desde el punto del sacerdote de las 14 palabras, debe leer «Roma contra Judea; Judea contra Roma» (el cual puede leerse bajo otro título: acá).

Published in: on mayo 5, 2022 at 3:01 pm  Comments (1)  

Magnífica noticia para los hispanohablantes

Nota del Editor: Desde que se publicó en Inglaterra, mandé a comprar el libro de Catherine Nixey que ahora ha sido traducido al castellano, y cuyo PDF puede leerse: aquí; aunque recomiendo que un libro como éste sea adquirido como libro impreso, dado el valor infinito del contenido.

A continuación reproducimos parte de la reseña de 2018 de Daniel Arjona del libro de Nixey:

 

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Arrasado el jardín, entraron los barbudos en el templo de Palmira y quebraron de un golpe la impresionante estatua, la decapitaron y desmembraron, acaso temerosos de que las piedras encubrieran blasfemias contra su dios. ¿Soldados del Estado Islámico en 2012? No: soldados de Cristo en 385 d.C. «Parece que solo entonces esos hombres—esos cristianos—sintieron, satisfechos, que habían hecho su trabajo. Volvieron a fundirse una vez más con el desierto. Tras ellos el templo quedó en silencio. Las lámparas votivas, desatendidas, se apagaron. En el suelo, la cabeza de Atenea empezó a cubrirse lentamente con la arena del desierto sirio. Había empezado el ‘triunfo’ de la cristiandad». Así comienza La edad de la penumbra (Taurus), el demoledor ensayo en que la británica Catherine Nixey describe la extinción de una era en la hoguera del fanatismo y que llegará a España el próximo 17 de mayo después de que su edición inglesa desatara un encarnizado debate.

Lo que los romanos entendían por «triunfo» no era exactamente lo mismo que ahora. No consistía solamente en la victoria del ganador, sino en «la total y absoluta subyugación del perdedor». Y tal es la premisa de Nixey, historiadora y periodista de The Times e hija de unos monjes que pasaron veinte años dentro de un monasterio antes de colgar los hábitos: que si bien el cristianismo conservó parte del legado clásico en los siglos oscuros de la Edad Media, otra historia anterior, mucho menos gloriosa y conocida, desplegó un escenario de destrucción apocalíptica de la filosofía y el arte de la antigüedad grecolatina, reducido por la Iglesia a sangre y cenizas durante los siglos IV y V d.C.

«Los asaltos violentos de este periodo», advierte Nixey, «no fueron terreno exclusivo de chiflados y excéntricos. Hombres que estaban en el corazón mismo de la Iglesia Católica alentaron y lideraron los ataques contra los monumentos de los «locos», «malditos» y «dementes» paganos. El gran San Agustín afirmó ante una congregación en Cartago: «¡Dios quiere, lo mandó, lo predijo, comenzó ya a llevarlo a efecto, y en muchos lugares de la Tierra ya lo ha realizado en parte: la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles!» San Martín, todavía hoy uno de los santos franceses más populares, arrasaba los campos galos destruyendo templos y consternando a los lugareños a su paso. En Egipto, San Teófilo demolió uno de los edificios más hermosos del mundo antiguo. En Italia, san Benito destruyó un santuario dedicado a Apolo. En Siria, despiadados grupos de monjes aterrorizaban las zonas rurales, derribando estatuas y arrancando los techos de los templos.

La edad de la penumbra es estrepitoso, estupendamente escrito, durísimo y muy divertido: «los ataques no se detenían en la cultura. Todo, desde la comida que se ponía en el plato (que debía sen sencilla y sin especias) hasta lo que se hacía en la cama (que debía ser igualmente sobrio y sin especiar) empezaba, por primera vez, a quedar bajo el control de la religión».

Tal vez sus páginas provoquen un corte de digestión a algunos creyentes pero será difícil que no los fascine al mismo tiempo con su brillante recreación histórica del momento trágico y surreal en que la civilización se hundió en las tinieblas. Los demonios, por ejemplo. Al decidir a quién venerar, las congregaciones no elegían entre un dios u otro; estaban escogiendo entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás.

