La trampa del reciclaje: cuando la solución es parte del problema
El reciclaje en su esencia es una gran idea, pero las grandes industrias han convertido su ciclo de producción en basura, y maquillan, con verde reciclaje, esta producción masiva de residuos.
Hace unas semanas vi un documental que me puso a pensar acerca del espejismo que las industrias han generado alrededor del ciclo de vida de sus desechos sólidos y el consumismo.
En el planeta producimos alrededor de 167 millones de toneladas de basura por año, de esa cantidad solo se recicla el 75%, pero de ese 75%, solo se recicla efectivamente el 30%, es decir de las 167 toneladas de basura solo se reciclan efectivamente 37.5 toneladas. Mucha basura no se recicla, y la poca que se recicla tiene un destino incierto.
En el documental se expone una práctica en el mercado negro de la basura; muchas compañías «recicladoras» compran los residuos a un precio bajísimo y los venden a un precio más alto en el mercado negro para que sean deshechados en otros países que no tienen políticas estrictas para el manejo de residuos sólidos y en la mayoría de los casos simplemente se convierte en montañas de basura al aire libre.
Una empresa en Gran Bretaña, por ejemplo, compra toneladas de desechos y los quema en grandes hornos para producir electricidad que comercializa posteriormente, pero los hornos incineran todo tipo de producto, dejando un alto grado de contaminación en la atmósfera.
«Las grandes industrias maquillan el reciclaje mientras la producción masiva genera basura que no se gestiona adecuadamente, dañando al planeta y a la humanidad.»
Compañías productoras de champús, detergentes y cuidado personal, entre otros, tienen la práctica de hacerse certificar por empresas que gestionan los desechos sólidos, para así poner un logo en cada envase que garantice a los consumidores que ésa botella que está comprando será reciclada o compostada de manera correcta. El problema no es que tenga el sticker o no, el problema es que a menudo las empresas que gestionan los residuos sólidos, simplemente recolectan los envases y los venden al mercado negro para que los viertan, o entierren, en pises del sudeste asiático.
Yo, por muchos años trabajé en fábricas de ropa y, solo por poner un ejemplo; en la fábrica de Levi’s mi operación era hacer el ruedo a un paquete de 50 pantalones; tenía que terminar esa operación en 5 minutos, es decir en 5 minutos debía coser 100 ruedos (2 piernas por pantalón), pero, en la línea de esa operación éramos aproximadamente 16 personas, con lo cual cada 5 minutos terminamos 800 pantalones; solo en la planta de San José, sin contar las otras fábricas alrededor del mundo. Pero ahí no termina la cosa, yo estoy hablando de 800 pantalones de un modelo solamente, hay que multiplicar esto por la cantidad de modelos que fabrica Levi’s; pantalón de mujer, de niño, de recién nacido, camisas, blusa, enaguas, vestidos, camisetas… etc. La cantidad es incontable y, tarde o temprano, todo eso se convertirá en basura.
Como este ejemplo hay muchos productos de consumo diario y masivo que dejan un rastro en todo el planeta.
El problema de la basura y de gestionar nuestros propios residuos es una responsabilidad que recae en cada uno de nosotros. Debemos pensar sobre todo en que el daño no se lo hacemos al planeta, el daño nos lo hacemos a nosotros mismos como raza. Pasarán miles de años hasta que el planeta descomponga la última partícula de plástico de la tierra para volver a ser verde, con aguas claras y una atmósfera limpia para que se desarrolle una nueva especie; pero para entonces ya habremos acabado nosotros mismos con la raza humana.
Mi sugerencia es cambiar el ciclo de consumo más bien, usar más recipientes de vidrio, bolsas de tela para las compras, reutilizar los desechos orgánicos y evitar, en la medida de lo posible, los plásticos. Al menos de esta manera, lo que terminan enterrando en Sri Lanka, será menos basura.
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