Apuros pretendidos.
Viniste para encontrarte y arder en tu propio fuego, humilde y desesperada, en la profunda sima de tu pecaminoso sentir. Tiempo atrás vislumbraste la penitencia que asumes con esfuerzo y valentía como un paso necesario para abolir la tibieza. Bordeando lo terrible, te reencarnas miembro a miembro, poro a poro, pliegue a pliegue, en tanto tu ser se transforma en pos de nuevas certezas ocultas y codiciadas. Se acumulan los latidos y se expande esa energía que sacuden los cimientos y reescribe la envoltura sin corromper la sustancia. Estremecida y exhausta, consciente de ya de ti misma, tú verdad se hace tangible y tu piel da testimonio de furtivas plenitudes.