«Aquel era un mundo de apariciones diabólicas, un lugar en que Satanás podía pasar a tu lado por un camino y un demonio podía sentarse frente a ti en la cena; un mundo en que el alma inmortal estaba en peligro perpetuo». Esto que hoy invitaría a una sonrisa, no era ninguna broma entonces. Para los panegiristas cristianos se trataba de una amenaza mortal que además les servía como dispositivo ideológico para purgar el mundo de paganos: «Una nueva generación de predicadores inflexibles pronunciaba un sermón intimidatorio tras otro, en los que quedaban claras las opciones del pueblo. Al decidir a quién venerar, las congregaciones no elegían entre un dios u otro; estaban escogiendo entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás»…

Al poco de su legalización [del cristianismo], los templos paganos ardían de Oriente a Occidente mientras sus sacerdotes—y miles de sus fieles—eran asesinados.

Año 532 d.C. Siete hombres huyen de Atenas hacia Oriente con un parco equipaje de libros. ¿Cuál es su oficio? Filósofos, los últimos miembros de la Academia, la más famosa escuela de Grecia fundada por Platón mil años antes. La cuna de la razón occidental se había tornado un lugar peligroso para su actividad, los soldados de Cristo buscaban ejemplares prohibidos casa por casa para quemarlos en grandes piras—junto a sus poseedores—, la discusión pública había sido prohibida y los frisos del Partenón, asaltados y mutilados. Apenas nos quedan hoy palabras de aquel «grupo melancólico», como las de su líder, el septuagenario pero aún enérgico Damascio: «Toda mi vida ha sido barrida por el torrente».

Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El noventa y nueve por ciento se perdió ¿Por qué contar ahora esta historia? Sencillamente, responde Catherine Nixey, porque nadie lo había hecho, porque la épica aventura de un puñado de monjes defendiendo de la oscuridad medieval el legado clásico es una versión real pero también tremendamente parcial: «Los palimpsestos—manuscritos sobre los que se grababa de nuevo—aportan indicios de los momentos en que desaparecieron las obras antiguas. Agustín sobrescribió el último ejemplar de Sobre la República de Cicerón para anotar encima sus comentarios de los Salmos. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro Antiguo Testamento más. Un códice con las Historias de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo…. Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El noventa y nueve por ciento se perdió».

Concluye Catherine Nixey: «Se produjo otra pérdida definitiva, aún menos recordada que las demás, pero a su modo, casi tan importante. La memoria de que existió una oposición al cristianismo desapareció. La idea de que los filósofos pudieron haber luchado con vehemencia, con todo lo que tenían, contra el cristianismo fue, y aun es, ignorada. El recuerdo de que muchos se alarmaron por la expansión de esta religión violentamente intolerante desaparece del paisaje. La idea de que muchos no estaban entusiasmados sino disgustados por la visión de sus templos en llamas y demolidos se dejó—y se deja—de lado. La idea de que los intelectuales estaban consternados—y asustados—por la visión de los libros ardiendo en piras ha caído en el olvido. El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y las siguientes generaciones lo creyeron… El triunfo del cristianismo era completo».

Published in: on abril 14, 2022 at 1:49 pm  Comments (2)  

El doble rasero de Boas y sus epígonos

La revista Arqueología mexicana es impresionante por el dedicado esmero de sus editores y articulistas, y me recuerda a National Geographic. Mi posición frente a los del Museo Nacional de Antropología que la publica es ambivalente. Por una parte admiro su honestidad en reconocer la historicidad de los sacrificios humanos del mundo precolombino. Por otra parte encuentro repulsivo que, al igual que los antropólogos del resto de Occidente, se subscriban a la escuela de Franz Boas jamás condenando las prácticas sacrificiales de los mesoamericanos. En esta entrada quisiera enfocarme en el último número de Arqueología mexicana (#172, enero-febrero de 2022).

La página 9 anuncia la exposición de más de treinta obras del artista plástico oaxaqueño Filogonio Naxin sobre la caída de Tenochtitlan. Uno de estos cuadros, en que un español la da una estocada mortal a un azteca, se titula 500 oscuros años. Es decir: en Méjico la Leyenda Negra continúa ya bien entrado el siglo XXI.

Pero lo que llamó mi atención fue el artículo “La anciana del Templo Mayor” (páginas 12-17). Como dice el sumario, muy cerca de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Méjico permaneció enterrada por más de cinco siglos una anciana de la sociedad tenochca: un descubrimiento que forma parte de más de 200 ofrendas excavadas en la zona arqueológica del Templo Mayor.

Ofrenda 153 del Templo Mayor de Tenochtitlan.

Se trata de un depósito ritual compuesto por más de un millar de restos óseos humanos secundarios que fueron colocados encima y alrededor de una anciana de unos 65 años. En el cráneo de la anciana puede verse un orificio alargado del tipo perimortem, lo que sugiere que fue sacrificada. La revista incluye una imagen a color representando el sacrificio de una mujer madura al pie del Templo. En esta imagen del Códice Telleriano-Remensis la sangre escurre en el rostro de la mujer: lo que solamente puede pasar por un golpe en la cabeza.

El artículo nos informa de otros restos: tres mujeres y dos hombres, además de los restos de niños de unos seis y nueve años de edad. En total, doce víctimas traídas de otro lugar en un avanzado estado de descomposición.

Dado que todos los antropólogos y etnólogos mejicanos se suscriben al demente doble rasero de Boas, jamás se dice la verdad pura: que tanto Mesoamérica como su contraparte Inca eran culturas de asesinos seriales. Eso sí: una de las páginas finales de Arqueología mexicana anuncia otra revista, Relatos e historias en México cuya portada nos muestra a Porfirio Díaz. Como Díaz no fue indio aquí no se aplica el doble rasero boasiano (“…también se destacó por el uso y abuso del poder”), como si lo mismo no podría haberse dicho de los antiguos mejicanos.

La última página de ese número anuncia una serie de TV-UNAM, Rutas de la esclavitud, con imágenes de esclavos negros en sentido reprobatorio ¡como si los mesoamericanos y los incas no hubieran hecho lo mismo! He escrito un libro sobre el tema, El retorno de Quetzalcóatl, el cuarto libro de mis Hojas susurrantes, parte del cual puede leerse en este sitio.

Published in: on enero 24, 2022 at 3:12 pm  Comments (1)  

Contra el cristianismo, 1

por Ferdinand Bardamu

Nota del Editor: Este ensayo fue originalmente publicado en 2018, en veintiún entradas, en The West’s Darkest Hour bajo el título “Why Europeans must reject Christianity” (Por qué los europeos deben rechazar al cristianismo).

A continuación lo traducimos porque creemos que la nueva religión de los blancos—igualdad de raza, género e identidad sexual—es un epifenómeno de una programación axiológica cristiana en el inconsciente colectivo de Occidente.

El ensayo de Bardamu también puede leerse en forma impresa en The Fair Race que aparece en la barra lateral: libro que provee un contexto global y comprehensivo al presente ensayo. También es posible leerlo online en alemán y en francés (aquí y acá).

El original en inglés puede leerse: aquí. Bardamu inicia su ensayo con las siguientes palabras:
 

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El filólogo clásico Revilo P. Oliver describió una vez el cristianismo como una “sífilis espiritual”. El músico Varg Vikernes dijo que el cristianismo es un “problema a resolver por la ciencia médica” y lo describió como un “VIH/SIDA del espíritu y la mente”. Sólo el paradigma de la enfermedad de transmisión sexual puede arrojar luz sobre la verdadera naturaleza de la religión cristiana.

En el caso de la sífilis, hay un período de latencia. Esto es análogo al crecimiento y la difusión del cristianismo en el imperio romano hasta el reinado de Constantino a principios del siglo IV. Los síntomas de la infección sifilítica aumentan en gravedad, dando lugar a una plétora de consecuencias que ponen en peligro la vida. La degeneración neurológica y cardiovascular causada por la sífilis debilita el organismo del huésped. Si la infección continúa sin intervención médica, sobreviene la muerte. De manera similar, el cristianismo debilita y luego destruye al Estado mediante la proliferación de sus ideologías más degeneradas derivadas del cristianismo, como el liberalismo, el socialismo y el feminismo.

El cristianismo es una perversión del instinto de conservación. Esto lo convierte en un destructor de civilizaciones y pueblos enteros. Abrazar el cristianismo no es diferente de atarse una soga al cuello y saltar desde un edificio alto. Es un suicidio para todos aquellos que estúpidamente se dejan influenciar por sus venenosas doctrinas. La cultura occidental se habría perdido para siempre si no fuera por el redescubrimiento de la ciencia y la filosofía paganas durante el Renacimiento. Por desgracia para nosotros, Occidente ha sucumbido de nuevo a esta plaga espiritual. La ciudad celestial de Dios se sienta ahora a juzgar a Occidente. El judío crucificado ha hablado: ¡Occidente ha sido juzgado y hallado en falta!

La iglesia siempre ha mirado con desprecio a la ciudad terrenal de Roma. La cultura anfitriona que incubó la religión durante tanto tiempo no significa nada para esta ramera de Babilonia, que se ha prostituido ante todas las naciones del mundo. Si toda la ciencia y la tecnología occidentales desaparecieran de la noche a la mañana, la iglesia no se vería afectada en lo más mínimo; lo que importa es que la predicación del evangelio continúe sin pausa, nada más. El cristianismo y el racismo son ideologías fundamentalmente incompatibles.

El religioso cristiano se encuentra en una encrucijada: debe elegir entre el evangelio o la supervivencia de la civilización occidental y de la raza europea. No puede elegir ambas cosas. Un auténtico religioso cristiano sólo puede ponerse del lado de la supervivencia de la ortodoxia cristiana, de lo contrario sería un apóstata, al que se le negaría para siempre la salvación eterna.

En un mundo donde la supervivencia evolutiva reina (un juego en el que para que unos ganen otros deban perder), el cristianismo es el gran enemigo de la raza europea y de la civilización occidental.

Published in: on diciembre 31, 2021 at 12:48 pm  Comments (1)  

Contra el cristianismo, 2

¿El Evangelio de las mentiras semíticas?

Jesucristo es una figura mitológica. Los relatos evangélicos, sus “biografías” personales, no se basan en ninguna realidad histórica subyacente. Lo que sabemos de Jesús no procede de testimonios oculares, sino de habladurías en gran medida contradictorias, escritas unos cuarenta o cincuenta años después de su supuesta muerte. A diferencia del Jesús mítico con el que a menudo se le compara, el filósofo Sócrates está significativamente mejor atestiguado en los registros históricos. Testigos oculares contemporáneos como Platón y Jenofonte escribieron relatos detallados de la vida y la muerte de Sócrates.

El descubrimiento de que la primera cristología fue inventada proporciona pruebas adicionales que corroboran el origen mitológico de Jesús. Esto es contrario a la posición mantenida por la antigua erudición bíblica del siglo XIX, representada principalmente por la escuela de Wilhelm Bousset. El mejor ejemplo de este enfoque es el ya olvidado Kyrios Christos. En esta obra, Bousset sostenía que la veneración cultual de Jesús sólo se hizo realidad cuando la comunidad de fe palestina original estuvo expuesta a la influencia helenística y oriental.

En contraste con la historia de la religión de Bousset, los biblistas modernos sostienen que la comunidad de fe palestina original comenzó con una cristología inventada. Maran atha era una oración en arameo que transfería el título de señor (YHWH) a Jesús, pidiéndole que estableciera su reino en la tierra en cumplimiento de las esperanzas escatológicas del Antiguo Testamento de un Mesías venidero.

La “alta” cristología abrazada por los primeros creyentes palestinos preparó el camino para la visión gentil de Cristo como objeto de devoción religiosa. Entre los primeros creyentes gentiles, Jesús era adorado y puesto en pie de igualdad con el propio Dios y designado Kyrios, la forma griega del tetragrámaton en la Septuaginta. Incluso era objeto de oración. Esto hace que Jesús no sea diferente de cualquier otra figura mitológica venerada en el mundo antiguo, como Dionisio o Hércules.

La conclusión ineludible es que Jesús es un producto de la imaginación, como los dioses de los antiguos griegos. A los que argumentan que el monoteísmo judío era una barrera para la divinización inmediata de algún mortal, hay que señalar que la teología del Logos del judaísmo helenístico presentó por primera vez la palabra de dios en términos semi-antropomórficos, sentando las bases para el carácter “binitario” explícito del cristianismo primitivo.

Published in: on diciembre 31, 2021 at 12:10 pm  Deja un comentario  

Contra el cristianismo, 3

La religión por excelencia de Oriente Medio

El cristianismo es, ante todo, una invención de los judíos palestinos del siglo I, en su mayoría analfabetos, entre los que Saulo de Tarso fue el más influyente. Más tarde cambió su nombre por el de Pablo. Era el prototipo de “judío feo” del mundo antiguo. Incluso Pablo se vio obligado a admitir que a menudo era denigrado por sus oponentes como “débil” o “poco impresionante” en persona.

(Izquierda, la pintura más vieja que se conoce del apóstol Pablo, c. 450 d.C. Como puede verse, su rostro ha sido idealizado por la piedad del pintor cristiano del siglo V.) Una fuente extracanónica del siglo II refuerza esta impresión, describiendo al apóstol como un hombre bajo, calvo, de “piernas torcidas”, con una larga ceja y nariz aguileña. Era la viva encarnación del estereotipo judío. Si Pablo no fuera más que una caricatura, habría encajado perfectamente con los judíos del Der Stürmer de Streicher. Pablo fue el primero en difundir el cristianismo por el Mediterráneo, imprimiendo a la nueva religión misionera un carácter totalmente expansionista. Sentó las bases de la teología cristiana, sirviendo de catalizador original de la infección “sifilítica” que ahora ha arruinado a Europa.

El cristianismo es la religión de Oriente Medio por excelencia. El hecho de que la lengua del Nuevo Testamento sea el griego koiné no hace que esta religión sea menos una invención semítica. Afirmar lo contrario sería como traducir las Analectas de Confucio al inglés y luego afirmar que el confucianismo es una religión occidental porque el medio utilizado para su transmisión es la lengua inglesa. Incluso los pocos elementos paganos de la religión, como el uso del Logos estoico en el prólogo de Juan, se filtran a través de la lente del judaísmo del Antiguo Testamento.

Los relatos evangélicos son leyendas judías basadas en las ideas judías del Mesías, la resurrección, el reino de Dios, etc. El cristianismo no sólo es de origen completamente judío, sino que las principales doctrinas teológicas del Nuevo Testamento se derivan del Antiguo Testamento y del judaísmo intertestamentario de los períodos griego y asmoneo. La difusión del cristianismo por el Mediterráneo fue obra de judíos emprendedores e itinerantes.

A medida que el cristianismo desarrollaba un marco institucional establecido dentro del imperio, los teólogos comenzaron a dialogar con judíos y paganos hostiles a la nueva religión. Estas discusiones hicieron necesario tomar prestada la terminología filosófica griega y latina para expresar mejor la enseñanza ortodoxa con mayor precisión y claridad. Esto se hizo no sólo con fines apologéticos, sino para ganarse a los paganos cultos aplicando un fino barniz de respetabilidad intelectual a las doctrinas semíticas del cristianismo primitivo. A pesar de estos préstamos culturales, el cristianismo sigue siendo una religión fundamentalmente semítica.

Published in: on diciembre 31, 2021 at 11:48 am  Deja un comentario  

Contra el cristianismo, 4

Una religión para gente sencilla

Los estudiosos han señalado desde hace tiempo el gran atractivo que el cristianismo ha tenido siempre para la escoria más baja de la humanidad. Pocos intelectuales se sintieron atraídos por la religión: los conversos se convirtieron en extremistas antiintelectuales que dieron la espalda a la cultura y la civilización occidentales. El teólogo latino del siglo II Tertuliano, uno de los cristianos más intolerantes y antiintelectuales que han existido, se preguntaba: “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué concordancia hay entre la Academia y la Iglesia? No queremos ninguna disputa después de poseer a Cristo Jesús, ninguna inquisición después de disfrutar del Evangelio. Con nuestra fe, no deseamos ninguna otra creencia”.

Los filósofos paganos contemporáneos observaban con frecuencia que los primeros conversos procedían de las filas de gente estúpida e ignorante. Celso, uno de los primeros críticos paganos de la nueva religión, escribió que la política cristiana era rechazar a los sabios y a los educados; sólo los niños, los tontos y los esclavos eran considerados como conversos potenciales. Sus expresiones favoritas”, escribió Celso, eran “No hagas preguntas, sólo cree” y “Tu fe te salvará”—“¡Tu fe te salvará! La sabiduría de este mundo, dicen, es mala; ser simple es ser bueno”.

El pagano culto despreciaba las creencias populares. Para ser dignas de creencia, las religiones debían ser lógicamente consistentes y tener una base empírica. Debían tener alguna base en la ciencia y la filosofía. Todo lo demás era “superstición”. En la antigüedad clásica, la superstición se definía como el miedo a los “demonios” y la creencia en la causalidad sobrenatural de los fenómenos naturales y físicos, como la enfermedad.

Para los intelectuales paganos, el cristianismo encarnaba todo lo que odiaban de la superstición. Lo que hacía al cristianismo especialmente reprobable era que había heredado las peores características del judaísmo, es decir, la intolerancia y el fanatismo. La religión también se extendió como una enfermedad contagiosa. Tal como lo veía el intelectual pagano, el cristianismo había sido ideado y difundido por hombres ignorantes en beneficio de hombres ignorantes, especialmente por su gran parecido con las creencias supersticiosas de las masas.

El triunfo del cristianismo condujo a una completa inversión de los valores paganos de la élite en la antigüedad tardía. El hombre culto abrazó ahora de todo corazón las creencias de las multitudes semibárbaras. San Agustín, educado originalmente en los clásicos y formado en retórica, podía afirmar con confianza que todas las enfermedades eran de origen sobrenatural, desafiando abiertamente la práctica médica griega bien establecida.

Si bien antes de Constantino existía una brecha significativa entre las creencias del pagano educado y el hoi polloi, después de Constantino tal brecha desapareció. Por primera vez en la antigüedad clásica, la élite y las masas eran indistinguibles en términos de creencias, y todos suscribían ingenuamente la veneración de los santos, sus reliquias y los milagros.

El triunfo del cristianismo en Occidente fue el triunfo de una profunda ignorancia que duró siglos.

Published in: on diciembre 30, 2021 at 11:55 pm  Deja un comentario  

Contra el cristianismo, 5

El cristianismo: destructor de imperios

El cristianismo fue un factor clave en la decadencia de Roma. Cuando la iglesia se convirtió en la institución dominante de la antigüedad clásica tardía, se volvió en una importante sangría de los recursos económicos del imperio. No se trató de una simple transferencia de riqueza; los fondos para los templos y santuarios paganos no se desviaron simplemente de las arcas seculares para financiar el crecimiento eclesiástico. A diferencia de los cultos paganos, la religión estatal nicena era administrada por una vasta burocracia centralizada, cuyo alcance abarcaba todo el imperio y cuyos funcionarios eran más numerosos y mejor pagados que los del estado.

Los ingresos que podrían haberse utilizado para mejorar las infraestructuras, como la construcción de carreteras, puentes, acueductos y teatros, se destinaron a la construcción de estructuras inútiles como iglesias y monasterios y a la alimentación de “bocas ociosas”: monjes, sacerdotes y obispos, que no aportaban nada de valor material o económico al Estado. Este tremendo despilfarro de recursos resulta aún más asombroso si se tiene en cuenta el nivel relativamente bajo de desarrollo tecnológico y científico del imperio. Los dispositivos que ahorraban trabajo eran escasos, por lo que el trabajo productivo se realizaba a mano o con la ayuda de bueyes. La cantidad de mano de obra necesaria para alimentar, vestir y alojar a las “bocas ociosas” de la iglesia cristiana era considerablemente mayor que la necesaria para un funcionario típico de la administración pública romana.

Los enormes talentos de hombres como Atanasio y Juan Crisóstomo, que habrían sido mejor empleados en la defensa del imperio como hábiles generales y gobernantes, se desperdiciaron en cambio en la expansión del poder y la influencia de la iglesia en la vida cotidiana. De hecho, el despilfarro de valiosos recursos humanos y materiales al servicio de las “bocas ociosas” es un tema recurrente en la historia del cristianismo. La preocupación cristiana por las “bocas ociosas” ejerció un efecto profundamente disgenético en el acervo genético europeo. La élite cognitiva de Europa, en lugar de transmitir sus genes, fue alentada a retirarse de la sociedad y abrazar la disciplina espiritual de castidad y virginidad perpetua.

Esto afectó negativamente al coeficiente intelectual medio de la población, dejando a la iglesia con una abundancia de siervos fácilmente controlables y dóciles, menos capaces de mantener la civilización que les rodeaba con cada generación que pasaba. Tomás de Aquino es la principal víctima de este destructivo derroche de talento humano. Su genio se habría empleado de forma más provechosa en el campo de la medicina o de la física experimental; en cambio, se dilapidó tontamente en la angelología y otras supersticiones medievales.

La peor destrucción infligida al imperio occidental fue, por supuesto, perpetrada por los cristianos. El gran saqueo de Roma en el 411, considerado un momento decisivo en la decadencia de Occidente, fue perpetrado por un cristiano arriano. El saqueo de Roma en el 455, aún más devastador que el primer asalto bárbaro a la ciudad eterna, fue perpetrado por otro cristiano que antes había debilitado el imperio al apoderarse de la provincia de África como su feudo personal. Y, por supuesto, la persona que dio el golpe de gracia final, acabando efectivamente con el dominio imperial romano en Occidente e inaugurando la Edad Oscura en Europa occidental, fue también un cristiano.

Los apologistas suelen negar el papel del cristianismo en el declive imperial, alegando que Bizancio sobrevivió a la caída del Occidente latino. Los apologistas cristianos no se percatan de que Oriente era más rico y más poblado. Esto permitió al estado bizantino absorber mejor el tremendo daño interno causado por las depredaciones del culto religioso parasitario del estado niceno. También hay razones geográficas de la supervivencia bizantina. El emperador oriental tenía una frontera mucho más corta que defender. Constantinopla, la capital imperial, estaba rodeada por una serie de enormes fortificaciones iniciadas por Constantino y completadas a principios del siglo V. Eran prácticamente inexpugnables para los invasores bárbaros. A diferencia del este, el oeste no tenía una segunda línea de defensa.

El culto religioso del Estado Niceno obligó a Roma a arrodillarse, corriendo el telón sobre la antigüedad clásica. El colapso civilizatorio que siguió se conoce como la Edad Oscura, cuando la Europa post-romana sufrió un importante declive en su nivel de vida. Cuando los cristianos eran más poderosos, los caminos y las carreteras que cubrían el imperio se deterioraron; el uso de puentes y acueductos prácticamente cesó; el conocimiento de la construcción en piedra y mortero casi desapareció; la alfabetización, tal como era, desapareció con la excepción del clero; las normas personales de higiene desaparecieron; la fontanería interior desapareció; grandes áreas del antiguo imperio se despoblaron y, por último, el uso de la moneda casi cesó, lo que significó el fin de la compleja economía monetaria de la época romana.

La hegemonía cristiana en Bizancio condujo a siglos de estancamiento científico y tecnológico. Hubo incluso una Edad Oscura bizantina que duró cientos de años. Durante este periodo las fronteras se redujeron, las ciudades se redujeron a enclaves fortificados, el dinero dio paso al trueque y la literatura bizantina consistió en resmas de insípida hagiografía.

Este era el mundo de la cristiandad: un mundo de profunda ignorancia y estupidez, donde hombres brutales, bajo el disfraz de la religión, tiranizaban a un pueblo débil e indefenso. La Edad Media fue el regalo del cristianismo a Europa. La iniciaron los cristianos, quienes la presidieron y prolongaron por siglos. Europa vivió una de sus horas más oscuras cuando los cristianos estaban en el apogeo de su poder e influencia.

Published in: on diciembre 30, 2021 at 11:29 pm  Deja un comentario